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Fútbol

Etiquetas:   Fútbol / Segunda División   -   Sección:   Fútbol

El Nàstic sale del pozo y mete en él al Salamanca (2-0)

Viguera, que marcó de penalti y luego se lesionó, y un golazo de Powel obran el ‘milagro’ grana
Redacción
domingo, 13 de febrero de 2011, 19:51 h (CET)
El Nàstic salió del descenso cuatro meses después tras meter en él al Salamanca, su rival y al que venció por 2-0. Oliva consigue así dar un primer paso de gigante a la vez que su homólogo, Óscar Cano, cuenta los minutos que le quedan al frente del cuadro charro. El Nàstic dominó, fue mejor y se llevó una merecida victoria, sobre todo para una afición que nunca dejó de animar.

Ficha técnica
2- Gimnàstic: Rubén Pérez (3), Xisco Campos (2), Mairata (2), Sergio Díaz (1), Fuster (2); Bergantiños (2), Seoane (2), Álvaro Rey (1), Morán (1), Felipe Sanchón (2); Viguera (2)
0 - Salamanca: Bernabé (2); Sito Castro (1), Goikoetxea (1), Moratón (1), Juanpa (1); Mario (1), Hector Yuste (1), Toti (1), Quique López (1), Perico (1); Kike (2).

Cambios : En el equipo local Powel (3) por Viguera (44’), Tuni (1) por Álvaro Rey (54’) y Eloy Gila (1) por Sanchón (79’). Por los visitantes jugaron Sarmiento (2) por Quique Martín (57’) y Edu Bedia (1) por Toti (61’).

Goles: 1-0 Viguera, min. 28 (p), 2-0 Powel, min. 79.

Árbitro: Mariscal Sánchez (colegio andaluz) (1). Mostró cartulina amarilla a Quique Martín, Bergantiños y Edu Bedía

Incidencias: 5.264 espectadores en el Nou Estadi en un partido correspondiente a la jornada 24 de la Liga Adelante.

Datos destacables
Lo mejor: El golazo de Powel
El holandés, máximo goleador grana, se destapó con un golazo de auténtico crack.

Lo peor: El Salamanca
El equipo charro ya está en puestos de descenso tras no mostrar síntomas de mejoría.

El dato: 10 partidos
Óscar Cano y el Salamanca sumaron su décima derrota consecutiva. Su destitución es cuestión de tiempo.
Fernando Castellanos / Tarragona

A pesar de haber dejado escapar en las tres últimas jornadas (dos de ellas en casa y consecutivas y la otra en Girona) la posibilidad de salir de los puestos de descenso, y aunque pudiera parecer que por este motivo la salvación estuviera a un mundo de las posibilidades del Nàstic de Tarragona, lo cierto es que, de ganar al Salamanca la salida del pozo sería una realidad. Una anhelada realidad. Nada para soñar, pero sí una dosis de moral fundamentalmente para los jugadores. La grada, gracias a la asequibilidad de los precios que ha puesto el club en las últimas semanas para que el campo no fuera un desierto, también ayuda. Y más, si los resultados acompañan. Es por ello que se volvió a ver un Nou Estadi colorido, no como en las grandes ocasiones, pero sí suficiente para que los futbolistas se sientan arropados.

La cuestión es aunque muchos piensen que el Nàstic atraviesa un momento muy complicado, que es verdad, hay otros conjuntos que tampoco están para tirar cohetes. Es el caso del Salamanca, que aunque llegaba a Tarragona siendo el primero de los equipos en evitar la zona de descenso a Segunda B, encadenaba nueve derrotas consecutivas. Un auténtica caída libre que, sin embargo, todavía no se había cobrado a su entrenador, Óscar Cano. Situaciones como la que está atravesando el cuadro charro las reconoce a las mil maravillas el Nàstic, si bien lleva abocado al peor de los infiernos desde hace cuatro meses. Con la intención de encontrar ese punto de inflexión, ese punto de partida, con la clasificación en la mano y con ésta diciendo que el Salamanca está por encima del Nàstic, buscaba el rival grana romper su estrepitosa y para olvidar racha.

Joan Carles Oliva optó por un once que hace un mes era inimaginable. De los refuerzos, sólo Tuni se quedó en el banquillo. Jugó un Bergantiños dueño de la medular, un Felipe Sanchón que es la niña de los ojos del entrenador, un Viguera que aporta calidad al ataque y, de regalo, un Álvaro Rey dispuesto a hacer olvidar a Álex Cruz con sus incursiones y descaro por la banda. Y ninguno desentonó. Tampoco los ‘otros’, entre los que estaba el indultado por el Comité de Competición, Pedro Mairata además de algunos de los habituales. El Nàstic fue en el primer acto que lo que Oliva le pedía: consistencia defensiva. Todo ataque comienza por una buena defensa y ahí, la zaga grana se convirtió en una maraña. El Salamanca apenas inquietó la portería de Rubén Pérez y, cuando lo hizo, ahí estaba el maño para solventar problemas. De los visitantes se denota un cierto nerviosismo a no fallar atrás, a no fallar en medio y a tampoco hacerlo en ataque. Ese miedo le cohíbe y es, posiblemente junto a la carencia de confianza, lo que le ha metido allí abajo.




