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Etiquetas:   Carta al director  

Los políticos le niegan la libertad a Susi, la elefanta enferma

Julio Ortega (Pontevedra)
Redacción
viernes, 4 de febrero de 2011, 15:22 h (CET)
“Entidades dedicadas a la educación de la gente sobre los animales, a la conservación de estas criaturas y a la preservación de especies”. Tal es una definición genérica del término Zoológico, pero si nos referimos al de Barcelona no podríamos emplearla so pena de caer en la estupidez o en la mala fe, porque de hacerlo, la similitud entre el vocablo y su acepción, sería la misma que la resultante de comparar el Penal de Guantánamo con un Centro de ocio y esparcimiento social.

En ese lugar que no es lo que pretende ser, vive día a día su muerte la Elefanta Susi. Y digo bien, su muerte, porque desde que en 2008 mataron a Alicia, la misma a la que tanto quería y a la que cortaron con una motosierra delante de ella dejándole toda una noche juntos a los restos mutilados, su existencia se debate entre la soledad a la que se vio abocada tras la cruenta desaparición de su compañera de juegos, la tristeza de la que nos hablan sus continuos comportamientos estereotipados y las graves enfermedades de las que está aquejada, producidas entre otras razones por la ingestión de envases de plástico. Separada de Susi y cautiva en ese mismo lugar se encuentra Yoyo, otra elefanta condenada a pagar hasta el fin sus días un precio muy alto por pertenecer a una especie diferente a la humana.

Jordi Portabella, Presidente del Grupo Municipal ERC en el Ayuntamiento de Barcelona, presentó una moción para que Susi y Yoyo fuesen trasladadas a un refugio donde en semilibertad, pasarían el resto de sus días acompañadas de ejemplares como ellas y perfectamente atendidas. La propuesta del Señor Portabella también incluía el que se descatalogase a los elefantes como ejemplares para ser exhibidos en un zoológico, una medida a la que la razón y la sensibilidad invitan en una sociedad que se las da de avanzada y con preocupación por su entorno, habida cuenta del profundo maltrato físico y psíquico que para estos animales implica permanecer privados del espacio, relaciones y comportamientos de los que sí disfrutan cuando están libres y que para ellos son necesidades vitales.

Un día antes de que esta iniciativa se votase, el Señor Ignasi Cardelús, Presidente del Zoo de Barcelona, convocó a los medios de prensa para ofrecer su versión de los hechos, una exposición que contenía varias falsedades demostrables y vertida en un intento de confundir a los ciudadanos, pues a ningún gerente, por muy lamentable que sea su labor, le gusta que salgan a la luz las irregularidades o negligencias cometidas en su gestión, ni tan siquiera cuando como en este caso, haya seres vivos víctimas de sus desmanes. Y recordemos que irresponsabilidad e ilegalidad no tienen porque agarrarse de la mano, no cuando lamentablemente la ley suele ir a la zaga de la realidad social; pero que una conducta no sea punible no la exime de una condena moral, y de hecho suelen ser estas contradicciones las que a lo largo de la historia han llevado a que se produzcan modificaciones en la Norma. Lo trágico es que para muchos seres marcados por la indefensión llegan tarde esos cambios y en el caso de Susi, o tiene lugar una demanda social inmediata con su consiguiente respuesta oficial, o su nombre engrosará la inmensa lista de víctimas de tanta indiferencia y dejadez.

El Señor Cardelús afirmó que ambas elefantas habían nacido en cautividad. Esa fue la primera de sus mentiras, pues las dos llegaron a este mundo en estado salvaje. Susi lo hizo en 1963 y Yoyo en 1968. También indicó que el Ayuntamiento de Barcelona no es competente para decidir si estos animales pueden ser o no trasladados a un santuario, ya que según él quien tiene la autoridad para determinarlo es un Coordinador Internacional de la Red de Zoológicos Europeos. Ahí nos encontramos con su segunda falacia, y es que al ser el Zoo de Barcelona un organismo público es el Ayuntamiento el único que cuenta con atribuciones sobre el mismo. Además, dicha Red, cuyo nombre es EAZA, no es más que la Asociación Europea de Zoos y Acuarios, una entidad privada cuyos mandatos en modo alguno pueden estar por encima de los que emanen de ámbitos municipales en una situación como ésta.

El Señor Cardelús también explicó que las dos elefantas están separadas desde hace año y medio porque ambas ya había pasado largas temporadas en solitario. Tercera calumnia de tan “desinformado” Presidente, porque Susi convivió con Alicia hasta marzo de 2008 y Yoyo lo hizo con Eva. De cualquier modo, un aislamiento impuesto jamás constituye una adaptación satisfactoria para una especie que necesita relacionarse con sus iguales, y lo demuestra el hecho de que elefantes que han llegado a pasar en zoológicos hasta diez años en soledad, se han habituado inmediatamente al cambio cuando han sido devueltos a la situación de la que nunca debieron de ser arrancados: la convivencia con individuos de su grupo.

