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Opinión
Etiquetas:   Análisis internacional  

La Arabia infeliz

Isaac Bigio
Isaac Bigio
jueves, 3 de febrero de 2011, 07:38 h (CET)
Los dos países árabes que más se vienen movilizando para seguir el camino de Túnez para deponer a sus dictadores son Egipto y Yemen.

En este último país, Ali Saleh viene estando en el poder hace 32 años. Primero fue el presidente de Yemen del Norte y luego el del Yemen unido tras que éste absorbió al del Sur en 1990.

Mientras en Egipto y Túnez sólo se han dado revueltas populares, en Yemen hay, además, dos largas y duras insurgencias (la pro-Irán del norte que defiende al 40%-45% de los yemenitas que son chiitas, y la del sur que añora su pasado ‘socialista’).

Yemen es hoy el país más miserable y violento de la mayor península del mundo: la arábiga. Los romanos decían que ésta estaba dividida en 3: la del noroeste era la de ‘piedra’ (la cual incluye hoy al Sinaí y Jordania); la del centro y más grande era la ‘desértica’ (que se las dejaban a los conflictivos nómades de camellos) y la ‘feliz’ del suroeste (donde hoy está Yemen).

Esta última ha tenido tradicionalmente las tierras más fértiles, aunque no ha sido bendecida por las grandes religiones y menos aún por la modernidad.

En la primera Arabia se dieron los 10 mandamientos y varios hechos bíblicos y en la segunda están las ciudades más sagradas del Islam. En cambio, los que viven en la tercera están obligados a ausentarse de ella ya sea por su fe o por su pobreza.

La mayor riqueza de los arábigos no está en su suelo sino en su subsuelo. El oro negro se encuentra debajo de la Arabia desértica (sobre todo en su casta este en el golfo pérsico) pero no tanto debajo de la Arabia verde. Yemen tiene petróleo, pero, a diferencia de todos sus vecinos, sus reservas son pocas y se están agotando.

Yemen parece haberse convertido en la Cenicienta de su península. De los 8 estados que la componen ésta es la única república, el resto son monarquías.

Los 24 a 28 millones de yemenitas podrán ser la nación más numerosa de su península pero también son la más paupérrima. El ingreso promedio anual de un yemenita es el de mil dólares, 80 veces menos que el de Qatar. Arabia Saudita, su mayor vecina, produce entre 40 a 60 billones de dólares, unas 20 veces más que Yemen.

Mientras un quinto de la población saudita (y mucho más dentro de los emiratos del golfo) son trabajadores inmigrantes sin derechos ciudadanos, Yemen exporta mano de obra por doquier. Una de sus mayores ‘producciones’ es la de bebés (un promedio de 6 por cada mujer; 3 veces más que en el golfo), debido a la alta tasa de mortandad infantil.

Yemen es la patria de la familia Bin Laden, la cual expresa la contradicción de su propio entorno. Mientras Osama lidera la mayor red de terror islámica anti-occidental, muchos de sus parientes se han súper-enriquecido con el boom de la construcción que ha hecho que en casi todos los países de la península arábiga (menos Yemen) se edifiquen los rascacielos más altos, lujosos y hasta movibles del planeta.

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