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El Islam en llamas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 1 de febrero de 2011, 08:12 h (CET)
Recuerdo que hace ya años leí una novela de un escritor inglés, especializado en novelas de suspense, Philip Nicholson, que acostumbraba a ocultar su identidad tras el seudónimo de A.J. Quinell. El título del libro en cuestión era “ El Mahdi” y trataba sobre una intriga relacionada con el tema del petróleo, en la que se mezclaban los servicios de inteligencia, ingleses y americanos, y las tradiciones islámicas por las que Mahoma había anunciado que uno de sus descendientes unificaría y regiría el mundo árabe y traería la paz y la justicia a la tierra; este descendiente del profeta de Alá sería llamado: El Mahdí. Interesado por el tema busqué satisfacer mi curiosidad consultando una enciclopedia y pude cerciorarme de que, en efecto, para la mayoría del Islam existe la creencia en este personaje que al parecer nacerá “en los últimos tiempos”. Esta creencia popular ha dado lugar a que se hayan sucedido, esporádicamente, movimientos sociales y políticos, originados por personas que han afirmado ser el Mahdi, no reconocidos mayoritariamente, aunque con diverso impacto temporal o local. Y si he querido mencionar este tema se debe a que no puedo quitarme de la cabeza los que dándose de falsos salvadores de la patria, de supuestos iluminados y de inocentes agitadores de masas; se han atribuido poderes, visiones proféticas, misiones teomaníacas; como supuestos enviados del Cielo para dirigir a los sojuzgados, los miserables, los parias y los siervos musulmanes, hacia la guerra santa contra los infieles sobre los que descargarán la furia de Alá. Como es fácil colegir, se trata de todos aquellos que no profesen sus creencias y no quieran someterse, por las buenas o las malas, a las leyes, mejor o peor interpretadas, impuestas por sus jefes religiosos que, en un régimen teocrático, son también sus dirigentes civiles y militares..

No hay duda de que, hoy en día, dentro de este grupo de presuntos líderes del más radical islamismo, se encuadran sujetos como el señor Ben Laden y su grupo Al Qaeda, que se han hecho amos de extensas regiones de Pakistan y Yemen. Disponen de múltiples asentamientos en distintos países de Oriente Medio, como Argelia, y están tolerados y protegidos por muchos de los gobiernos árabes; aceptados como enviados del Profeta por muchos de los habitantes de aquellas regiones donde el hambre y la miseria, son moneda corriente. Es fácil que los mensajes revolucionarios y de odio hacia los presuntos responsables de su penuria cuajen, con facilidad, en estas poblaciones incultas, fanáticas y sometidas a las intemperancias de climas adversos, que se ven obligados a luchar cada día para poder sobrevivir. El arma de explotar el fanatismo religioso de los musulmanes, a los que se les ha hecho creer que cualquier occidental es el enemigo a batir, va acompañada siempre de promesas de que, los que se inmolen en nombre de Alá, cometiendo actos de terrorismo para matar a los “infieles”, serán ampliamente recompensados en la otra vida.

Estos días vemos como se está produciendo un fenómeno que puede que se venga larvando durante años, algo que los países ricos de la tierra debieran de haber previsto con suficiente tiempo y que, los propios gobernante de cada uno de ellos, indiferentes a la pobreza de sus ciudadanos, entretenidos en hacerse todavía más ricos y confiando en que, por medios policiales, por la fuerza de la opresión y por el miedo de los ciudadanos, su régimen totalitario podría subsistir indefinidamente; no han querido enterarse de que, bajo sus alfombras de Persia, se estaban encendiendo los fuegos del descontento y las raíces de la revolución, sin duda atizados por hábiles activistas y por los largos brazos de los fanáticos islamistas que han ido encendiendo el odio, el rencor y el integrismo para que las masas, este fenómeno que tiene sus propias reglas y que nunca se sabe en lo que acabará, se pusieran en marcha e iniciaran la revuelta de Túnez. Que estas revuelta estaba planificada, no creo que quepa la menor duda; que Occidente, como es habitual en sus políticos timoratos, tardos en reaccionar, llenos de prejuicios y ciegos ante la evidencia, se ha quedado embobado mientras el reguero de pólvora se va extendiendo a Argelia, Egipto, Jordania y Yemen, es evidente ¿Cuántos países más será necesario que los islamistas pongan en su objetivo para que Europa se de cuenta de que, los pocos aliados que le quedaban en el mundo árabe, se van volcando hacia el más efectivo y descarado integrismo islámico?

