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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Dos generaciones y un destino

Manuel Villena (Granada)
Redacción
viernes, 4 de febrero de 2011, 15:44 h (CET)
Dos fotos han marcado la visita de la Srª Ángela Merkel. Una, la del Sr. Rodríguez Zapatero con los agentes sociales y económicos firmando la rebaja de pensiones y otros temas de menor importancia. La otra es la de la orla de la promoción de ingenieros industriales, en la que figura mi hijo. La primera, según cuentan, en cuanto pudo se deshizo de ella; en cambio la segunda la entregó a su séquito para que la guardasen en su equipaje de vuelta. Mi hijo, al tener conocimiento de este hecho, se puso loco de contento apremiándome a que llamase a mi tío Manuel. Mi tío, de 80 años, emigró a Alemania a los 20 años y volvió con 65, por lo que es un buen conocedor de aquel país. Ante la insistencia le llamé, poniéndole al tanto de la situación.

Al poco se presentó en mi casa con un extraño bulto. Tras los saludos de rigor comenzó a darle consejos a su sobrino-nieto. Llegado el momento retiró el plástico que envolvía el misterioso paquete y dejó al descubierto una antiquísima maleta de madera. De ella iba sacando objetos; sacó una pelliza al tiempo que le aconsejaba: “Esto es para que te abrigues, allí hace mucho frío, a mí me vino muy bien.” Seguidamente le entregó un paquete de discos de vinilo, entre los que se encontraba uno de pasodobles que tenía por título “Suspiros de España”, también le entregó uno, con la foto de Juanito Valderrama, titulado “El emigrante”, seguidamente una casett de Carlos Cano, cuya canción más representativa era “La murga del currelante”, donde, en una de sus pegadizas estrofas, decía: “que vuelvan pronto los emigrantes”.

Mi abrumado y atónito hijo no daba crédito a lo que estaba viendo y su sonrisa contenida, llegado el momento, se tornó en una sonora carcajada. En ese instante la voz de mi anciano tío se quebró, sus ojos se humedecieron y dos lágrimas descendieron por sus mejillas. Con un susurro casi imperceptible dijo: “es muy duro tener que abandonar tu tierra para ganarse la vida”. Al tiempo que los tres enmudecimos mi hijo abrazó a su tío-abuelo. En aquel abrazo dos generaciones, abuelo y nieto quedaron unidos por el mismo destino: La emigración.

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