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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La fuerza de la razón y no la razón de la fuerza

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 11 de febrero de 2011, 07:48 h (CET)
Cuando el Estado está regido por gobiernos de tipo totalitarios deja de ser una democracia para convertir al pueblo que lo forma en dos castas: la dominante y la sometida. A eso se le ha venido llamando, a través de los siglos, “tiranía”; este tipo de despotismo que Juvenal recogió en sus sátiras con la siguiente expresión: “Esto quiero y así lo mando, valga por razón mi voluntad”. Por desgracia suele ocurrir que, a medida que los dictadores van perdiendo el apoyo de los suyos, cuando notan que el suelo se va resquebrajando bajo sus pies y que su poder se va esfumando ante la rebelión de los sojuzgados y la inconformidad de la ciudadanía; sus esfuerzos por radicalizar sus imposiciones, mediante actos de intimidación y coacción, se van haciendo más frecuentes e insoportables para los ciudadanos y para la nación entera, que se siente agobiada por el poder y la añoranza de unas libertades que le fueron arrebatadas.

España podrá parecer, en apariencia, una democracia normal, una nación integrada en la CE y un país más de la zona euro. Sin embargo, el gobierno del PSOE, que fue votado en las urnas en marzo del 2008, reedición del que sustituyó al del PP en el mismo mes del 2004; ha demostrado que, cuando las izquierdas se hacen con el poder, pronto dejan sus modos democráticos para ir dejando traslucir su apego al poder, su rechazo a la alternancia en la gobernanza y su sectarismo totalitario. En lugar de preocuparse por el bien de la nación, la mejora de vida de sus ciudadanos, el progreso de la economía y la proyección hacia el exterior de una apariencia que de confianza, refleje unidad y proyecte una imagen de seguridad, competencia e integridad, que inspire respecto y crédito al resto de la comunidad internacional; lo único que consigue es convertir a una nación unida, próspera, con una pujante industria y un nivel de vida más que aceptable, con gran proyección internacional; en una país degradado, con una tasa de paro que supera el doble de la media europea; dividida en autonomías que se rigen por sus propias conveniencias, sin asomo alguno de solidaridad; ostentando el farolillo rojo, entre las naciones europeas, en resultados educativos; controlado, desde Bruselas, para sacarnos del atolladero de la renegociación de nuestra deuda y, por si faltara alguna desgracia más, estos insensatos, en su deriva filo comunista, han conseguido, a través de leyes partidistas, sectarias, injustas y, evidentemente destinadas a destruir la ética y la moral tradicionales; implantar viejos modelos igualitarios y trasnochados propios de otras épocas de infausta memoria y de otras situaciones, donde el enfrentamiento entre los españoles y los desafueros de unos incontrolados, convirtieron al gobierno de la República en un nido de incompetentes y descerebraros que permitieron que el odio, la extorsión y la falta de seguridad convirtieran las calles de las ciudades de España en unos verdaderos cementerios, bajo el dominio de bandas de criminales sindicales que hacían de ellas un verdadero infierno.

Así es como, en estos momentos, nos encontramos con el hecho innegable de que, las libertades individuales del pueblo español, aquellas que garantiza nuestra Constitución de 1978, van siendo restringidas valiéndose de interpretaciones torticeras de las facultades intervencionistas de la Administración, del uso de poder, del abuso intervencionista en la economía y en el control de los ciudadanos, de sus actos y de sus legítimos derechos de expresión; llegándose al extremo de que el idioma español no puede ser usado libremente en determinadas comunidades; de que hay muchos jóvenes a los que no se les imparte enseñanza en castellano a pesar de pedirlo expresamente; de que se persigue a los comerciantes que rotulan en español y se les multa por ello; de que se nos imponen cánones sobre los soportes informáticos bajo pretexto de que hay ínter nautas que descargan gratis música o películas de la red; de que se obliga a proyectar determinadas películas españolas aunque con ello se vulnere la libertad de los empresarios para vender, proyectar o dejar de hacerlo, según sean sus intereses económicos; de que, en este país, se ha llegado al absurdo de que, bajo pretexto de proteger una supuesta igualdad de género, se han establecido cupos de mujeres y hombres para que en la Administración no pueda haber más hombres que mujeres y viceversa, llegándose a aplicar medidas absurdas y evidentemente inconstitucionales, por las que se les da un plus a las mujeres que las beneficia en casos de oposiciones o acceso a determinados trabajos. Sería interminable la lista de imposiciones manu militari que se han promulgado los gobernantes socialistas. Tampoco debemos olvidar como ha sido proscrita, maltratado, desprestigiado, insultado y caricaturizado a la Iglesia Católica, sin tener en cuenta el número de católicos que hay en España y el hecho de que el Estado español no sea laico, sino aconfesional, con lo que, al menos, se le podría exigir que mantuviera con nuestra Iglesia los mismos beneficios, consideraciones y respeto con que, la Administración, trata a las otras religiones implantadas en el territorio nacional.

Pero, como ya hemos anunciado, el grado de proselitismo, de autoritarismo, de estupidez y de abuso de poder que se está ejerciendo por los ineptos que nos gobiernan, sobre los ciudadanos, ha adquirido el grado de sainete y de comedia del absurdo, cuando hemos sabido que (creo que es en Burgos) un anunciante que solicitaba un “programador” para su empresa resulta que se le ha comunicado que va a ser sancionado con 6.000 euros, por estimar la Administración que había atentado contra la ley de igualdad al no poner “programador/a”. Ya no se trata, solamente, de que quien ha ordenado tal sanción debiera ser destituido de su cargo inmediatamente, por su incapacidad para ocuparlo, ya no se trata de que nos cause a todos hilaridad semejante demostración de sectarismo y estupidez, ya no se trata de que lo consideremos como una mera anécdota y pensemos que, este señor al que se le ha sancionado va a recurrir administrativamente y, en caso contrario en el Contencioso Administrativo la multa; pero es que, señores, estamos hablando de algo mucho más peligroso, estamos hablando, por ejemplo, de la libertad de expresión o de la libertad de todo español que tenga un negocio de contratar a quien le de la gana, sin intromisiones del Estado, porque, y esto no debieran olvidarlo los poderes públicos, estamos en una democracia que no admite la intromisión en las vidas particulares, ni se trata de un Estado policíaco donde la vida de las personas está controlada hasta en su vida íntima.

Este señor, con toda probabilidad, no pensó que, al poner el anuncio, se excluyera a las mujeres a acceder al puesto, porque dio por sentado que su anuncio era genérico y ya se entendía que, al hablar de controlador, se abarcaba a las controladoras; pero es que ya estamos entrando en un terreno en que, estos defensores a ultranza de la igualdad pretenden imponernos un lenguaje ( la señora Aído hablaba de de “miembros” y “miembras”) nuevo, no un lenguaje académico, sino una jerga feminista en la que los vocablos que se aplican genéricamente, válidos para ambos sexos, se van a eliminar lo que, si lo trasladamos al lenguaje hablado ¬– les pido que hagan la prueba – puede resultar de lo más pintoresco, por ejemplo: “Los hombres-mujeres del Ejército estarán integrados en batallones–batallonas bajo el mando de capitanes–capitanas, tenientes–tenientas, sargentos–sargentas.”¿Qué es una tontería?, de acuerdo, pero es una muestra de lo absurdo que es acudir a semejantes distingos cuando el sentido común, este del que carecen tantos, basta para que una persona normal capte el significado del anuncio en cuestión sin ninguna dificultad. ¡Deus ex machina!

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