Las izquierdas, y entre ellas las de nuestro país, están encantadas con estas revueltas para “superar la opresión”; para que “el pueblo” recobre sus derechos; para erradicar la pobreza y expulsar a los dictadores que se enriquecen a costa del pueblo y lo tienen sometido a la miseria. Basta escuchar a nuestra TV pública, escuchar los comentarios de los locutores/as, encendidos de entusiasmo por las rebeliones de las masas; escuchar a la corresponsal de la TV1, la señora Rosa Molló, darnos cada día una conferencia sobre lo “buenos” que son los revoltosos y lo “malos, malísimos que son sus gobernantes” , dándonos, de paso, su “opinión” sobre la marcha de los acontecimientos, excediéndose en su cometido para obsequiarnos con su particular visión de los hechos. ¡Qué raro, nunca han hablado de H.Cháves o de Evo Morales! Porque, veamos si nos aclaramos un poco. ¿Hay alguien, medianamente sensato, que se crea que las consignas que se dan, desde Internet, incitando al levantamiento de los islamistas ( o del pueblo que, para el caso, tratándose de musulmanes viene a ser lo mismo) ha sido fruto de la coincidencia?,
¿ Ha sido algo imprevisto que el premio Nóbel, señor Mohamed el Baradei ( habría que preguntar a los suecos qué les inspira para conceder los Nóbel, cuando los obtuvieron señores como ¡Arafat!, Kissinger, Kofi Annan, Simón Péres y ¡Rabin!, dos de ellos conocidos terroristas que militaron en bandos contrarios), se haya convertido, de la noche a la mañana, en la “esperanza” de Egipto?, ¿Estará prevista la llegada de un oportuno El Mahdi, que aúne a los islamistas revolucionarios y los conduzca a la yihad, la guerra santa contra los infieles de occidente?

Lo curioso que en toda esta “movida” es que, el señor Obama ( será por su vena izquierdista), le ha dado la espalda a su aliado en oriente medio, el señor Mubarak, al que, hipócritamente, le “exige” reformas sociales y le amenaza con cortarle toda ayuda ¡quien los ha visto y quien los ve! Quizá la misma energía la debió de emplear con Irán y su rearme nuclear pero ¡claro!, Egipto no tiene el petróleo de Irán. Sin embargo, el estado de Israel, no ve con tranquilidad toda esta actividad revolucionaria y el protagonismo que están desempeñando los “hermanos musulmanes” en todos estos acontecimientos,. No es lo mismo tener al sur a un pacífico señor Mubarak, que se limitaba a enviarles bombas y provisiones, a través de túneles, a los de Hizbullah o, a un Líbano entretenido en luchas intestinas; a tener que enfrentarse a un frente común integrista que pueda aliarse con el señor Ahmanideyad para hacerle la pinza, con la complacencia de la siempre dispuesta Siria, que está esperando la ocasión propicia para echarse sobre su endémico enemigo. Israel. De hecho, Israel se está convirtiendo, a pesar de que nuestros progres procuran hacer todo lo posible para que nos ganemos sus antipatías, en el único Estado en Oriente Medio que es capaz de presentar cara a la, cada vez, más preocupante amenaza islamista. Mientras, en España, el Gobierno a favorecer a los revolucionarios sin acordarse de que Al Qaeda ya tiene puestos sus ojos en El Andalus como próximo objetivo. Por si les hace falta ayuda ya cuentan con casi 1.500.000 inmigrantes árabes en nuestro país dispuestos a cooperar. Latzarus dejó dicho: “Toda revolución comienza en los idealistas y termina en los tiranos”.

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