Powel, autor del segundo tanto grana. (www.gimnasticdetarragona.cat)


Los tarraconenses no es que sean la convicción personificada, pero destacan por no venirse abajo en los malos momentos. Que se caen, se levantan. Que se levantan y vuelven a tropezar, no importa: hay que seguir. Y en esas están. El reflejo de ese ímpetu, de ese carácter, quedó patente cada vez que se acercaban al área de Bernabé, cada vez que Fuster desdoblaba por su flanco y Sanchón ocupaba su lugar. Cada vez que la pelotita no entraba porque ese sino mantiene una estrecha relación con el Nàstic. Sin embargo, de tanto tocarla a veces suena la flauta. Y de tanto pisar el área rival, algo bueno cae. Y fue el balón, en un centro de Morán, el que cayó en las manos de Quique Martín. Penalti y amarilla al veterano centrocampista y oportunidad de oro, o más, de avanzarse en el electrónico. Viguera fue corriendo a por el esférico, se adueñó de un lanzamiento que él quería transformar en gol y que así fue. Corría el minuto 28 cuando desde los once metros no falló el ariete riojano, protagonista poco después.

Con superioridad en el marcador, el Nàstic siguió a lo suyo. Esto es, creando, combinando, buscando el camino del segundo gol. Un zapatazo de Morán y, sobre todo, un mano a mano dentro del área de Bergantiños que milagrosamente pudo convertir en nada Bernabé y su defensa, fueron las dos ocasiones más claras de ampliar la ventaja. Sin embargo, la mala noticia llegó poco antes de llegar al descanso, cuando Borja Viguera tuvo que ser sustituido por Powel debido a una lesión que se hizo minutos antes y que no pudo mantenerle sobre la alfombra verde. Así se llegó al descanso, con la sonrisa dibujada en la cara del aficionado grana y un nuevo mazazo para los fieles salmantinos que se acercaron a la ciudad catalana.

La segunda mitad arrancó con un guión distinto. Seguramente Óscar Cano les pidió a sus hombres más intensidad o, en su defecto, ganas de ganar. Lanzarse al vacío o morir matando. Entraron Brian Sarmiento y Edu Bedia en lugar de Quique Martín y Toti y el argentino se bastó para revolucionar a su equipo. El ‘7’, que atesora mucha calidad en sus botas, puso en aprietos la defensa local con su movilidad y velocidad, aunque pecó en ocasiones de ansiedad. Pero de él nacieron los mejores acercamientos a la meta grana, como en un centro desde la derecha que golpeó en Mairata y en el que Rubén y sus reflejos evitaron el gol. Ocurrió poco después de una doble oportunidad del Nàstic. Primero con un disparo raso de Fuster y poco después con un barullo dentro del área que nadie acertó a meter. En una contra en 70’ Kike volvió a intentarlo, pero su disparo se marchó lamiendo el palo. Los mejores minutos salmantinos no provocaron que el derrumbe de los de Oliva, que en todo momento mantuvieron la cara al choque.

Y gracias a esa compostura llegó el segundo. Una obra de arte que se guisó y se comió un Powel que en todas sus intervenciones estuvo perfecto. Que recibía de espaldas, paraba el balón, se daba media vuelta y le daba sentido al juego. Que entendía las transiciones a la primera y que firmó una jugada de crack. Recibió en la izquierda, se marchó por velocidad de su marcador y, teniendo delante otro defensa y el portero, definió como nunca. Un gol muy a lo Henry de antaño que desbocó la euforia en el Nou Estadi. Oliva aprovechó para dar minutos a Eloy Gila y quitó a Felipe Sanchón a la espera que el cronómetro, que señalaba en 79’, llegara al 90’. Tuni tuvo el 3-0 a mano pero detuvo Bernabé en la última ocasión de un envite que deja al ex equipo de Oliva en puestos de descenso y, cuatro meses después, que se dice pronto, saca del pozo al Nàstic. La próxima jornada el Salamanca, sin ya probablemente Cano en su banquillo, recibirá al Huesca y los grana, tras su esperada victoria, visitará nada más y nada menos que Vallecas para medirse al Rayo.


Sala de prensa
Joan Carles Oliva (Entrenador del Gimnàstic)

“El partido era importante, ante un rival directo y hemos marcado en el momento vital, ha sido un choque extraño, pero debíamos amarrar estos tres puntos. Me preocupa la lesión de Borja (Viguera), pero sobre todo en el plano personal: se ha involucrado mucho con el equipo desde que llegó. Es por ello que tenemos que vivir las pequeñas alegrías, el pobre no puede nunca tener una alegría total. No tengo como objetivo la salvación, sino el día a día y ya estamos pensando en el próximo rival, el Rayo. ¿Hemos llegado pocas veces? Sí, pero hemos ganado. En ocasiones llegamos más y no lo hacemos. Hemos sumado tres puntos que es lo importante porque mi teoría es que en casa se ha de sumar de tres en tres y por fin lo hemos hecho”.
Óscar Cano (Entrenador del Salamanca)

“El equipo hace merecimientos para que el fútbol no sea tan cruel con él. El vestuario está hundido, no sé qué decir. Mientras no se me diga lo contrario me voy a seguir levantando cada mañana con la misma ilusión en este equipo. Los jugadores están destrozados. Sin merecerlo se ha perdido y no encontramos esa pizca de fortuna. Yo sigo creyendo en ellos porque esta situación no se corresponde con la realidad respecto a la calidad de la plantilla”.


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