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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Se creen que el pueblo es de goma

Marino Iglesias (Gijón)
Redacción
jueves, 10 de febrero de 2011, 14:58 h (CET)
Y que no hay límite para poderle estrujar sin que llegue a reventar, cuando ya debieran de saber que, si le aprietas el pecho, todo el aire de los pulmones se va para los cojones – con menor capacidad - y se producen los reventones.

El más conocido reventón se tradujo en una declaración: La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, sintetizada en tres sólidas columnas asentadas sobre el gelatinoso sentido común, sentido éste que, generalizando, dada su extrema rareza, se podría considerar inexistente, de ahí que eso de Libertad, Igualdad y Fraternidad no pase de ser una mera utopía o, actualizando la expresión, una mera gilipollez.

El simple planteamiento da ganas de llorar. Libertad. Libertad para una jauría humana integrada por individualidades que, la mayoría de las veces, no actúan como hermanos ni siquiera entre los que lo son de sangre. Es decir, no somos entes homogéneos fabricados en serie, no, somos unicidades dotadas de cinco sentidos que abren la posibilidad de experimentar millones de sensaciones, capaces de utilizar todo su potencial para satisfacer las propias apetencias. De manera que simplemente nuestra condición hace de la Fraternidad una posibilidad negada. Otro tanto de lo mismo ocurre con la Igualdad, cultivo imposible en un campo de libertad, terreno idóneo precisamente para todo lo contrario, para que en él medren a su gusto los más listos y desalmados burlando los preceptos por ellos mismos dictados y que, supuestamente, debieran ponernos igualados.

De manera que nos encontramos en el punto de la misma ola que supone el discurrir de la humanidad: el previo a una revolución, otra más.

Siempre es el mismo libreto, sin más evolución que la del propio lenguaje. Siempre exprimidores exprimiendo hasta que los exprimidos revientan. Ahí tenemos ya a tunecinos, egipcios y a todo el Oriente medio. Y aquí tenemos al visionario con alzado – o vista de frente, como se prefiera – de murciélago aportando su palada de arena para que en efecto tenga lugar su Alianza de Civilizaciones: Unidos todos por la hinchazón de cojones.

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