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Etiquetas:   Pulsiones de papel   -   Sección:   Libros

Buenas personas, ¿mejores escritores?

Luis López
Luis López
martes, 8 de febrero de 2011, 08:22 h (CET)
Sólo las buenas personas pueden escribir libros y sólo ellas pueden recibir homenajes. Menospreciando las cualidades artísticas la editorial HarperCollins del magnate Rupert Murdoch y el ministerio de cultura francés despachado por Frédéric Mitterrand, ejemplifican la nueva corriente moralizante invocada para el gran público. Importa menos la calidad de la obra en este año 2011. Lo verdaderamente transgresor es cumplir las normas y convenciones sociales, no salirse de los márgenes y comulgar políticamente con la corriente acertada. Dan lo mismo las circunstancias personales del autor, tendrá que callarlas en público, guardar las formas y asumir la opinión mayoritaria si quiere el empleo en la editorial. Es irrelevante que Céline sitúe a la lengua francesa en una de sus cumbres expresivas, porque puntúa más su inclinación política nazi. Ambos han avanzado en los últimos días sus respectivas estrategias empresariales y públicas. La coincidencia trasciende los cálculos del azar.

Por un lado, Murdoch incluye en algunos contratos editoriales norteamericanos, una cláusula según la cuál su editorial se reserva el derecho a rescindir su vinculación, si el autor comete delito alguno o entra por su comportamiento en choque con las ventas de su libro. Una cuestión de imagen y de economía, si no son la misma cosa. El autor no se representa a sí mismo, sino que es embajador de una empresa que le paga. Y como mano que alimenta exige ciertas conductas decorosas no dañinas a su imagen, porque si el autor deteriora su imagen, implícitamente está ensuciando la marca. Un asalariado más en nómina, un uniforme más con una placa de identificación. El pulso editorial solía valerse del olfato de los editores para encontrar la materia prima óptima para ser publicada, oler el negocio antes que la competencia, descubrir el próximo autor de éxito. En HarperCollins además tendrán que convertirse en guardianes de la moral y las buenas costumbres de su mano de obra, no sea que los escritores hablen cuando no deban.

Por otro, dentro de las conmemoraciones culturales del estado francés, estaba prevista la celebración del cincuenta aniversario de la muerte del escritor Louis-Ferdinand Céline, narrador excelso y antisemita repulsivo. En una decisión sin precedentes, el propio ministro Mitterrand decide retirar su candidatura tras presiones recibidas por diversos grupos judíos. Como persona Céline eligió el bando más deplorable, el del odio hacia sus semejantes. Apoyó el movimiento fascista e incluso se lo asocia a delaciones de judíos que conocía o a quienes los escondían. Era un ser repugnante. En cambio sus novelas, especialmente “Viaje al fin de la noche” y “Muerte a crédito” se encuentran entre las más leídas y traducidas en lengua francesa, sólo por detrás de Proust. Creo que es un error vetar su celebración, porque significa esconder bajo el felpudo no un personaje incómodo, sino su obra. No se celebra la persona, sino su legado, pero hay que conocer ambos. Debería airearse como ejemplo, un mal ejemplo de ser humano con un enorme talento narrativo. El pueblo francés debería poder acceder a su historia del siglo XX para estudiar como Céline pudo suceder.

Entre ambas situaciones media un océano. Ni son paralelas ni comparables. Aunque está claro que Céline nunca hubiera publicado en la editorial de Murdoch y la literatura habría salido perdiendo. Pero mientras en Estados Unidos un escritor puede ver mermada su libertad de expresión si ficha por la editorial HarperCollins y con ella experiencias que pueden enriquecer su trabajo. En Francia un célebre escritor no será celebrado por su pasado político, condenando a la persona se condena su obra y se evita que sea el público el que diferencie uno de otra. Entre los dos se añaden motivos para creer que volvemos a una senda oscura, donde sólo quienes tienen acceso al interruptor de la luz eligen por donde hemos que caminar. Una tirada de dados jamás abolirá el azar.

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