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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Permisividad

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 11 de febrero de 2011, 23:00 h (CET)
La intensidad de los actuales desequilibrios económicos no oculta la gravedad de la crisis que también afecta a otros resortes de la sociedad. Se difunde la idea de una PRETENSIÓN poco realista, algo así como lo de tener derecho a todo, sin pararse a pensar en la naturaleza de las reivindicaciones; ocurre con los jóvenes, cargos públicos, delincuentes o cualquier grupo de gente. El desprecio por los argumentos es algo habitual, no hay reflexión que valga; como digo, se presume de una autonomía individual para la que no se admiten cortapisas. Da lo mismo que se hable de relaciones sociales, de prácticas genéticas, de política o de instintos básicos. Las razones pasan a ser sólo explicativas de los hechos acaecidos, cómo se han desarrollado en cada caso. Muy pocas veces se valoran en sus fundamentos o por la ausencia de ellos; y desde luego, no se respetan las buenas argumentaciones para futuras actuaciones.

El rumbo de dichas pretensiones libertarias no es amigo de los controles, entramos en una dinámica basada en la suma de IMPULSOS, cuanto más enérgicos gozarán de mayor presencia; los razonamientos únicamente se aceptarán si están al servicio de la fuerza impulsora, nunca como moduladores de la misma. Veamos un ejemplo frecuente, el mando político genera agravios comparativos, contrastemos sino el sistema general de pensiones frente a la regulación pergeñada para los cargos políticos; el ejercicio del mando les permite servir a sus impulsos, el llenado de los bolsillos. Las palabras sirven de poco, justicia, transparencia, méritos, se desvirtuaron. El ambiente general se tiñe con estos coloridos, actúa como una avalancha irreflexiva. Con todo, las evidencias descollantes de los desenfrenos, quizá no sean lo más preocupante. Gregorio Marañón también observaba en su época conductas con estos estilos, decía “…lo que acongoja y desconsuela es la falta de sanción social”. Si no se reacciona, el beneplácito tácito dirigido a esas formas de proceder, las refuerzan e impulsan hacia cotas peores.

Las dificultades económicas se ciernen inclementes con toda su crudeza sobre los ciudadanos. Los presagios de cara al futuro inmediato tampoco son alentadores, los sucesivos apretones del cinturón agobian; el padecimiento de las secuelas no se discute, se palpa en las afluencias a los comedores sociales, impagos de las hipotecas, deshaucios, colas en las oficinas del paro… Después de las mentiras iniciales, los gobiernos se ven obligados a severas decisiones con el riesgo de nuevos desaciertos. En dichos procedimientos se aprecia alguna que otra acción escandalosa. En ese contexto, destaca la falta de réplica social cuando se publican las cifras de las GANACIAS BANCARIAS; con un cinismo demoledor se refleja un ligero descenso en los beneficios obtenidos, mientras en la segunda parte de la noticia, disimulada, se incluye la cuantía de los miles de millones obtenidos como ganancias, eso sí, algo menores.

Si a usted se le ocurre la crítica, enseguida le mencionarán lo de una entidad privada al servicio del público. Se silencian los privilegios en forma de sueldos fastuosos, blindados con unos retiros de órdago. Las jubilaciones “muy anticipadas” y compensadas son habituales por estos predios. ¿Privados? ¿Su dinero? A las actuaciones ventajistas practicadas se añaden las enormes inyecciones de dinero público para la recuperación de la banca. ¿Quién gestionó la debacle? ¿A quién se premia con esas ayudas? ¿En que repercutieron las mismas de cara a los sufridores menos afortunados? No existe paralelismo en el trato, por lo que llama la atención el CONFORMISMO ciudadano; el de los afectados por esas enormes desviaciones dinerarias. ¿Con qué garantías? ¿Hay alguna?

Aún están en los primeros planos de la información en este país las secuelas de las atrocidades perpetradas por los terroristas, confiemos en su atenuación definitiva. No obstante, nos sacuden a diario con noticias de ASESINATOS demasiado frecuentes en edades juveniles, con listas alargadas de nombres fijados en la memoria; Alcácer. Sonia en Navarra, Marta del Castillo, Galicia, Bilbao, Comunidad Valenciana, sembrados por la geografía. El panorama estremece al añadirse el reguero de la violencia doméstica. Apenas hago una enumeración sucinta de ciertos ejemplos, es evidente que son muchas más las personas afectadas. ¿Vislumbramos a donde nos conducen estos caminos? ¿La sociedad se siente herida de verdad por esta retahíla?

No estoy muy seguro de su sinceridad. Porque al poco tiempo de las vejaciones, asesinatos o actitudes burlescas añadidas de algunos agresores; me llama la atención la PRONTA LIBERACIÓN de los asesinos, no generalizo, pero se informa de ello con asiduidad, independientemente de la triquiñuela usada. No critico tampoco la figura del juez. Sin embargo, ¿Será posible que no reaccione el grueso de la gente ante tamaño contraste? La saña y la degradación empleada por los agresores agrava esta valoración. No se entiende con facilidad la actitud pasiva de los legisladores elegidos por el pueblo, pero el pueblo tampoco les recrimina con gran energía. Se suma el engaño de las terminologías, 70 años de condena se traducen en la práctica a poco más de lo que dura el proceso judicial. Los criterios para la convivencia, sus valores, no suelen cotizarse al alza, el debate enfocado a la raíz de estos asuntos apenas se produce. De esa manera se acrecientan las lagunas, no sabe no contesta la sociedad en su conjunto y los escasos particulares respondondes suenan poco.

Estamos limitados por múltiples barreras, unas naturales, pero otras derivadas de la coexistencia con gente diferente. Por el contrario, minimizamos estas cuestiones, predomina el concepto erróneo de la autonomía total del individuo. Eso fragua otra carencia social peligrosa, no se contrastan las ideas para una elaboración adecuada de los conceptos, se alcanzó la ausencia manifiesta de un DIÁLOGO CONSTRUCTIVO; las voces suenan en tonos altos, pero el diálogo escasea. En esa dirección se desdibuja cualquiera de las nociones importantes para la vida. La misma dinámica democrática se da por configurada, pero no se dialoga, con la consiguiente depauperación del sistema. Cualquier mal comportamiento se atribuye a un problema psiquiátrico, conviene la aclaración, pocas veces la decisión de un energúmeno se justifica por esas enfermedades. ¿Debe existir la intimidad de la persona? De ser así, debiéramos reorientar la frivolidad reinante, porque tiende a la destrucción de dicho núcleo insustituible. Vemos como la libertad religiosa se pretende equiparar a la ausencia de manifestaciones religiosas, ¿Convendría debatirlo? Se puede analizar el trato respetuoso, la sinceridad, el trabajo o cualesquiera de las actitudes. En definitiva, si no construimos nada consistente, algo tendría que percibirse como reacción.

Las cualidades humanas son muy heterogéneas, el esfuerzo personal trabaja con sus peculiaridades, hasta donde puede; se alcanzan objetivos muy diversos según las condiciones reunidas en cada caso. La imposición por parte de las minorías aupadas a las altas esferas no siempre aporta bondades. El FILTRO social es necesario para mantener un equilibrio entre las inteligencias, entre las peculiaridades y las mejores aportaciones.

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