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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Telma Ortiz

Rafael del Barco (Barcelona)
Redacción
viernes, 4 de febrero de 2011, 15:40 h (CET)
En septiembre del 2009 el Ayuntamiento contrató a Telma Ortiz. No me perdí la ocasión para criticar a nuestro Ayuntamiento, en definitiva la institución base de todos mis males. Limité mi crítica a la cacicada en si misma, suponiéndola una imposición desde arriba, el clásico sistema español. Pero el hecho tenía más gracia, al parecer no era una imposición principesca, y ni mucho menos real, aunque pudiera parecerlo y así entró a formar parte de las fábulas ciudadanas; desde Madrid nos habían colado otra enchufada real. Y si su procedencia pesara a su favor para obtener el enchufe, su presencia arrastraba otros enredos.

Una insignificancia (de unos 3.000 o 4.000 euros netos al mes más gastos) comparado con lo que oía y tomaba nota en el juicio del Caso Hacienda iniciado el mismo mes, que duraría hasta junio del 2010, y aun pendiente de sentencia. Un juicio que me absorbió, y que a pesar de sus inmensas lagunas probaba la exponencial multiplicación del precio de los terrenos por las recalificaciones; Ayuntamiento y Generalitat al unísono, DIAGONAL MAR-FÓRUM y 22@, los negocios de la sociovergencia. Contrastaba, y confirmada la mecánica de veinte años atrás con la actual descrita en el Caso Pretoria. Ante los dos casos incluso otra nimiedad las cifras que se publicaron sobre Félix Millet, recaudador a comisión en negro, obras públicas y recalificaciones.

Una enchufada más o menos, poco importaba. Pero sus comentados amores me ponen encima de la mesa el cómo cada uno de los amigos, amigas o familiares, de no solo cada alcalde, sino cada uno de su corte, ha aumentado la plantilla de este Ayuntamiento (y de otros o todos los entes públicos) creando una endogamia donde política e intimidades han desgastado tanto la Ética que han cavado su propia tumba, ¡que más quisiera yo, iluso de mí!!!

Como no me apetecía meterme con la realeza rebajé el enchufe a simple y pequeña suma y sigue. Ni mucho menos pensé (ella tenía una pareja muy reciente consolidada con una hija) que como en el Caso Marbella esa contratación cubriera posibles líos de faldas (antigua pero descriptiva definición que se debe ampliar a vaqueros masculinos y femeninos) parte consustancial del Poder Autocrático.

Y de ahí, a poco que se suelte la imaginación, al encontrarnos en el célebre festorro humanitario por el Desierto del Sahara (donde secuestraron a tres cooperantes) a la mujer de Hereu y a la de Cardelús entre otros afines y afinas del Ayuntamiento, las malas mentes pueden disfrutar a placer. Unos y unas por Shangai, y otros y otras por África.

La posibilidad de una futura carrera y cargo para Telma en el Ayuntamiento se concibe, aunque sea sin voluntad y conocimiento previo, cuando el amiguete del recién alcalde Hereu en 2006 consigue una dirección municipal, y por tanto el Poder de colocar a los suyos:

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