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Cine

Etiquetas:   El día de la marmota   -   Sección:   Cine

‘Crêpes’

José María Blázquez
José María Blázquez
sábado, 5 de febrero de 2011, 23:03 h (CET)
Tengo un buen amigo que trabaja en una productora de Turquía que, desde hace cinco años, ha tendido un puente entre el cine de su país y mis conocimientos fílmicos. Hasta aquel momento, mi relación con esa cinematografía se reducía a las películas de Cüneyt Arkin y los pastiches de largometrajes de ciencia ficción norteamericanos. Gracias a fenómenos como Youtube, ¿quién no ha visto escenas de “Dünyayi kurtaran adam” en alguna ocasión? Me envió un par de paquetes postales con una serie de DVD’s que contenían algunas películas subtituladas al inglés. Éstas me sirvieron, entre otras cosas, para apreciar los rasgos comunes y diferentes que tenían con la cinematografía de otros países. Esta semana se estrenan dos películas turcas de un mismo director, Semih Kaplanoglu, primera y segunda parte de una trilogía que ha denominado “Yusuf”. “HUEVO” (“Yumurta”), producida en 2007, nos relata el retorno de Yusuf a su ciudad natal tras la muerte de su madre. Al llegar a la casa donde creció se encuentra con su prima Ayla, que compartía la vivienda con la fallecida y que le ayudará a superar el mal momento. “LECHE”, segunda parte de la trilogía, es una precuela donde se narra los años de instituto de Yusuf (presentado como un joven poeta) y la relación que tenía con su progenitora. En definitiva, es una buena ocasión para acercarnos al cine turco.

Por otro lado, no todas las noticias han sido tan buenas. Estamos de luto, ha muerto María Schneider. Tan sólo tenía 58 años, un cáncer y un imaginario detrás de ella. Se consagró como mito erótico de su tiempo gracias a su papel más recordado, el de Jeanne en “El último tango en París” de Bernardo Bertolucci. Pero también mucho debe a una escena de ese film, donde Marlon Brando hace uso de MANTEQUILLA para practicar sexo anal en el destartalado apartamento donde se ambienta, algo que marcó definitivamente a la actriz. De ella dijo: “Bertolucci me dijo lo que tenía que hacer poco antes. Me engañaron. Casi me violaron. Esa escena no estaba prevista. Las lágrimas que se ven en la película son verdaderas". Pero también tuvo palabras de alabanza hacia el director. Interpretaciones desafortunadas, el consumo drogas y sus recurrentes depresiones no harán que nos olvidemos de aquella muchacha que a sus 19 años de edad se encontró de golpe en la cima de su carrera.

La polémica de la semana ha venido servida por unos comentarios que ha realizó Nacho Vigalondo en su Twitter el pasado 28 de enero, donde publicó en tono humorístico para ‘celebrar’ que había alcanzado los cincuenta mil seguidores lo siguiente: “Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!”. Metiendo esa ‘broma’ en su contexto, hay que saber que la intención del director cántabro (que ya había advertido momentos antes que estaba “un poco pedo”) era perder seguidores haciendo uso de su humor negro (algo que sin duda no consiguió ni era la primera vez que lo intentaba). Las críticas, insultos y toques de atención no se hicieron esperar. A lo que ‘el de Cabezón de la SAL’, replicó: “¡Ah, el tweet del holocausto ha sido un detecta-gilipollas de primera!”, y posteriormente, “Si twitteas una broma a costa del Holocausto perderás un porrón de followers sin sentido del humor. Lo recomiendo como Solución Final”. El acoso y derribo por parte de medios de comunicación nacionales y bloggers no se dejó esperar. A pesar de eso, Vigalondo siguió echando más leña al fuego con otros ‘chistes’ similares, confiado en que su actitud no tendría repercusiones (“Me parece flipante la cantidad de tolays que realmente pensaban que hoy me iba a quedar sin trabajo. Ay, madre” publicó el 31 de enero). Hasta que el diario para el que colabora, ‘El País’, se pronunció el día 3 de febrero, ante tanto revuelo, suspendiendo la campaña publicitaria que el director realizaba para el periódico con el argumento de que “considera inaceptables e incompatibles con su línea editorial los comentarios vertidos por el realizador. El País pide disculpas por lo sucedido”. El propio Vigalondo decidió cerrar su blog en el diario, que ahora ya ni siquiera está disponible, tras un último ‘post’ a modo de disculpa.

En pleno siglo XXI (publicidad subliminal) nos encontramos a diario con gente que no sabe distinguir entre lo políticamente correcto y ser un hipócrita. No son necesariamente términos excluyentes. El respeto se puede conseguir con el silencio. Decir una cosa que no se siente es HARINA de otro costal. Estamos rodeados de hipocresía. Vigalondo lo sabe, pero no quiso pensar que sus bromas darían tanto que hablar. Debido a su personalidad, se ha ganado un alto número de detractores. Es una de esas ‘figuras públicas’ (el precio de la fama) que cae bien o todo lo contrario, pero sin dejar indiferente. Oscar Wilde escribió una vez que nunca debía hacerse nada de lo que no se pueda hablar en la sobremesa. Fue un comentario desafortunado, ciertamente, pero no hay que sacarlo de contexto. Aquí ni siquiera hablamos de que la verdad no sea políticamente correcta, ya que ni siquiera era una afirmación, pero hay bromas que pueden costar caras. Un efecto ‘bola de nieve’ que consiguió su objetivo.

Que un periódico como ‘El País’ se deje influenciar por ciertas críticas y se doblegue a la hipocresía, me entristece. Que muchas personas y medios de comunicación utilicen esto como excusa para hacer una campaña agresiva en contra de la competencia o personas que no caen bien, me molesta. Se habla del ‘todo vale’, pero es la misma herramienta que muchos usan sin consecuencia alguna. Imaginemos por un momento qué pensará la familia de José Couso viendo este tipo de situaciones y la importancia que se les da. Cuando en política se miente a los votantes y se extorsiona e insulta a los opositores y nada pasa. Cuando medios como Wikileaks han sacado a la luz las miserias de los que arriba están y se han perdido esas acusaciones como lágrimas en la lluvia. Cuando todavía existen colegios en nuestro país donde se afirma a los escolares que la homosexualidad es una enfermedad sin que tenga un coste jugar con la educación y criterio de unos pobres infantes. Si después de casi 70 años seguimos teniendo tabúes y los explotamos a beneficio propio para destrozar al vecino, mucho no hemos aprendido de la historia. Charlie Sheen tenía razón cuando salió de la clínica esta semana y se encontró con los medios esperándole en la puerta. Hay temas más importantes que son noticia (el conflicto en Israel fue usado por el actor a modo de ejemplo), lo suyo es sólo una anécdota.

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