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Opinión
Etiquetas:   Cristianismo originario  

Este mundo, un reflejo de las religiones de culto

José Vicente Cobo
Vida Universal
martes, 15 de febrero de 2011, 07:50 h (CET)
Vivimos en una sociedad cuyo calendario comienza con el nacimiento de Jesús. ¿No es entonces deplorable que 2000 años después se encuentre al borde del abismo? ¿Vino Jesús para eso? La Tierra sufre bajo el cambio climático causado por el hombre, pero si los seres humanos, que pertenecen a la llamada cristiandad, hubiesen cambiado en estos 2000 años, también cambiaría el clima, pero no a peor. Jesús, el Cristo, nos enseñó: «Sed perfectos, como perfecto es vuestro Padre en los cielos».

Cada persona tendría por tanto que haber cambiado el clima no estaría cambiando ahora y así, puesto que el hombre no se habría convertido en una catástrofe. Entonces el clima entre los seres humanos tampoco sería tan catastrófico, como tampoco lo sería en relación a la naturaleza y a los animales. El hombre es el causante de las catástrofes. ¿Por qué acusan entonces tantas personas a Dios? Porque los sacerdotes con sus dogmas romanos las atribuyen a los misterios de Dios, en lugar de asumir su responsabilidad como secretistas adornados de cultos.

Si Dios realmente tuviese misterios de los que se derivasen necesidades, miseria y sufrimiento, Jesús habría sido un mentiroso pues Su enseñanza de un Dios amoroso, sería una pura blasfemia. ¿Por qué anunció Cristo al Consolador que nos conducirá a toda la Verdad, si Dios supuestamente tiene misterios? ¿Traiciona Él con ello a Su Padre celestial? ¿O mejor dicho Le han traicionado todos aquellos que enseñan que Dios tiene secretos?

Los 2000 años de supuesto cristianismo están llenos de asesinatos, saqueos, violaciones, explotación, servidumbre de seres humanos, naturaleza, animales, plantas y minerales. Llenos de falta de consideración y corrupción, de luchas y enemistad entre pueblos, llenos de guerras, de torturas, de embrutecimiento y de crueldad. ¿Se equivocó Jesús el Cristo? ¡No! Dios es el amor y el amor de Dios no conoce fronteras y pertenece también a los animales, a la naturaleza y a toda la madre Tierra.

Quien tortura o asesina a los animales y ultraja la Tierra odia a Dios y sirve al dios de las tinieblas, que es el dios del horror. Para realizar su impiedad, ese dios instauró sacerdotes, que le sirven a él, atribuyendo a toda vida la falta de valor con la que ellos mismos se rodearon. Por ese motivo niegan ellos que los animales tengan alma, y proceden bestialmente contra todo lo que es más noble, fino y puro que ellos.

Quien odia a Dios, el Eterno, lucha contra Su creación. Causa sufrimiento y división en todos los ámbitos de la vida, incluyendo a la naturaleza y a los reinos animales, según la ley del dios de las tinieblas, cuya ley dice: «Separa, ata y domina». El «Une y sé», que proviene de las Leyes de Dios, del Eterno, es para él una espina, porque conduce a la Unidad, al amor de Dios, que todo lo abarca, porque Dios, el Eterno, es Amor omniabarcante.

2000 años después del nacimiento de Jesús, Dios ha vuelto a enviar a un gran profeta, Gabriele, a través de la que Él ha vuelto a advertir a la humanidad de los efectos de su comportamiento. Jesús, el Cristo, ha cumplido lo que nos prometió, enviándonos al Espíritu de la Verdad, al Consolador, que nos ha conducido y conduce a toda la Verdad. Él dice a cada uno de nosotros: `Sígueme, no al culto, ritos, dogmas y ceremonias, porque ¿de qué han servido? El estado de este mundo es el reflejo de las religiones externas de culto, con fachadas blanqueadas, bellas por fuera, pero llenas de podredumbre y huesos de muertos por dentro. Las bandejas de ofrendas de la así llamada cristiandad están rebosantes de huesos de pueblos enteros, de razas y de naciones, también de miles de millones de cadáveres de animales, a los que en lugar de protección y cuidados se les dispensaron y siguen dispensando crueldad y destrucción.

Con las palabras más conmovedoras, el Creador ha advertido a los seres humanos desde hace más de 35 años a través de Gabriele, la profeta y mensajera de Dios para la actualidad. Quien el 27 de Febrero de 2001 habló a través de la Palabra profética con las siguientes palabras:

«YO SOY el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Yo Soy el Dios de todos los verdaderos profetas. Yo, Dios, el Todopoderoso, alzo Mi voz a través de Mi profeta y enviada y la dirijo a la humanidad: ¡Dejad de consumir a las criaturas que viven con vosotros, que son vuestros hermanos animales!

¡Dejad de torturarlos por medio de experimentos con animales, y quitándoles la libertad, manteniéndolos en establos que no son dignos de ellos! Los animales aman la libertad, de igual modo que vosotros, los hombres. ¡Dejad de matar a los animales más pequeños, la vida en la Tierra, por medio de abonos químicos artificiales, también por medio de excrementos y cosas similares!

Dejad de talar y quemar los bosques, quitándoles a los animales y al campo el espacio vital. Devolvedles su espacio de vida a los bosques, los campos y las praderas; de otra manera vuestro destino, que vosotros mismos os habéis impuesto, os quitará vuestro hogar y propiedad y vuestras fuentes de alimentación, a través de catástrofes en todo el mundo que vosotros mismos habéis creado, a raíz de vuestro comportamiento contra la vida, contra los reinos de la naturaleza, incluidos los animales.

Si los hombres dejan una vez más que a Mis palabras se las lleve el viento, vendrá la tempestad, el destino mundial, arrebatando a cientos de miles de seres humanos, por una parte a través de catástrofes en todo el mundo y por otra por medio de enfermedades que caerán sobre ellos de modo semejante a plagas por haberse apartado de toda ética y moral espiritual.

Mi palabra ha sido expresada. El Apocalipsis mundial se ha puesto en movimiento. Aquel que no quiera escuchar, sentirá las causas que ha creado en forma de efectos, llegándoles éstos cada vez con más rapidez. Yo he elevado hacia Mí a la Tierra con sus plantas, animales y minerales. Quien siga alzando su mano contra la Madre-Tierra con todas sus formas de vida, sentirá los efectos. ¡Dejad de torturar, de matar y de asesinar!

¡Dejad, hombres, vuestro comportamiento brutal, que recae únicamente sobre vosotros y sobre ningún otro ser; puesto que lo que hacéis a la más ínfima de las criaturas que viven con vosotros, eso me lo hacéis a Mí, y también a vosotros! ¡Basta ya! Dad la vuelta, pues de otro modo continuará la cosecha, que es vuestra siembra.

YO SOY el QUE SOY, siempre El Mismo, ayer, hoy y mañana.

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