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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La extrema derecha

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 11 de febrero de 2011, 23:00 h (CET)
La manida acusación de pertenecer a la ultraderecha o de ser de extrema derecha, que algunos intolerantes del vierten contra quienes disienten de sus actos u opiniones, se está convirtiendo en un mantra sectario de los fundamentalistas del PSOE, el cual, en realidad, se conduce como una derecha muy derecha desde su fundación a nuestros días. Un mantra que, desde la Presidencia del Gobierno, pasando por el presidente in péctore, Pérez Rubalcaba, a los mamíferos que chupan de la teta y del Erario sin aportar nada útil a la sociedad más allá que un dispendio oneroso por el lujo de tener en nómina tan inicua e improductiva plebe, repiten desde el papa a obispos, monaguillos del partido y los sindicatos afines como una jaculatoria. ¿Disiente?...: de extrema derecha; ¿me critica?...: de ultraderecha; ¿me acusa de hacer lo que efectivamente hago?...: ultramontano, fascista, franquista, etc. Y así con todo.

El PSOE cada día se parece más a una secta abominable de las de hábito, cruz invertida y tonsura, lo mismo que esos sindicatos que sólo reivindican derechos allá donde gobierna el adversario, acusándoles a los demás de los daños que ellos mismos perpetran, pues que ellos son quienes dieron el visto bueno en este país a los contratos basura, y a las bajadas de sueldo, y a eliminación de los subsidios sociales, y los que se han cargado las jubilaciones, y los que han sesteado mientras millones de trabajadores eran –y son- arrinconados en el la ignominia de la desesperación y el desempleo.

La extrema derecha, los ultramontanos, los fascistas, los franquistas y todos ésos, son los que critican al siniestro y stalinista Pérez Rubalcaba, los que ponen de manifiesto y a la luz la impericia e inutilidad del señor Presidente, la maniaca tendencia liberticida propia de dictadorzuelas de algunas de sus ministras y hasta la afinidad y gusto por la muerte que profesan, además de la tendencia global de toda esta secta a la corrupción en gordo y a la institucionalización del latrocinio legal y del otro, cuando no a pactar con terroristas antes que con la oposición para que la población pueda salir del hoyo y respirar tranquilos. No, señores, no: son fascistas, son de extrema derecha, son la ultraderecha ultramontana.

Uno, que de sectas y sectarios está hasta el moño (con M) y que le gusta llamarle al pan, pan, y al vino, vino, sin importarle un ardite los cheques de los insultos de estos vocingleros farsantes sin que tengan fondo alguno en el banco de mi ánimo, conoce demasiado bien a todos estos arribistas de rojo-decó y progresía pija, crueles y chulescos en masa y nada uno a uno. A ninguno de ellos, a ninguno, los vi en la calle en aquellos años en que quienes nos enfrentábamos al Régimen nos jugábamos el tipo, y, sin embargo, sí que les vi en aquellas infaustas primeras elecciones mostrando con cínica impudicia cicatrices pintadas en mítines para lelos, e incluso de presumir de estadías en penales que jamás vieron sino en fotografías. Estos progres que estaban bien a salvo en sus hogares burgueses, si es que no viviendo del cuento en Suresnes, mientras la juventud se desangraba, sólo han servido para perpetrar acciones de heroísmo como el de Paracuellos (ataron mal y a sangre fría a miles de seres humanos y hasta llegaron a enterrarlos vivos) o de todos esos sitios en los que se paseaba a la peña disidente sólo por disentir, toda ésa enorme caterva de ajusticiados a los que, ¡oh, milagro! sus crímenes y su búsqueda no entra en Memoria Histórica alguna.

Con un pasado así, sin mencionar que su amor por el poder es de tal fiereza que lo mismo se han levantado contra la República que contra la Dictadura o la Democracia (siempre otros y sin dar ellos directamente la cara, claro: los pringados), poco valor tienen sus jaculatorias stalinistas y sus acusaciones de que otros practican lo que ellos son, dando la vuelta a la tortilla en un prodigio dialéctico que, curiosamente, tiene muchas orejas aunque pocos oídos entre los poco instruidos. Pero debería servirle de aviso a la oposición, que probablemente se alzará con el triunfo en las próximas elecciones, de que tiesas se las tienen, y más les valdría montarse un sindicato como Dios manda o armarse con grupos de resistencia social, porque me temo que a partir de mayo estos stalinistas van a montar un tiberio de no te menees. Al tiempo. Van a poder comprobar por sí mismos lo bien que admiten la derrota, y cómo los sesteantes sindicatos que han vendido a los trabajadores se desperezan. Se prepara, a todas luces, un amanecer rojo para el día siguiente de las elecciones, una operación de acoso y derribo a lo bestia, días en que la calle se va a convertir en todo un festival. Que se vaya preparando la ultraderecha, la extrema derecha, los ultramontanos, los fascistas y los franquistas, porque les van a poner la cara como su bandera, como un tomate. Los del PSOE son así de demócratas.

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