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¿Puede ser Obama Luke Skywalker?

E.J. Dionne
E. J. Dionne
martes, 15 de febrero de 2011, 08:02 h (CET)
WASHINGTON - Bienvenidos a la guerra de E2I2. La gran batalla presupuestaria de la presidencia de Bill Clinton se emprendió a cuenta de un conjunto ligeramente distinto de iniciales, inspirado también en la unidad R2D2 de "Star Wars". Los lugartenientes de Clinton plasmaron de forma vivaz la lucha de éste contra los recortes Republicanos a Medicare, Medicaid, la educación y el medio ambiente en la defensa de M2E2.

En el caso del Presidente Obama, la trinchera se va a situar en torno a la inversión en - o, como preferirán los Republicanos, el gasto en - educación, energías, infraestructuras e innovación, por tanto E2I2.

Después de que Obama dé a conocer su propuesta presupuestaria este lunes, va a ser difícil simular que presidente y legisladores Republicanos viven por lo menos en la misma galaxia política, y ya no hablemos de tener oportunidad de alcanzar muchos acuerdos bipartidistas.

Los legisladores Republicanos de la Cámara no tienen puestas las miras en programas concretos ni en competencias del gobierno sino en lo elevada que debería ser la cantidad arbitraria que mide sus recortes presupuestarios. La cúpula de la formación ofrecía una lista absurdamente larga de recortes en una franja muy limitada del presupuesto nacional.

Un ejemplo revelador: La formación que simula derrochar aprecio a la comunidad y las iniciativas religiosas encaminadas a ayudar a los pobres y los oprimidos recorta hasta AmeriCorps, el programa de interés público que ha disfrutado de apoyo durante mucho tiempo más allá de diferencias partidistas. El AmeriCorps, recuerde, concede pequeños subsidios que pueden afectar a una cantidad enorme de trabajos voluntarios en favor de los grupos a los que George W. Bush solía referirse como "los ejércitos de la compasión".

Pero ni siquiera esos recortes irreales son lo bastante realistas para el ala fuertemente cafeinada del movimiento fiscal del partido, y por eso ahora los líderes Republicanos se esfuerzan por generar cifras más cuantiosas. Los líderes Republicanos y el movimiento fiscal ni siquiera pueden ponerse de acuerdo en la forma de contabilizar los diversos recortes.

La conclusión es que el secretario del Comité de Asignaciones de la Cámara Harold Rogers, R-Ky., que ya había propuesto 74.000 millones de dólares en recortes, tuvo que inventarse otros 26.000 millones para alcanzar la cifra mágica de 100.000 millones de dólares que los Republicanos prometían sacar de los presupuestos en la campaña 2010. Ni siquiera eso puede bastar. ¿Por qué? Porque sus cifras incluyen 16.000 millones de dólares en ahorro militar que los integrantes del movimiento fiscal no reconocen como parte de la promesa original, que consistía en eliminar por completo el gasto independiente de la seguridad.

Casi siento compasión por Rogers, aunque los Republicanos que llegaron al poder de la mano del movimiento fiscal no deben quedar sorprendidos si en el proceso son devorados.

Los presupuestos de Obama, por contra, serán una mezcla de subidas y recortes, con el acento en las legislaciones orientadas al futuro -- de ahí ese énfasis en las nuevas iniciativas de educación y energías, la necesidad de reparar nuestras infraestructuras tanto de tecnología como de transporte, y las nuevas formas en las que la administración puede fomentar la investigación, el desarrollo y la innovación.

Pero el presidente también desgrana programas populares con un matiz propio, sobre todo las ayudas energéticas en los casos de ingresos modestos y las partidas extraordinarias al desarrollo de las zonas deprimidas que ayudan a las ciudades. Hay razones para temer que los recortes de Obama causen estragos sin satisfacer a los Republicanos -- otro ejemplo de la tendencia de la administración a realizar concesiones preventivas que alientan a los rivales del Presidente al tiempo que desalientan a los aliados.

La Casa Blanca, sin embargo, está segura de que al mostrar disposición a llevar a cabo recortes, sus presupuestos desplazarán la atención en favor de programas concretos que los Republicanos erradicarán o inutilizarán. Un alto funcionario de la administración espera que el debate sea así: "Ellos quieren recortar y gastar. Nosotros queremos recortar y gastar. Comparemos sus recortes con los nuestros, su gasto con nuestro gasto".

La refriega entera es confusa porque los Republicanos siguen hablando de recortes en los presupuestos del año pasado mientras Obama se concentra sobre todo en los planes del próximo ejercicio. Y los Demócratas del Senado fiscalmente cautos (sobre todo los que van a la reelección en 2012) son la incógnita de los cálculos de todo el mundo.

Ayuda a Obama que los Republicanos estén llegando a extremos tan insospechados como para arruinar sus probabilidades de complicar la estrategia del presidente dividiendo a los Demócratas del Senado. Por otro lado, algunos Demócratas del Senado están tan rebosantes de inquietudes electorales que simplemente podrían esforzarse por ponerse a la altura mientras el movimiento fiscal sigue ganando metas presupuestarias.

Desde las elecciones, Obama ha definido el debate político nacional casi por completo mientras el presidente de la Cámara John Boehner ha presidido el caos en su propia institución.

Pero con unos presupuestos reales sobre la mesa, el Presidente se va a enfrentar a un reto totalmente diferente. Como Clinton, invocará la narrativa de "Star Wars" y esperará que los Republicanos interpreten su papel asignado de Darth Vader. Pero le va a hacer falta tener a sus tropas respaldándole para triunfar en la inminente epopeya.

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