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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

El Sur se mueve

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
sábado, 5 de febrero de 2011, 23:32 h (CET)
Durante decenas de años los sátrapas que fueron tomando el poder en las zonas del norte de África, muchas veces con el visto bueno de las antiguas potencias coloniales, han mantenido a sus pueblos en el oprobio y la miseria. Regimenes dictatoriales y monarquías absolutas han estado, tanto en el Magreb como en el Próximo Oriente, gobernando de espaldas al pueblo y beneficiándose de las prebendas que el ostentar el poder ponía en sus manos. Y mientras esto sucedía tanto desde Estados Unidos como desde Europa se hacía la vista gorda volviendo la mirada hacia otro sitio, ningún gobernante hasta ahora ha querido saber nada del sufrimiento por el que estaban pasando los pueblos de esta zona del mundo.

A todos estos gobiernos les venía muy bien tener como títeres a los que manejar a su antojo a gobernantes corruptos ya que el hedor de la corrupción no llegaba a los salones de sus cancillerías. Es fácil que en conversaciones privadas tildaran de “hijo de puta” a estos crueles gobernantes, al fin y al cabo, se decían, “pero es nuestro hijo de puta” y le hemos de mantener en el poder a toda costa. Al fin y al cabo ni los gobernantes americanos ni los europeos los mantenían en el poder “gratis et amore”, el tener en estas zonas calientes del mundo a gobernantes fieles, aunque fueran corruptos, siempre suponía un beneficio para las arcas y las políticas occidentales.

A las costas españolas e italianas llegaban en frágiles pateras oleadas de inmigrantes que querían coger su porción de pastel del primer mundo, miles de personas no han dudado en jugarse la vida contra las olas del mar con la esperanza de llegar a tener una vida mejor. Unos lo consiguieron, otros, la mayoría de los que se quedaron en un país occidental, pronto se dieron cuenta de que la vida por estos lares no es tan fácil como se la pintaban las parabólicas de las televisiones, pero muchos perecieron en el empeño y están sepultados en fosas comunes o en el fondo del mar.

El hambre y la miseria son los motores que en el transcurso de la historia han movido muchas revoluciones y en tierras africanas parece haber llegado el momento en el que sus pobladores hartos ya han gritado basta con todas sus fuerzas. Primero fue Túnez, allá y de manera pacifica los tunecinos consiguieron deshacerse del dictador que durante años había regido los destinos del país mientras se enriquecían él y sus familiares. Aquella llama prendió pronto y las poblaciones de los países del entorno comenzaron a moverse protestando en la calle contra el sometimiento al que les habían acostumbrado sus gobernantes. En Yemen, en Jordania y hasta en Arabia Saudí las calles se han llenado de un clamor de protestas en demanda de un cambio político que haga realidad la democracia.

Pero es en Egipto donde desde hace doce días las protestas se incrementan y se ha llegado a la violencia con más de una decena de muertos y más de cinco mil heridos. Los egipcios llevan más de diez días sin abandonar el centro de El Cairo, la plaza Taharir, centro neurálgico de la protesta, ha sido bautizada como Plaza de la Liberación y en ella millares de egipcios están cada día reclamando que Hosmi Mubarak deje el poder que lleva ostentando desde hace treinta años. El rais egipcio se aferra firmemente al sillón y ni tan siquiera las demandas de cese que le llegan desde la Casa Blanca le hacen desistir. Las potencias occidentales tardaron mucho en reaccionar ante los hechos de El Cairo, desde Europa se miraba al despacho oval de Obama para ver que determinaba el gran jefe de Occidente y éste ha estado más de una semana haciendo juegos malabares para ver cual era la decisión más oportuna con la excusa de no inmiscuirse en terreno ajeno.

De momento el ejército egipcio no defiende la postura de Mubarak que quiere perpetuarse en el poder como mínimo hasta Setiembre pero con el paso de los días la situación puede cambiar y los tanques que hoy rodean la Plaza de la Liberación pueden volver sus cañones contra la multitud. Desde hace algún tiempo se nos ha venido advirtiendo de los peligros del Islam, ahora resulta que el verdadero peligro de aquellas tierra está encarnado en la corrupción de sus dirigentes y que los pueblos del norte africano lo único que quieren es trabajo y libertad.

La miseria, el hambre, la falta de trabajo y el ver la opulencia en la que vivían sus dirigentes han movido a jóvenes y no tan jóvenes a salir a la calle y pedir drásticos cambios en sus gobiernos. Nuestro vecino de más allá del Estrecho debe estar poniendo sus barbas a remojar, en Marruecos se dan las mismas circunstancias que hicieron estallar los polvorines de Túnez y Egipto, corrupción generalizada en la administración y el Gobierno y miseria en el pueblo que desde su independencia lleva viviendo bajo la dictadura de unos reyezuelos con los que España siempre ha vivido en plena connivencia hasta el punto de regalarles el territorio del Sahara que el Frente Polisario lleva reivindicando desde hace años.

Si la solución de los problemas de los pueblos árabes tiene que pasar por quitar a unos gobernantes corruptos para poner, de acuerdo con lo que aconsejen las potencias occidentales, a otros no creo que sea una buena y convincente formula. Cambiaremos al muñeco pero el guiñol seguirá siendo el mismo.

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