|
La traición sindical
Ángel Ruiz Cediel
Mala cosa sería que el hígado se comportara como un cerebro, porque ni está cualificado para serlo ni el organismo podría funcionar adecuadamente porque no podría procesar los alimentos. Es decir, que el organismo, además de incompetente, no podría sobrevivir. Esto, precisamente, es lo que pasa cuando los sindicatos tratan de asumir los problemas económicos del país, olvidándose de que su función es sólo y únicamente entender los de los trabajadores y defender sus intereses.
Los sindicatos CCOO y UGT han traicionado el principio de su existencia, sometiendo sus intereses consustanciales a una comprensión absurda de los problemas de la economía de la nación, del Gobierno y aún de la patronal. No es, en absoluto, ésa su función ni su objetivo. Pero, quizás, lo más grave del caso, es que ni siquiera han tratado de comprender a Gobierno o a patronal, sino que, debido a los fenomenales estipendios, subvenciones y parabienes que reciben de aquéllos, se han convertido en empleados subsidiados, han vendido su voluntad y, en consecuencia, están incapacitados para representar a quienes representan: no pueden morder la mano que les alimenta. Una barbarie no sólo conceptual, sino práctica, pues que parece todo un contrasentido que los representantes de los pocos trabajadores afiliados a estos supuestos sindicatos mayoritarios sean tan dados a cruceros y hoteles de lujos, lo cual, no siendo contrario a sus derechos individuales, queda muy poco decoroso para quienes, además de identificarse con la parte contraria, teóricamente son de una tendencia política opuesta a quienes tienen esos hábitos, que suelen ser ricos y muy de derechas. Algo de fondo y forma falla estrepitosamente.
El acuerdo al que han llegado estos sindicados, que dependen pecuniariamente del Gobierno, con ese mismo Gobierno, así, queda prácticamente vaciado de contenido, no dando la impresión sino de que es un chanchullo o que han traicionado a sus potenciales representados directamente y, por extensión, a todos los trabajadores del país a quienes afectarán ese acuerdo. El pacto que dicen haber alcanzado, después de algunos días de absurdos dimes y diretes urdidos como un teatro para consuelo de una galería de ingenuos o de lelos crédulos, es un despropósito tal que encierra, entre letras de aparente responsabilidad social que beneficia sólo a los muy poderosos, la abolición directa de toda o la mayor parte de los derechos de jubilación que tenían los trabajadores. Los han vendido, en fin.
Es cierto que la pirámide de la población esto y aquello, y todas esas linduras que arguyen los partidarios de la esclavitud laboral de las clases menos favorecidas, pero no conviene olvidar que siempre hay argumentos hasta para lo más abyecto. Si por una parte es verdad que cada día hay menos trabajadores que sostengan con sus impuestos a la cada vez potencialmente mayor cantidad de personas jubiladas, no lo es menos que los jubilados no podrán alcanzar, ni locos, los mínimos de años de cotización que imponen esos acuerdos para que alcancen la jubilación máxima. No podrán hacerlo, porque las nuevas generaciones que comienzan ya a acceder a la edad de jubilación son las que han sufrido las crisis, reconversiones y desindustrialización que, precisamente este mismo PSOE, ha ido produciendo en España, con lo que las jubilaciones medias descenderán alrededor del 40% respecto de las generaciones precedentes. No sólo se comienza a trabajar muy tarde en este país donde la mitad de los jóvenes no tiene la menor oportunidad de encontrar empleo, y tanto más si es titulado superior, sino que un trabajador no tiene posibilidad alguna de mantener su puesto indefinidamente, de tal manera que la expectativa máxima de cotización, considerando una periodicidad media por causas de incidencia de crisis, despropósitos empresariales y similares proyectados al futuro, será de alrededor de 20 a 25 años, lo que sugiere que nadie en absoluto podrá alcanzar la cotización máxima, o, lo que vale lo mismo, este acuerdo extingue por completo la partida de las jubilaciones, relegando al hambre y a la miseria a nuestros mayores, que es posible que algún día también lo seamos nosotros.
Lo que han acordado, pues, no es una previsión de planes jubilatorios posibles, sino la simple eliminación de la jubilación. Veamos: cuando comencé mi vida laboral, hace ahora unos 35 años, ni había desempleo ni existía la eventualidad. Desde la llegada de la democracia, las crisis se han repetido sospechosamente a intervalos casi exactos de ocho o diez años, y cada una de ellas les ha servido a los gobiernos para rebajar derechos y aumentar los requerimientos para la jubilación, de modo que hoy, un trabajador medio no tiene 50% de posibilidades de trabajar que quienes pertenecen a mi generación, y a éstos se les exige el doble de años cotizados que se pedían a los de la mi generación, además que el cálculo sobre el que se establece el volumen de la pensión se ha promediado en una barbaridad de años más tal, que buena parte de ellos tienen un ingreso 0 por causa del desempleo, lo que arroja la friolera de que la jubilación, como dije antes, estará por debajo de entre el 40% y el 60% sobre los derechos que tienen hoy los ya jubilados. Esta, y no otra, es la realidad, y esto lo que han perpetrado el PSOE con sus comprados CCOO y UGT. Alea jacta est: la jubilación, en realidad, ha sido abolida. Un eficaz paso más hacia el estallido social necesario para implantar la dictadura global del NWO.
|