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Etiquetas:   Jóvenes  

“Mamá, me voy a echar currículums”

No reciben remuneración por ello, pero el día a día de muchos jóvenes españoles es recorrer la ciudad entregando su currículum en cada una de las empresas que encuentran
Redacción
martes, 8 de febrero de 2011, 17:47 h (CET)
España encabeza el ranking de paro juvenil en el mundo, con una tasa de desempleo juvenil que supera el 40%, frente a un índice mundial que se estableció en el 12,6% en 2010. ¿Puede sobrevivir un país sin trabajo para sus jóvenes?

Miguel Cañigral / SIGLO XXI
“No va a ser fácil reducir el paro juvenil”, decía Zapatero durante la sesión de control del pasado 26 de enero. Mientras en países como Alemania, el desempleo entre los jóvenes se ha visto reducido, en España ha aumentado hasta alcanzar el 40%.

Ante esta cifra desorbitada, debemos analizar cuál es la situación de cada uno de los jóvenes que esperan una llamada para ponerse a trabajar. Entre ese 40%, encontramos un reducido grupo de estudiantes que están apuntados a las listas del paro pero sin interés, de momento, por trabajar.

La gran mayoría de quienes están en las listas, recién licenciados o diplomados que han tenido la mala suerte de graduarse en el apogeo de la crisis económica. ¿No hay trabajo para los jóvenes? España se ha caracterizado en los últimos años por demandar mano de obra no cualificada, lo que provocó que muchos jóvenes dejasen sus estudios para introducirse en el mercado laboral.

“Hace dos o tres años veías a gente de tu edad o menos, con cochazos mientras tú aun estabas en la universidad pidiendo dinero a tus padres”. David, informático de 25 años, describe así una realidad que creció alrededor del boom de la construcción. Aquellos que ganaron dinero mientras las viviendas se vendían mejor que el oro, ahora no tienen ni trabajo ni formación. Y es que a mayor formación, más posibilidades de encontrar empleo. Pero no podemos caer en la trampa de decir que para tener trabajo es necesaria la sobreformación, porque entonces nos encontramos con la situación actual. Muchos jóvenes deben aceptar trabajos para los que están sobradamente cualificados. Datos de la OCDE muestran que España es el país con mayor nivel de sobrecualificación, con un 40% entre los jóvenes y más del 25% entre su población laboral.

La sobrecualificación además provoca que el empleado tenga un sueldo menor del que le corresponde. Y ni siquiera conseguir el puesto para el que están preparados les asegura ese sueldo que merecen. Entrar a trabajar en época de recesión, implica cobrar menos que el resto de empleados y, por tanto, a la larga verse obligados a bajar el nivel de vida que tuvieron sus padres.

España se caracteriza por castigar duramente a los jóvenes cuando se encuentra en una situación económica complicada. El desempleo de los menores de 25 años subió hasta el 45% en 1984-85 (como consecuencia de la crisis de principios de los 80) y en 1994-96 (consecuencia de la crisis de 1991-92).

Sin embargo, los datos del Observatorio de la Inserción Laboral de los Jóvenes españoles muestran que estos no tienen predisposición por crear empresas nuevas. Por tanto, podríamos decir que los jóvenes españoles no muestran interés por encontrar trabajo. Pero sería injusto. “Yo no monto una empresa porque ni tengo dinero ni me lo van a prestar ni quiero tener una empresa”, dice David.

Es común, en los mayores y en los jóvenes, que cada mañana salgan de casa con una carpeta bajo el brazo llena de copias de sus currículums. “El problema es que hay un momento en el que ya no quedan más empresas. ¿Qué haces entonces? Otra vez vuelves a casa hasta que pasan seis meses y otra vez vuelves a empezar la ronda.” David, cada cuatro o cinco meses, hace la “ruta del currículum” con un amigo que "está en peor situación" porque no tiene carrera. “A veces llegas a una empresa y hay más gente entregando el currículum. O te dicen que están a punto de cerrar o que acaban de tirar a dos personas.”

Si el mayor motor de desarrollo que tenemos no dispone de oportunidades ¿cómo esperamos seguir creciendo? Los jóvenes sueñan con marcharse de España. “Pagaría por irme a Francia. Aquí se vive muy bien pero algún día tendré que tener una casa para una familia y aquí es imposible.”

La oferta de Merkel a nuestros jóvenes es muy atractiva pero ni siquiera saben alemán y a veces ni inglés, aunque para analizar qué nos pasa a los españoles con el inglés, haría falta uno o dos reportajes más.

Lo curioso de la situación es que disponemos de los jóvenes más preparados de la historia, con una creatividad asombrosa y con ganas de cambiar el mundo en base a nuevos principios mundiales, pero no les dejamos. Y a muchos, les obligamos a prepararse unas oposiciones para un puesto de trabajo con el que nunca soñaron, que hace inútil cinco años de carrera y que a lo mejor pierden en uno o dos años cuando la Unión Europea obligue a España a hacer una reestructuración del sistema de funcionarios.

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