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Baloncesto

Etiquetas:   ACB / JORNADA 20   -   Sección:   Baloncesto

El Real Madrid se dosifica con el Bilbao Basket (76-72)

El conjunto de Messina sumó otra victoria en la Caja Mágica sin apretar el acelerador
Redacción
sábado, 5 de febrero de 2011, 18:47 h (CET)
Ni fue un triunfo agobiante, como engaña el marcador, ni fue una victoria cómoda. Fue un sencillo ejercicio administrativo, donde el Real Madrid cocinó a fuego lento al Bilbao hasta el ecuador de los dos últimos cuartos. Fue entonces cuando, a diferencia de lo acontecido tras el primer acto, sí sentenció. No hizo nada maravilloso, sino lo justo y necesario mientras administró su físico para imponerse a un adversario que tardó en darse cuenta que estaba jugando un encuentro de baloncesto. Despertó tarde y sin sus estrellas, y eso se pagó.

FICHA TÉCNICA
76 - Real Madrid: Prigioni (14), Llull (9), Suárez (8), Reyes (6) y Tomic (10) -quinteto-; Sergio Rodríguez (1), Mirotic (13), Velickovic (0), Begic (2), Tucker (9), Vidal (0) y Fischer (4).
72 – Bilbao Basket: Fischer (5), Blums (4), Mumbrú (6), Banic (0), Hernández Sonseca (3) -quinteto-; Javi Rodríguez (0), Jackson (8), Hervelle (0), Mavroeidis (12), Vasileiadis (16), Warren (12) y Paco Vázquez (0).
Parciales: 21-14, 15-18, 22-20, 18-20.
Árbitros: Hierrezuelo, Guirao y Zafra.
Incidencias: Partido correspondiente a la vigésima jornada de la Liga ACB, disputado en la Caja Mágica ante 6.123 espectadores.

DATOS DESTACABLES

Lo mejor:Colectivamente, el Real Madrid acudirá a la Copa del Rey con una inmejorable racha de victorias, así como con una importante fortaleza mental. Individualmente, los objetivos deben centrarse en Prigioni. El argentino está de dulce, como Mirotic, fiel escudero ante el Bilbao.
Lo peor: Felipe Reyes (6 puntos y 4 rebotes), aunque siempre combativo, no atraviesa sus mejores días. Su aportación, además de este encuentro, no está al mismo nivel que meses anteriores. Afortunadamente, Messina cuenta con mucho arsenal en esa zona de peso. Y Sergio Rodríguez, tras su exhibición, regresó a sus dudas.
La clave:La velocidad de Llull fue determinante para los impulsos en el marcador del Real Madrid. En el último tramo del tercer cuarto, con 8 puntos de diferencia, se fraguó la decimoctava victoria consecutiva, entre Liga y Euroliga, en la Caja Mágica.

El dato:La afición madridista se acordó de los amigos durante la presentación de los equipos. Mumbrú y Hervelle, quienes militaron en las plantillas de los últimos títulos, recibieron sendas ovaciones; ellos correspondieron con aplausos de agradecimiento.

Rafael Merino / Caja Mágica (Madrid)

Las temperaturas primaverales invitaban a cualquier otra actividad que jugar un encuentro de baloncesto, máxime cuando se está a unos cuantos días de adentrarse en el primer torneo del curso. Esto mismo debió pensar el Bilbao Basket. Los hombres de Katsikaris saltaron a la cancha en estado vegetativo. Lo milagroso estuvo en que alcanzaron con vida la orilla del segundo cuarto. No se sabe cómo lo hicieron, pero lo consiguieron. Milagroso fue que el encuentro no se cerrara en los diez primeros minutos. Hubo que esperar hasta las postrimerías del tercer acto, cuando el estirón de los blancos fue ya sí definitivo.

La sentencia se aplazó
Los parciales confirmaron las predisposiciones de unos y de otros. En apenas 4 minutos, el marcador ya era una referencia: 13-4. El técnico griego de los vizcaínos solicitó un tiempo muerto sabedor que el partido estaba próximo a diluirse de forma dramática para sus intereses. El tiempo de reflexión no alteró los biorritmos. Bastaron ver otros 3 minutos para comprobar que las diferencias aumentaban: 19-7. No era una cuestión únicamente de actitud, sino de baloncesto.

El Real Madrid encontró en este tiempo todo tipo de facilidades a la hora de configurarse posiciones nítidas de tiro. No sólo eso, tuvo velocidad en sus transiciones, como más les gusta moverse, con Llull como maestro de operaciones y una férrea defensa. Finalmente, el cuarto acabó con un 21-14.

O mucho cambiaban las cosas o el Bilbao Basket pasaría con más pena que gloria por la Caja Mágica. No sólo caería como otros 17 adversarios, sino que podría acabar con una paliza de consideración. Para su suerte, y desgracia de los madridistas, las rotaciones de Messina (ni Sergio, ni Tucker, ni Velickovic tuvieron inspiración) contribuyeron al renacer de los visitantes, al tiempo que éstos se dieron cuenta de su situación próxima al abismo.

No mejoraron mucho sus porcentajes de tiro de dos (de un 33 % a un 35 %), pero sí en los triples (convirtieron 4 de forma casi consecutiva), cuestión que estuvo acompañado de un descenso de revoluciones del Real Madrid. El marcador se equilibró y al descanso se vislumbró otro encuentro (36-32).

Entre Llull y Prigioni
El regreso significó la vuelta de Llull (reservado hasta entonces por las faltas) y con ello una nueva velocidad en el juego, y con Prigioni sobresaliente en dirección y anotación. El Bilbao, obviamente, lo notó, aunque resistió con entereza el impulso del Real Madrid e incluso dispuso de opciones de ponerse a la par en el marcador (39-38), pero tanto en esta ocasión como en otras acaecidas durante el segundo cuarto siempre tuvieron el mismo desenlace: otro salto de fuerza y calidad del Real Madrid. Unos triples, unas acciones interiores (opciones no muy recurrentes a pesar de la diferencia de centímetros) y otras recuperaciones defensivas volvieron a incidir en el electrónico: 48-40. El Bilbao, por entonces, sólo estaba sustentado ya en Vasileiadis (16 puntos), puesto que Banic estaba de vacaciones.

La ruptura fue ya definitiva. Mediado el último cuarto, surgieron los mentales 10 puntos de diferencia (65-55), aunque Messina, a tenor de sus reacciones gestuales, no pareció tener todo consigo hasta escuchar la bocina final. A pesar de estas sensaciones técnicas, en el ambiente había otra apreciación: el Real Madrid se estaba entrenando con el Bilbao, dosificando fuerzas. Cuestión entendible cuando no hacía ni menos de dos días que tuvieron que lidiar a un enemigo de la talla del Efes Pilsen. Quizá eso explicó que el marcador se ajustase tanto al final, aunque nunca hubo la sensación de sorpresa en la Caja Mágica.

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