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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

No me lo puedo creer

Pascual Mogica
Pascual Mogica
viernes, 11 de febrero de 2011, 07:55 h (CET)
No me puedo creer que en un país democrático, como España, que ha pasado de puntillas y mirando hacia otro lado sobre los centenares de miles de víctimas del franquismo como si nada hubiera pasado, haya partidos políticos que se oponen a que se legalice un partido político que se acoge a la Ley de Partidos y que además condena todo tipo de violencia, incluso la de ETA, como así consta en sus estatutos y así lo han confirmado sus promotores y portavoces.

Aquel “pasar de largo” sobre los condenables hechos cometidos por el franquismo con aquellos juicios sumarísimos en los que fueron “juzgadas” y ejecutadas personas indefensas cuyo único delito era el querer pensar libremente y abrazar cualquier ideología dentro de un orden democrático, tuvo un objeto principal y ese no era otro que el buscar la paz, la concordia y la buena convivencia entre las gentes, las diversas gentes de España, lo pasado pasado está por duro, cruel y penoso que haya sido para todos, repito para todos, para unos de forma directa y para otros por un elemental y necesario sentido de la solidaridad y si bien no hay que olvidar, hay que recordar pero sin rencores ni fobias, tampoco se trata de revanchismos y venganzas que no conducen a nada ni aportan nada sobre lo que todos queremos que sea España: Un país libre y por tanto con ciudadanos libres y en armonía.

No puedo creer que se pretenda humillar a aquellos que se han dado cuenta de sus errores y que ahora desean integrarse en el seno de una sociedad libre desde la cual poder exponer sus ideas, todas las ideas son legítimas siempre que se intenten poner en práctica por los medios establecidos por las normas, dejando a un lado la violencia que, como ellos mismos, los violentos, han podido comprobar, no conduce a nada salvo al rechazo de esa sociedad en la que se han dado cuenta de que no tienen más remedio que incorporarse. El humillar a alguien no conduce a otro sitio que no sea al fomento del rencor y del odio, con lo cual se entra en una espiral que hace girar violentamente ese revanchismo y esa venganza a la que antes me he referido y eso sería el cuento de nunca acabar o hablando en términos más coloquiales, sería como la pescadilla que se muerde la cola.

Dejemos de una vez por todas que hablen los tribunales de justicia y que sean ellos lo que se pronuncien y decidan. Si en un tiempo fuimos capaces de pasar de puntillas y mirando hacia otro lado sobre multitud de hechos criminales ¿porqué no somos capaces de hacerlo ahora? Se trata de la paz.

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