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El otro espectáculo de la Super Bowl

Guillermo Navalón
Guillermo Navalón
martes, 8 de febrero de 2011, 08:34 h (CET)
Como todos los aficionados a los grandes eventos deportivos ya sabrán, este fin de semana se celebró la mítica Super Bowl, el partido de fútbol americano más importante del año en EEUU. Reconozco que nunca he sido muy aficionado a los deportes y, por tanto, no me interesa mucho quién ha resultado vencedor. Sólo hay dos motivos por los que la Super Bowl consigue llamar mi atención: por los llamativos y elaborados anuncios que pueden verse durante sus pausas publicitarias (especialmente los de los estrenos cinematográficos más esperados) y por la actuación musical del intermedio, que por sí misma ya es un espectáculo digno de ver. En este caso, voy a centrarme únicamente en este último aspecto.

Para esta edición, los encargados de amenizar el descanso fueron Black Eyed Peas, que interpretaron una especie de popurrí con varias de sus canciones más conocidas, como “I Gotta Feeling” o su reciente éxito “The Time (Dirty Bit)”. Entremedias, Slash, el mítico ex guitarrista de Guns N’ Roses, emergió de entre una nube de humo para interpretar un pedacito de “Sweet Child O’ Mine”, acompañada de la cantante Fergie haciendo las veces de Axl Rose (pero con mucha menos voz que éste en sus buenos tiempos, claro). Lo cierto es que les quedó una versión algo desangelada y ñoña, aunque duró tan poco que apenas importa. Los pequeños guiños a grandes clásicos del rock siempre ayudan a levantar el ánimo al personal, y este cumplió su función. El cantante Usher también hizo aparición para lucir sus dotes de baile al ritmo del tema “OMG”.

Black Eyed Peas ofrecieron un espectáculo enérgico y apabullante, en buena parte debido a su increíble despliegue escénico. En plano general, la imagen de ver todo un campo de fútbol repleto de bailarines con trajes de luz bailando al unísono y creando las formas más diversas era bastante impresionante. A pesar de todo, tengo que reconocer que eché en falta el rock añejo de las últimas ediciones (supongo que, este año, la breve aparición de Slash ha sido algo así como el premio de consolación). La polémica que suscitó el supuesto “problema de vestuario” de Janet Jackson durante su actuación con Justin Timberlake provocó que la organización vetara desde entonces a los despendolados y libérrimos artistas pop actuales para decantarse por viejas glorias del rock. Gracias a eso, desde 2005, han amenizado el intermedio figuras de la talla de Paul McCartney, The Rolling Stones, Tom Petty o Bruce Springsteen. Parece ser que el tiempo ha hecho que las aguas vuelvan a su cauce y el pop reciente más comercial vuelve a tener cabida en la Super Bowl, para regocijo de la generación MTV.

Sin embargo, en términos extra-deportivos, es probable que los norteamericanos no recuerden esta Super Bowl por el luminoso cuerpo de baile de Black Eyed Peas. Este año, la encargada de cantar el himno nacional antes del partido fue Christina Aguilera, la cual, parece ser que por los nervios del momento, cometió el desafortunado error de equivocarse al interpretar la letra, para sorpresa y descontento de la patriótica y masiva audiencia norteamericana. Era justo lo que le faltaba a la Aguilera. Después del enorme batacazo de público y crítica que supuso su último álbum, “Bionic”, y tras la tibia acogida de su debut como actriz protagonista en “Burlesque”, la cantante sólo necesitaba algo así para terminar de poner su carrera al borde del abismo. Sea como sea, los tiempos han cambiado para ella y veo muy difícil que vuelva a acariciar las cotas de éxito y popularidad que alcanzó en sus inicios. Las jovencitas que la idolatraban a principios de la pasada década ya han crecido, y las de hoy prefieren a Katy Perry o Myley Cyrus. De todos modos, es evidente que tiene una gran voz y no dudo de que siempre tendrá su público.

Viendo la aparatosa parafernalia que despliegan hoy, parece mentira que, en sus inicios, los descansos de la Super Bowl estuvieran ocupados de forma exclusiva por bandas musicales universitarias, mucho más modestas. Tanto ha cambiado la cosa que este espectáculo supuestamente adicional ha llegado a eclipsar, en muchos casos, al principal. Os lo digo por experiencia: me he enterado antes de quiénes actuaron en el intermedio que del resultado del partido. Y sigo sin saber quién ha ganado.

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