No sabemos hasta qué punto esta cruel farsa mediática llevada a cabo por el responsable del Zoo de Barcelona ha influido en la votación municipal de la Comisión de Medio Ambiente, pero la realidad es que la moción no ha salido adelante y que tanto Susi, en un estado prácticamente terminal, como Yoyo, habrán de seguir recluidas en ese lugar que para ellas no significa más que extrañamiento, dolor y tristeza. Y tras de ellas llegarán otros elefantes, porque tampoco se ha logrado con los votos que estos seres dejen de ser simples atracciones de feria. Quizás, algunos cuando hayan optado por el rechazo a la iniciativa, no se hayan parado a reflexionar sobre el alcance de su decisión, o tal vez sí lo hayan hecho, pero tanto si han obrado o no conscientes de lo que su resolución implicaba, lo estremecedor es que sobre esa desdichada elefanta enferma ha vuelto a recaer una sentencia de permanencia en su celda y esta vez, emitida por unas mujeres y hombres a los que se les llena la boca hablando de derechos y libertad.

El Alcalde de Barcelona, en un alarde de cinismo, ha manifestado que serán los científicos y no los políticos quienes tomen una decisión acerca del futuro de Susi. A cualquiera que escuchase tal declaración podría parecerle hasta coherente, pero no será sin duda la misma la impresión a la vista de un par de circunstancias que dicen mucho sobre el verdadero alcance que este Regidor, concede a las conclusiones de personas entregadas al estudio de estas criaturas. La primera de ellas es que el Señor Jordi Hereu nunca respondió el correo de la Doctora Joyce Poole solicitándole una cita, una eminencia en investigaciones sobre elefantes africanos tanto en libertad como en cautividad en zoos y circos y a las que lleva dedicada tres décadas. También hizo caso omiso de las cartas que en los dos últimos años ha recibido remitidas por expertos como el Etólogo y Profesor de la Universidad de Colorado Mark Bekoff, o de los profesores Robert Atkinsson y Peter Stroud. Todos los citados trataron, en vano, de transmitir sus impresiones acerca de la conducta contra natura y tremenda injusticia que se estaba perpetrando contra Susi.

El segundo dato que arroja luz sobre el papel que realmente le otorga el Alcalde a la ciencia en el cuidado de los animales, viene dado por el aberrante hecho de que como Director del Zoo de Barcelona haya puesto no a un científico, que gracias a su formación y experiencia sepa qué es lo mejor para los animales, sino a un abogado, el Señor Miquel Trepat, que proviene nada menos que de los Servicios de Instituciones Penitenciarias. En todo caso, sí hay que reconocer que el Señor Hereu acertó en dicho nombramiento, porque a pesar de sus declaraciones en las ruedas de prensa, la verdad es que este Zoológico no es más que una miserable cárcel para criaturas como Susi o Yoyo, y por lo tanto parece lo más lógico que sea un profesional bregado en prisiones quien asuma su dirección, puesto que episodios como el que nos ocupa no dejan lugar para la duda: el bienestar de los animales ocupa el último lugar en la escala de valores de los responsables del Zoo.
Mientras determinados políticos y sus adláteres estratégicamente situados en puestos como los de este Centro de reclusión, tratan de ofrecer a la opinión pública su rostro más ecologista y conservacionista, Susi, sin saberlo, ha visto cerrarse la que posiblemente significaba la última puerta hacia su libertad, la que le conduciría no sólo a un lugar en el que podría recuperar parte de aquello que un día le robaron, sino también a retrasar una muerte lenta y agónica que cada jornada que pasa en su actual encierro, lanza una nueva dentellada a sus entrañas infligiéndole un sufrimiento del que jamás podrá hacernos partícipes con su voz, pero que es suficiente con mirar a sus ojos para descubrir.
La Asociación Animalista LIBERA!, en colaboración con otros colectivos, lleva mucho tiempo luchando porque esta elefanta deje de padecer la tortura a la que se ve sometida por el egoísmo y la inconsciencia de ciertos seres humanos, y si bien sabemos que jamás podremos hacer desaparecer las terribles heridas que le acompañan por un pasado jalonado de pesares físicos y psíquicos, ese trabajo en pos de su liberación tiene como objetivo que el tiempo que de vida de reste, pueda disfrutarlo recobrando lo que su naturaleza demanda. Porque un elefante no está preparado para ser exhibido en un espacio tan limitado, ni para carecer de compañeros de especie, ni para que le lancen objetos o golosinas infantiles. Y Susi, encerrada, sola y muy débil, se come las bolsas de patatillas que le arrojan, ingiere sus excrementos, sufre desmayos, balancea interminablemente su trompa y su cabeza, golpea con las patas y languidece mientras probablemente, en su cerebro escenas como la de su Compañera Alicia descuartizada por los operarios del Zoológico, vayan fagocitando los cada vez más lejanos recuerdos de sus días de libertad en África.

Nunca sabrán estas elefantas lo cerca que estuvieron de salir de ese infierno. Lo habrían conseguido de haber prosperado la moción presentada por el Señor Portabella; así sería si la Campaña LIBERA! a Susi hubiese abierto los ojos de ciertos políticos sobre la crueldad con la que se está tratando a este animal. Pero no, cuando poder y necedad habitan en un mismo ser, el resultado es que para esa persona no cuentan la súplicas inaudibles de las víctimas, ni la soberbia le permite escuchar la voz de quienes se la prestan a los que no la tienen. Por eso, Susi y Yoyo van a continuar de momento prisioneras en el Zoológico de Barcelona. Pero de algo pueden estar seguros los que así lo han decidido: que a pesar de esta derrota con trágicas consecuencias no nos vamos a olvidar de ellas, como tampoco lo haremos de señalar, con nombres y apellidos, la incompetencia y la falsedad de los carceleros de estas infelices criaturas.

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