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Etiquetas:   The Washington Post Writters Group   -   Sección:   Opinión

Contener a los usurpadores

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 4 de febrero de 2011, 15:53 h (CET)
WASHINGTON - La noticia seria, que lo es, en salir de los comentarios del Presidente Obama durante el Desayuno de la Oración se refería a la escalada de violencia en Egipto.

La noticia divertida fue su descripción -- y vaya si me identifico con esto -- de su nueva oración personal: "Señor, dame paciencia al ver a Malia ir a su primer baile, donde habrá chicos. Señor, que su falda se haga más larga mientras llega a ese baile".

La parte más interesante, pensé, se refiere a la vinculación por parte del presidente de la acción gubernamental con la responsabilidad moral, y su explicación del motivo de que lo primero sea imprescindible para alcanzar integralmente lo segundo.

"Sólo hay unos recursos concretos que una iglesia puede utilizar para ayudar a todas las familias en dificultades, a todos los que necesitan ayuda para hacer el pago de una letra de la hipoteca o evitar el embargo, o asegurarse de que su hijo puede asistir a la universidad", dijo Obama. "Sólo hay unos recursos concretos que una organización sin ánimo de lucro puede utilizar para ayudar a reconstruir una comunidad tras el paso de un desastre. Sólo hay unos recursos concretos que el sector privado utilizará para ayudar a la gente desesperadamente enferma a recibir la atención que necesita.

"Y por ese motivo sigo creyendo que en una sociedad justa y atenta, el gobierno tiene que jugar un papel; que nuestros valores, nuestro amor y nuestra caridad deben de encontrar expresión no sólo en nuestras familias, no sólo en nuestros espacios de trabajo y de oración, sino también en nuestro gobierno y en nuestras políticas".

Los comentarios de Obama reverberan porque últimamente se me ponen los pelos de punta con el doble secuestro de los conservadores: el de la moralidad y el de la Constitución como cotos privados de los conservadores de la administración limitada.

A mí me gustaría recuperarlos.
El debate nacional imbuido por el movimiento fiscal gira en torno al gobierno como tirano, o por lo menos al gobierno como matón de recreo. El gobierno, según esta opinión, es la institución descontrolada que ordena a la ciudadanía la clase de bombillas que tiene que comprar y la clase de comida que tiene que comer. En la descripción de Obama del debate, "la versión de compasión y comunidad de una parte puede ser interpretada por la otra como ampliación opresora irresponsable de la administración pública e inaceptable restricción de las libertades individuales".

Salvo que la defensa del gobierno -- la permanente necesidad de que haya gobierno como cuestión moral, en realidad -- se omite casi siempre. Ceder la moralidad a las fuerzas anti-gobierno es una omisión peligrosa, que fue útil al Presidente para llenar el vacío de su parte de la argumentación.

Mi segundo reparo -- la usurpación por parte de los conservadores del manto constitucionalista -- no salió en los comentarios de Obama, pero estaba implícito en su definición del estado y la libertad, y en el contexto del debate en torno a la constitucionalidad de la obligatoriedad de contratar un seguro contenida en la reforma sanitaria.

Me acordé al leer una cita de Newt Gingrich en la crónica de la reportera del Washington Post Amy Gardner acerca del maridaje entre social conservadores y conservadores fiscales en el seno del movimiento fiscal en Iowa.

"Estoy profundamente comprometido con el gobierno constitucional", cita Gardner diciendo al ex presidente de la Cámara.

Bueno, yo también. Es una Constitución tan mía como de la Congresista de Iowa Michele Bachmann. Ella y yo podemos discrepar en torno a su intencionalidad, pero estoy igual de comprometida con su longeva importancia.

Las personas de mi franja del espectro político tendrían que decirlo en voz alta. A través de su silencio, se arriesgan a ser tachadas de anti-constitucionalistas.

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