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Etiquetas:   Con la mano en el corazn   -   Sección:   Opinión

'Hablablar'

F. L. Chivite

domingo, 23 de enero de 2005, 00:20 h (CET)
El otro d a escrib una columna titulada 'Hablar'. Ven a a decir que la exacerbada preocupacin por la correcci n en las formas y el abuso en los medios de la dimensin ir nica del lenguaje constituyen dos inventos muy occidentales. Muy de primer mundo. Dos formas, en definitiva, muy racionalistas de exorcizar nuestra innegable mala conciencia por pertenecer al club de los privilegiados. Pero que, inevitablemente, restan credibilidad y aaden flaccidez moral a todos nuestros discursos. Hasta el punto de que la nueva manera de hacer poltica est degenerando en el puro mrketing.

Los pol ticos actuales no pueden ya evitar saber una cosa: que tienen que venderse. Y en consecuencia tienden a comportarse como productos comerciales. Son conscientes de que nuestra mirada ha sido educada por las tcnicas de la publicidad. Y ya no tienen el menor reparo en servirse de esas mismas t cnicas. Por supuesto, en el mal sentido. En el sentido de que sus declaraciones y sus gestos se subordinan en exceso a las conveniencias de la imagen. Pero, en fin, tambin en el bueno. Porque poner cuidado en las palabras que uno dice y comportarse m s o menos civilizadamente no resulta al parecer nada fcil. De hecho, escenificar el di logo es pedaggico: saludarse con cortes a, darse la mano, decirse por favor, decirse gracias. Todo eso es positivo. Porque ste sigue siendo todav a un pas bastante maleducado y, en el fondo, m s sarcstico que ir nico. Pero, sobre todo, porque es cierto que hay que hablar. En las infinitas acepciones del trmino. Dialogar, debatir, discutir, negociar. Es cierto que no hay que tener miedo a hacerlo. Aunque a veces, claro, no apetezca mucho. Ahora bien, y escuchar? Acabo, como ven arriba, de inventarme una palabra: 'hablablar'. Es la perversi n del hablar. 'Hablablar' no es hablar. Ni siquiera es callar (que puede llegar a ser muy respetable). 'Hablablar' es hacer ruido con la lengua para no escuchar. Es teatralizar el bla bla bla para precisamente obstruir la comunicacin. Es una actitud aparentemente astuta pero autista. A veces la consentimos en los ni os pequeos, porque nos hace gracia. Sin embargo, si la observamos en un adulto, m s bien nos resulta penoso y nos hace dudar de su estado emocional. Y en este pas, me temo, perd nenme, se hace alarde de 'hablablar', en vez de hablar. Abrimos mucho la boca y poco los odos. Porque escuchar se nos hace dif cil. Sobre todo por lo que implica. Primero, aceptar la existencia del otro. Y luego, aceptar que sus razones puedan ser de un rango ms elevado que las m as. Escuchar es considerar la razn ajena. No es de extra ar que sea un asunto difcil para muchos. E incluso, para algunos, muy peligroso.

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