Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El Islam acecha tras Túnez y Egipto

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 13 de febrero de 2011, 09:31 h (CET)
A los ciudadanos de a pie, no a todos por supuesto, pero a los que tenemos una cierta preocupación por la política y por lo que está sucediendo, estos días, en el norte de África; no nos es posible entender este entusiasmo de algunos reporteros españoles destacados en Egipto y Túnez, como si formaran parte de la población oriunda y se hubieran contagiado del espíritu revolucionario que los envuelve. El hecho es que, sus transmisiones informativas sobre lo que está ocurriendo en aquellos polvorines sociales en los que se están convirtiendo algunos países de la parte septentrional del continente africano, en lugar de proporcionarnos una información objetiva, mesurada, bien razonada e imparcial, sobre los acontecimientos que se están produciendo en aquellas naciones, donde el pueblo se ha levantado contra sus respectivos gobiernos y se ha hecho dueño de las calles, en una protesta supuestamente espontánea que parece que no lleva trazas de remitir y, por el contrario, cada vez adquiere matices más radicales y, por supuesto, más preocupantes para nosotros los europeos que, lo queramos o no, tenemos a varias naciones que están entrando en una espiral revolucionaria, al otro lado del estrecho de Gibraltar y, a Ceuta y Melilla, a las mismas puertas de Marruecos que, si por ahora parece que no tiene graves problemas, nadie podría arriesgarse a decir que, si la revolución triunfa en Egipto y Túnez , no va a extenderse a esta otra clase de dictaduras feudales, representada por el rey Mohamed VI.

Los que se han encargado de iniciar los disturbios han sido los de siempre, los estudiantes, sin que quede claro qué es lo que los hizo moverse, precisamente en este momento puntual. La facilidad de trasmitir consignas por medio de Internet y la gran multitud de inter nautas que están conectados a las redes, han hecho que la rebelión se haya ido extendiendo, con más o menos virulencia, con más o menos éxito y con más o menos participación del resto de la población, a numerosos países del África septentrional, con una rapidez casi milagrosa que ha pillado por sorpresa, no sólo a los gobiernos afectados, sino a los propios EE.UU y a Europa, que no han podido asimilar todavía las posibles consecuencias de esta nueva situación geopolítica.

Sin embargo, es muy posible que el común denominador, lo que subyazca detrás de todas estas manifestaciones populares – sin duda justificadas por años de dictadura de sus respectivos dirigentes – no se limite al cansancio de la población de soportar años de un régimen dictatorial o se deba a la evidente pobreza en la que están sumidas algunas de las clases sociales, especialmente maltratadas por los gobernantes o, tal vez, por la contribución de los habituales agitadores que, por raro que parezca, se los encuentra en todas las partes en las que haya alborotos, revueltas o actos de vandalismo (una curiosidad: en plena plaza de Tahrir, destacando claramente sobre la multitud, una pancarta en español con consignas en apoyo de la revolución). En todo este cúmulo de circunstancias, en este levantamiento del pueblo egipcio o tunecino; en esta simbiosis de clases unidas por el único objetivo, el de derrocar a los dictadores que tienen el poder; nos cuesta creer que todo se deba a unos estudiantes, repletos de buenas intenciones y animados por el espíritu altruista de la juventud, que se han lanzado a la aventura, aparentemente imposible, de derrocar a un régimen poderoso y que cuenta con las claves: policía y servicios secretos, para acabar rápidamente con cualquier intento de insurrección; hay algo más que ansias de libertad: hay intriga y hay intereses ajenos.

