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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Abortar, si; practicar sexo, si; casarse, no

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 4 de febrero de 2011, 07:54 h (CET)
En esta turba multa en la que está inmerso el PSOE del señor Rodríguez Zapatero, parece que el papel de ir cometiendo insensateces le ha sido atribuido a la señora ministra de Sanidad, Leire Pajín, quien parece estar decidida a dejar huella indeleble de su paso por el gobierno, aunque para ello haya de emular a su ayudanta y consejera, la inefable señora Bibiana Aído. En poco menos de un mes ya son dos las ocurrencias “geniales” que esta socióloga, empinada al cargo de ministra a mayor gloria de ZP, ha decidido impulsar, sin darse un pequeño respiro para reflexionar sobre la oportunidad, los efectos y la viabilidad de aquellas ideas que quiere convertir en leyes. Si la señora Aído ya dio muestras de su sectarismo feminista, de su desprecio por la vida humana ( ni siquiera distinguía entre un feto humano y uno animal) y de su ligereza y temeridad, al decidir frívolamente sobre una materia de tanta trascendencia, enjundia y contenido ético como es la del aborto, donde se decidió que una menor, de 16 años, podía tomar la decisión de abortar, atribuyéndole una facultad que le estaba vedada por ley en otros aspectos de la vida, para la que se requería la mayoría de edad (La mayoría de edad se adquiere en España a los 18 años, según lo establece el artículo 12 de la Constitución española. Para el cómputo de los años de la mayoría de edad se incluirá completo el día del nacimiento. La figura está motivada en la necesidad de que la persona haya adquirido una madurez intelectual y física suficiente como para tener una voluntad válida para obrar algunos actos que antes no podía por sus carencias nombradas anteriormente. Cuando una persona alcanza la mayoría de edad se presume que tiene capacidad de obrar, salvo que medie algún tipo de incapacidad.), cuando logró, con la colaboración del PNV (los conspicuos católicos vascos que, por lo visto, tienen un concepto muy particular de sus obligaciones como tales), que el Congreso promulgara la famosa “Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo”, una ley que, a cualquiera que se le ocurra consultar el artículo 15 de nuestra Constitución, se percatará de que está trufada de aspectos inconstitucionales – por cierto, no sé lo que estarán pensando en el TC que tanto se retrasa en resolver los recursos que se han formulado contra ella, ya que se trata de un tema de “vida o muerte”, nunca mejor expresado, puesto que cada día que retrasa el fallo representa la muerte para una o varias criaturas inocentes.

Lo cierto es que la señora Pajín está batiendo retos en su afán de sacar leyes desde su ministerio de Sanidad que, curiosamente, casi ninguna tiene que ver con él y más bien parece que son fruto de su alianza con la señora Aído que, al parecer, no se resigna a su retiro dorado a la sombra de su compañera de desmanes. En efecto, a principios del pasado mes de enero presentó en el Consejo de Ministros un proyecto de “Ley Integral de Igualdad de Trato y No Discriminación”, el enunciado ya basta para calificarla de redundante ya que lo único que parece pretender es remedar lo dispuesto, con más claridad, en el Artº 14 de la Carta Magna. Sin embargo, incurre en algo que resulta inadmisible, pues intenta que la carga de la prueba no sea del acusador sino del acusado, que será quien tenga que probar el no haber incurrido en el delito ¿dónde queda nuestro Estado de Derecho? La intención de la nueva ley, según la señora Pajín, sería: “Se trata de construir una sociedad que no humille a nadie y también una sociedad que no permita que nadie sea humillado; una sociedad donde sentirse seguro y amparado por la Ley” ¿ No se querría referir a una sociedad policial o a uno de esos “paraísos comunistas” o, posiblemente, a la sociedad perfecta imaginada por Tomas Moro que denominó Utopía a una comunidad ficticia cuya organización política, económica y cultural contrastaba, en numerosos aspectos, con las sociedades humanas contemporáneas al maestro o, quizá, nuestra ministra se quiera inspirar en la misma República de Platón?. Lo malo es que estamos en un mundo imperfecto y, ni la ministra ni todo su grupo de visionarios, será capaz de cambiarlo so pena que dedique el presupuesto íntegro del Estado a reforzar la Administración de Justicia para que, el primer día de vigencia de la ley, no quede toda colapsada.

La ministra, no obstante, nos amenaza con otra de sus genialidades. Ahora la señora ministra se preocupa de las “inocentes criaturas” de las “pobrecillas chicas” que se casan, vayan ustedes a averiguar por qué razones, cuando sean menores de 16 años (de 14 a 15 años). Por lo visto, para esta sensible ministra, “los niños y niñas con 14 años tienen que ser niños y niñas. Si se casan es que algo no funciona bien “¡Verdaderamente enternecedor!, claro que, si no fuera por algunos detalles insignificantes como por ejemplo: que la edad del “consentimiento sexual” está fijada en los 13 años; la asignatura de EpC, que los socialistas han impuesto como obligatoria en la enseñanza, ya se ocupa convenientemente de que, estos niños y niñas a los 14 años, sepan todos los secretos de la sexualidad, los hayan experimentado en muchas ocasiones y no faltan, y a las pruebas me remito, algunos que, en los mismos colegios, se dedican a violar a sus compañeras de clase. Tarde llega la señora Pajín para pedir a los púberes de 14 años que sean “niños y niñas”. Ellos, los socialistas, ya se han encargado de que, mucho antes de dichas edades, dejen de serlo y se conviertan en adultos capaces de cometer las barbaridades que los mismos profesores les han enseñado.

El proyecto que tienen en mente en el ministerio de la señora Pajín, tiene por objetivo que los “niños y niñas de 14 y 15 años”, que según nuestra legislación se pueden casar, en determinadas circunstancias, con el permiso de un juez, no puedan hacerlo; fundando las necesidad de esta medida en que no tienen suficiente discernimiento para tomar semejante decisión. ¿En cuantas ocasiones se da este caso? En una minoría que no merece ser tenida en cuenta si se admite que precisan de la autorización judicial, lo que garantiza que los casos que son autorizados lo han sido bajo la tutela de una persona especializada en la materia, que habrá estudiado con suficiente cuidado el permiso que ha decidido conceder. No obstante, quiero que ustedes comparen los argumentos que se aportaron por los socialistas para que se aprobara la Ley del Aborto de julio del 2010, apenas hace unos pocos meses. Entonces nos vendieron que una chica, a los 16 años, es decir sólo un año mayor, ya tenía suficiente discernimiento para, por si sola, sin ayuda de sus mayores ni tutela judicial pudiera decidir, libremente, abortar. ¿Qué inspiración celestial, qué milagro divino, qué fenómeno cerebral de las neuronas, sinapsis y neuritas del sistema nervioso, se mutan en sólo unos meses para que los “niños y niñas” de 14 y 15 años, al llegar a los 16 ya se hayan convertido en sesudos personajes capaces de decir sobre la vida y la muerte del nasciturus?, cuando, por el contrario, a aquellas edades se las considerará incapacitados para contraer matrimonio, por no tener la preparación debida para tomar dicha decisión. ¡Absurdo!

¿Acaso la señora ministra y sus asesores no han consultado con la señora Bibiana Aído para que les aconseje y les diga que, una niña a los 16 ya es capaz de copular con los que quiera, concebir y provocarse un aborto con total independencia porque una ley socialista, la del aborto, así lo permite? Al fin y al cabo si se casan a los 14 o los 15 años están mejor preparados para procrear sin necesidad de tener que librarse de un modo violento, al menos para la víctima, del fruto de su deseo libidinoso. ¿Cómo se justifica tamaña contradicción? No se puede. Como siempre, es cosa de las izquierdas y basta.

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