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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Relámpagos en el túnel

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 4 de febrero de 2011, 23:00 h (CET)
Qué pasará por dentro de la cabeza de esos energúmenos pillados a 200 km. Por hora en una carretera. ¿Qué piensan ellos de los demás como posibles víctimas? ¿Qué piensan de ellos mismos en sus actuaciones. Me hago preguntas similares con respecto al asesino de su hermana en Alicante, o en la referencia a su padre como encubridor del hecho. También cuando observo el alevoso apuñalamiento en el metro de un joven. Son casos para la reflexión. En esos sucesos, con esas maniobras bruscas, escalofriantes y trágicas; en la cabeza de esos sujetos, la circulación de IMPULSOS ofusca otras consideraciones, por intensidad o por aglomeración de los mismos. ¿Sólo atendemos al suceso en sí? ¿Todo se reduce a una sanción sobre los implicados en la fechoría? ¿A la sociedad le preocupan los pormenores conducentes a esas situaciones? ¿Cuál es el enlace entre los protagonistas y los grupos sociales?

Desde muy pequeño se aprende, o se aprendía, lo cargados que venimos de LIMITACIONES; unas, porque descubrimos que no las podemos realizar; otras, por la recomendación de cuidados y bondades hacia quienes nos acompañan en ciudades y carreteras. Con ese tono de las enseñanzas no se impedían los desvaríos. Aunque, para malas andanzas posteriores, hemos evolucionado con fuerza hacia la libertad sin frenos. Con el orgullo libertario que nos invade, no hay criterio amortiguador que valga.

Por eso, si surge un mal impulso, una calaverada, más bien se presenta como un alarde libertario, se hace OSTENTACIÓN de dichas actuaciones. Si no con el beneplácito del resto de la población, si queda muy patente la gran permisividad de quienes observan los comportamientos cerriles. Aterradora permisividad, sin atisbo de reconversión. Así, podemos apreciar como los energúmenos de grandes corrupciones son requeridos para cursos de verano en la Universidad, acaparan las pantallas y muestran orgullosos su “afán de servicio” al pueblo, muy mal entendido, pero con toda la desfachatez necesaria. ¿El tiempo todo lo cura? El buen sentido parece de una recuperación imposible. La rueda gira entre agresiones y hechos lamentables.

Aún en aquellos supuestos de mayor tensión, disputas e incluso desesperación, no se opta por la discreción o el sosiego, ni por asomo. Los protagonistas suelen echar mano de la VANIDAD, lo más estentórea posible. Algo así como una demostración añadida de suprema audacia, pero que sea visible y destacada. No bastará un simple golpe, se exigen degüellos, cuchillazos, desfiguración de la cara; tamñoco es suficiente la ostentación de un lujoso coche, son los 200 km. Y la consiguiente agresión a los demás conductores de su entorno. La proliferación de medios de comunicación y su competencia ciega, suponen un enorme efecto de amplificación. Se transforma la crueldad en un espectáculo macabro y espeluznante, pero con grandes audiencias, eso como tabla de medición. Está muy relacionada su difusión a todo trapo con las maneras de llevar a cabo estos actos.

Lo más visible no siempre es lo peor, ni tiene por que ser lo fundamental; influyen numerosos factores, que incluso se modifican con el tiempo. Lo intrascendente de hoy puede resultar básico para un próximo futuro; y a la inversa, la pérdida de importancia con el tiempo de un argumento relevante de hoy. Todavía resulta esto más descollante, más desequilibrado, si las APARIENCIAS se FALSEARON con intención y malicia. Con estas consideraciones ya entraríamos de forma directa en el engaño rotundo. Y en estas falsedades se mercadea con todo, ocultaciones, tergiversaciones, medias verdades, mentiras; Y quizá, cuando menos lo esperábamos, alguna verdad, pero como no se intuía, resultará casi imposible reconocerla.

Cuando nos enfrentamos a las realidades circundantes, nos resulta imposible abarcarlas todas en su conjunto. Lo más frecuente es que vayamos picoteando, percibimos esto o aquello, según las circunstancias exteriores, el estado de ánimo propio, por azar, o quién sabe por qué. Esta variación nos dificulta para empresas de una mayor intensidad; o nos alivia, debido a que la excesiva repetición provoca cansera y neurotiza. De ahí que las percepciones recurrentes en demasía se convierten en DETALLES OBSESIVOS –La mujer, grandes lujos, el sexo, ese poder aunque efímero-. Cuanto más redundante, la escapatoria y el alivio se nos van de la mente; ya no detectamos otra cosa. Necesitamos una cierta variación para no quedar encallados en una obsesión de esas características. En el supuesto de quedar atrapados en sus entresijos, parece que ya no seamos capaces de captar otros matices de la realidad.

Con ese pesimismo socarrón que le caracteriza, el ya centenario Ernesto Sábato, en “El túnel”, saca a colación la actitud de un capitán centrado en el rumbo de su buque, “pero que desconoce porque va hacia ese objetivo”. Un rumbo fijado de antemano, liberado de los razonamientos. ¿Obsesivo? También describió allí, que en la cabeza del protagonista, luego asesino, había un laberinto con gran oscuridad, donde sólo aparecía algún RELÁMPAGO ocasional. Con la razón tan ofuscada y apenas algún fogonazo de luz; no serán de extrañar las frustraciones, los choques, la tragedia y las crueldades. Expresa muy bien esos polos obsesivos y la ausencia de salidas elaboradas.

Si volvemos la mirada otra vez sobre tantos hechos descabalados como nos aturden a diario (El muestrario es de una amplitud considerable); enseguida predomina ese florecimiento compulsivo y maligno, con mucho arranque y con ausencia del mínimo fundamento exigible. A pesar de los adelantos propios de esta época, no llega el suficiente ALUMBRADO para esos túneles oscuros de la mente; de esa manera, los impulsos circulan con muy poca iluminación, casi a ciegas, o peor aún, con luces y razones equívocas.

¿Cómo podrán captarse esas luces necesarias? ¿Están a nuestro alcance? A estas alturas supongo que no pensaremos en un decretazo salvador, ¡Son tantos los factores y personas involucrados! Esos chispazos que surgen en las conductas soberbias y enceguecidas, con las pocas luces de actitudes libertarias irreflexivas, o con la indefinición y el silencio cómplices; requieren un ATENUANTE, si no, el riesgo de romper la convivencia será notorio.

La única manera para lograr la reconversión de esas bestias negras, generadoras de tragedias y desmanes, radica en la forzosa apelación a las mejores cualidades humanas. ¿A qué otras sino? ¿A las extraterrestres? El razonamiento y la sensibilidad, la consideración y el proyecto común, nos invitan a una revitalización CULTURAL. Que no puede acortar etapas por la vía de imposiciones, pero tampoco reblandecerse en una ingenuidad engañosa; ambas actitudes pueden tornarse perversas y malignas. El acompañamiento dialogante entre unos y otros, la utilización pertinente de los avances científicos, con el discurso creativo más elaborado e ilusionante; constituyen un buen punto de partida. Expuestos a todo eso, ¿Continuaremos con las renuncias actuales? ¿Nos quedaremos aturdidos contemplando los relámpagos en el túnel?

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