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Etiquetas:   Artículo opinión  

Príncipes, “con prisa” y “sin prisa”

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
miércoles, 2 de febrero de 2011, 12:42 h (CET)
Cuando Juan Carlos era príncipe daba la sensación de “tener prisa” para convertirse en Rey. Fuentes de la Zarzuela afirman que ahora el príncipe Felipe “no tiene prisa” y que la transición llegará “cuando debe llegar”, descartando, además, que se haya puesto en marcha una operación de abdicación o que se acelere la transición que desean sea tranquila. Las circunstancias son muy distintas de entonces.

El príncipe ha celebrado ahora su 43 aniversario coincidiendo con los 25 años en que juró acatar la Constitución, en solemne acto ante el Congreso de los Diputados. Algunos datos sobre la salud del Rey y la creciente actividad del príncipe han dado pié a ciertos rumores y especulaciones. Oficiosamente se asegura que las cosas seran a su tiempo, por esto el príncipe “no tiene prisa”. Estamos en una situación de normalidad.




Saludando al Principe, 1974.

En el primer quinquenio de los setenta, el entonces príncipe Juan Carlos, sí que daba la impresión de tener cierta prisa. Avanzaba la enfermedad del entonces jefe del Estado y la sociedad demandaba un cambio radical, sin traumas, que condujera al país de la dictadura a la democracia. Y el príncipe Juan Carlos estaba en esta previsión y a él le tocaría dirigir el rumbo de este paso trascendental. Por esto, seguramente, “tenia prisa” para llevar a cabo su histórico cometido.

Se le notaba en su interés acentuado por la marcha de las cosas de la alta política y por conectar personalmente con la sociedad pateándose toda la geografía española. Algunos lo pudimos comprobar directamente conversando con él durante una estancia en el Palacete Albeniz de Barcelona. Después de serle presentados algunos directivos de la Asociación de la Prensa, el príncipe Juan Carlos nos hizo algunas preguntas y nos explicó que había visitado diversos lugares de la ciudad. “¿Cree su majestad que la han enseñado lo que realmente le interesaba ver?”, le pregunté, refiriéndome a los lugares más abandonados y pobres del cinturón urbano, cosa que suscitó una manifiesta incomodidad en los acompañantes oficiales del príncipe e incluso en alguno de mis colegas. Con rapidez e ironía respondió el príncipe: “¿Tu crees que no?”, y se puso a reír y a gesticular con sorna. Había entendido perfectamente la indirecta.

Sí, se le notaba inquietud y “prisa”. Inquietud por lo que estaba pasando y prisa por hacer lo ya sabía que debería hacer. Las circunstancias eran radicalmente diferentes a las actuales. Las incógnitas eran muchas y tremendas. Hacer la transición política, real y en paz, era una tarea gigantesca que necesitaba y pedía el país. Por esto el príncipe Juan Carlos “tenía prisa”; por esto el príncipe Felipe, en la actual situación sin urgencias aunque pueda haber datos a tener en cuenta, “no tiene prisa” en convertirse en Felipe VI.

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