Mucho me temo que, detrás de todo ello, refugiados en la trastienda de toda esta movida, jugando sus bazas con habilidad y esperando el momento de entrar en escena, tengamos a los “hermanos musulmanes”, estos que, en un principio, participaron en las conversaciones para encontrar una salida al régimen de Mubarak pero que prefirieron retirarse a tiempo, para que nunca se les pudiera acusar de haber colaborado con el Rais para permitir que se le diera una salida honorable; algo que la multitud de la plaza de Tahrir es posible que nunca se lo hubiera perdonado. Cuando se rumorea, que el señor Mubarak está a punto de abandonar el país y que el Ejército se quede como garante del orden en Egipto, pensamos que aquí no acaba el efecto de la revuelta, porque los que se han adueñado de las calles no se van a conformar con que la nación vuelva a quedar en manos militares y van a exigir unas elecciones inmediatas. Pero, ¿estará un pueblo, acostumbrado a ser conducido con mano férrea, preparado para acometer la tarea de convertir a la nación en una democracia?, o ¿será El Baradei, el premio Nóbel de la Paz, capaz de conseguir formar un gobierno de unidad nacional, como parece que intenta conseguir? Lo cierto es que el panorama se presenta desolador y la marcha de Mubarak pondrá, sin duda, al Ejército en primer plano y las presiones para que pase el poder a los civiles se van a multiplicar, porque la calle así lo exige. Uno de los manifestantes, Hisham Bahey, presentador de telenoticias, se sinceró: “Tengo miedo de lo que pueda pasar en este país, que nos convirtamos en Irak. Fíjate, aquí no hay ningún líder. Hay siete tarimas distintas, cada uno dice la suya. No hay un mensaje, no hay un líder”.

Un grupo autodenominado “El Consejo de Hombres Sabios” apuesta por Suleiman, el vicepresidente, para que asuma el poder durante la transición. Pero, en una población en la que el 84% profesa la religión islámica, ¿quién es capaz de ponerle el cascabel al gato?, ¿quién podrá convencer a estos musulmanes de que, la democracia, exige pasos de gigante que no están de acuerdo con los preceptos islámicos, empezando por el papel de la mujer en la política, en el trabajo, la prepotencia de los hombres, las libertades de las personas, la limitación de las penas (lapidaciones, etc.)? El islamismo, aún el no fundamentalista, supone la admisión del estado teocrático, de la subordinación del pueblo a las leyes divinas y a las órdenes de los líderes religiosos. Es posible que, ahora, mientras les interese mostrarse partidarios de las libertades cívicas; de la apertura hacia otros sistemas más participativos del pueblo en el gobierno; en tanto que van posicionándose y consiguen apoyos de las otras naciones. que están expectantes ante los acontecimientos de Egipto; se mantengan en un segundo plano pero, y aquí, señores, está el peligro de esta situación confusa por la que discurre la revolución egipcia, en cuanto se den cuenta de que la revolución ha dado sus frutos y que el pueblo se ha hecho con el poder bajo la tutela del Ejército, el mimetismo del proceso que ha tenido lugar en Túnez y Egipto se extienda, como un reguero de pólvora, por otros países que ya vienen dando muestras de inquietud social.

¿Quién nos asegura que mañana, o de aquí unos días, no suceda lo mismo en Argelia de Buteflika; en Marruecos con Mohamed VI o en la Libia de Gadafi, o, incluso, en Jordania, donde el Rey Abdalla II ha tenido que a hacer concesiones al pueblo que intentaba amotinarse o en el Yemen o, vayan ustedes a saber en qué país de oriente medio, hasta en el mismo Irán de Ahmanideyad, sería posible que se prendiera el fuego de la insurrección? ¿Está preparado EE.UU para una situación semejante? o, ¿espera Europa que, un cambio tan radical al norte de África, sea beneficioso para nuestras relaciones futuras, para nuestro comercio o para la seguridad del flanco sur de la UE? Pero, lo peor se nos reserva a nosotros, a España, que está al borde de este polvorín y que tiene dos ciudades españolas, Ceuta y Melilla, en primera línea que están en el punto de mira del mundo islámico. La quinta columna, con más de un millón de árabes viviendo en España, ya la tenemos dentro, solo falta la cerilla que encienda la mecha.

Noticias relacionadas

No todo se solventa con la prisión

Hay penas que sólo pueden penarse en familia

Renovarse o morir

Desde la militancia apelamos a la honestidad personal e intelectual del futuro líder, su competencia política y su lealtad a una España sin fisuras ni frivolidades nacionalistas

Amenazas para España: separatismo, feminismo combativo y Justica populachera

“Resulta que no sirve de nada que se cierren las heridas si se cierran con la mierda dentro” Nerea Delgado

Opus Dei: Comentario crítico a una carta (XIX)

El deseo de dar de comer todos los días a los de la propia familia consigue lo que no hace la convicción

Ser estoico

El libro de Massimo Pigliucci titulado Cómo ser un estoico nos hace reflexionar sobre la conducta
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris