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Fernando Lugo y otros Curas salidos de sus Monasterios

Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
viernes, 4 de febrero de 2011, 08:09 h (CET)
Mucho antes de la llegada al poder del salvador de la patria Fernando Lugo, el Paraguay se libró de la oprobiosa dictadura neo nazi al servicio del imperio norteamericano que encabezaba Alfredo Stroessner. El derrocamiento no fue obra de un grupo de oportunistas vinculados a las ONG y zoqueteros internacionales como los que rodean al cura-presidente, sino de un puñado de valientes militares que habían anunciado en una inflamada proclama que “habían salido de sus cuarteles”.

En Paraguay, quienes hoy han salido de sus monasterios son los curas, y no precisamente por motivaciones heroicas, sino para tomar por asalto las arcas del estado paraguayo. Walter Rojas, Melanio Medina, Fernando Lugo, Pablino Cáceres, Celso Ovelar y otros son nombres hoy por hoy, fuertemente vinculados al despilfarro del erario público en Paraguay.
Como nada hay nuevo bajo el sol, esta historia tiene sus antecedentes.

EL PRIMER MONSEÑOR PRESIDENTE
El día de la independencia de Eslovaquia (14 de marzo de 1939), el presidente checo Hacha y su ministro de Asuntos Exteriores, Chvalkovsky, viajaron a Berlín con una misión imposible. Cerca de la medianoche, mientras unidades SS ocupaban ya las ciudades fronterizas checas, Hacha y su ministro llegaban a Berlín.

La entrevista entre debilitado e hipocondríaco presidente checo y un Hitler avasallador solo puede calificarse como patética. Las brutales palabras del Führer, que informó de la incorporación de Checoslovaquia al Reich alemán pacificamente o por la fuerza, acabaron por hacer que Hacha se desvaneciera en plena entrevista y tuviera que ser atendido de urgencia por el médico personal de Adolf Hitler.

La entrevista se había desarrollado en términos que el corazón de Hacha no pudo soportar. Hitler había llegado a decir al anciano presidente: "Si hay lucha, el ejército checo será exterminado en dos días [...] el pueblo checo es el hazmerreir de todo el mundo, mi invitación a Berlín es para que rinda su último servicio al pueblo checo. Su visita puede evitar lo peor pero queda poco tiempo, las horas van pasando y, a las seis de la mañana, las tropas nazis franquearán la frontera...[...] Es una lástima, pero si no se decide pronto, nuestra aviación arrasará la hermosa Praga en menos de dos horas".

Según recordaría el intérprete alemán testigo del encuentro: "En ese momento Hacha y Chvalkovsky parecieron transformarse en estatuas de piedra. Solo su mirar denunciaba que estaban vivos".

Fue ese el momento en que, víctima de una crisis cardiaca el viejo presidente checo perdió el conocimiento.

Rehabilitado por la intervención del médico personal de Hitler, Hacha se encontró al recobrar el conocimiento con el teléfono en la mano y Praga al otro extremo de la línea. Tras informar a su Gobierno de como estaban las cosas y aconsejar que se aceptasen las condiciones de Berlín, Hacha estampó junto al Führer su firma al pie de un documento previamente redactado y en el que sentenciaba a muerte la nación checoslovaca.

Antes de estos acontecimientos, había hecho su aparición en escena una serpiente con la forma de un obispo-político, precursor del cura presidente de Paraguay Fernando Lugo.
En Eslovaquia, Monseñor Josef Tiso fue nombrado primer ministro y encargado de formar Gobierno; una comisión de la 'guardia de Hlinka', presidida por el fascista Bela Tuka, que visitó el 12 de febrero de 1939 a Hitler. La guardia fue alentada por el dictador germano a que se independizaran definitivamente de Praga, declarando los eslovacos que era absolutamente imposible 'moral y económicamente' toda posible alianza con el pueblo checo.

Mientras desde Radio Viena se apoyaba el secesionismo, el gobierno checo destituyó a monseñor Tiso, al vicepresidente eslovaco Durkensky y a dos de sus ministros. El nuevo jefe del Gobierno checo, Sidor, declaró el estado de sitio. Este último y desesperado acto de soberanía acabó por enfurecer a Berlín.

Monseñor Tiso fue invitado a vicitar Berlín, y animado a que proclamara definitivamente la independencia de Eslovaquia. De hecho le pusieron una pluma en la mano para que firmara una proclama de independencia previamente redactada por el Reich, documento que iba acompañado del texto de un telegrama que al día siguiente, 14 de marzo de 1939, al regresar a Bratislava, monseñor Tiso dirigiría a Berlín, pidiendo la intervención de las tropas germanas. Por supuesto que el monseñor cumplió con su cometido al pie de la letra.

Posteriormente, Tiso lograría ocupar el cargo de la república eslovaca bajo protección nazi, posición desde la cual sólo en 1942 colaboraría en la deportación de sesenta mil judíos a los campos de exterminio de Hitler, amén de despojarles de sus propiedades y bienes y compartirlas con sus protectores. La historia no juzgó aún al Vaticano por este engendro, pero los rusos sí lo hicieron: el primer obispo-presidente fue capturado cuando intentaba huir hacia Austria y ahorcado en Praga.

EL SEGUNDO MONSEÑOR PRESIDENTE
El paralelismo entre Tiso, títere del Reich, y Lugo, marioneta del imperio norteamericano, no es antojadizo.

El Paraguay vive hoy un verdadero auge del clerofascismo de la mano de su cura-presidente. Tanto que en las carpas luguistas muchos piensan en la candidatura del militar golpista Lino Oviedo, exponente del narcofascismo autóctono, para enfrentar a los colorados en el 2013.

Vale decir, las botas militares y las sotanas irán de la mano como en la historia reciente y remota de Latinoamérica, donde el pensamiento mágico, la tradición autoritaria y la misoginia siguen su derrotero propio y se aferran con obstinación a la simbología e iconografía del clerofascismo.

La influencia clerical en el gobierno de Lugo es cada vez más notoria, y desde la misma cabeza se alienta el abuso de la religión en la política. En las últimas municipales, los seguidores del cura Lugo impulsaron la candidatura del nobel sacerdote Celso Ovelar a intendente en un poblado del interior, quien ganó las elecciones en ancas de los mismos argumentos retardatarios que su modelo, sólo para corroborar lo que decía Alfred de Musset, que los curas jóvenes hacen los mejores sermones.

El nombramiento de otro ex sacerdote, Walter Rojas, como encargado de finanzas de la entidad previsional IPS, desató la última crisis en las carpas luguistas.

Además de Rojas, otros curas fuertemente vinculados al poder dentro del gobierno clerofascista son el padre Tanasio, capo de la mafia del contrabando del Cemento, el obispo Melanio Medina, zar de la entidad binacional Yacyretá, y el reverendo Pablino Cáceres, nuevo directivo de la entidad y ex ministro de Acción Social, entre otros.
Convertida la iglesia en Partido Católico, no sería una sorpresa que más curas sigan saliendo de sus monasterios en busca de negocios más lucrativos, porque como lo expresara en una oportunidad el beatle John Lennon, la religión es sólo una manera de sacarles el diezmo a los ignorantes, sólo existe un Dios, y ése no se enriquece como los curas charlatanes. Como se preguntaba Camus: Si Dios existe, ¿para qué los curas?

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