Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Que Hotel - Hoteles baratos
Diario Siglo XXI Sueldos Públicos El Viajero Magazine Tienda Diseño Grupo viernes, 25 de mayo de 2012. Actualizado 18:40 h. Suscríbete a nuestro boletín Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter
Siglo XXI. Diario digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Portada | Opinión | España | Mundo | Economía | Televisión | Cine | Música | Tecnología | Libros | Medios | Moda | Salud | Sexo | Ciencia | Gastronomía | Toros |
Deportes    Londres 2012    Fútbol    Baloncesto    Motor  |  Última Hora  |  Videos  |  Entrevistas  |  Infográficos  |  El Tiempo    ●    Concurso fotográfico
    
Tags: Opinión · Artículo de opinión · Ángel Ruiz Cediel
Momios


Ángel Ruiz Cediel


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 26 de enero de 2011, 10:02
Comentar


Decir que hay profesionales de la política es como decirlo de la sabiduría. De profesión, sabio, ya saben. Y, claro, los momios de la política se consideran superiores en rango y dignidad a la ciudadanía, muy por encima de ella y, en consecuencia, con derechos especiales, porque no son servidores, sino servidos del Estado, y la patria está en permanente deuda con ellos.

De todo organismo público, desde La Moncloa a los ayuntamientos, mana a borbotones una tufarada insoportable a soberbia, como si fuera de un cuerpo en descomposición que advierte de la inútil carne agusanada que se esconde en los despachos. No importa si el país sufre o ríe, porque ellos ríen siempre, y gastan alegremente a costa del Erario porque Juan Pueblo –el imbécil Juan Pueblo cuyos derechos han sido asociados a los de las cabañas ganaderas- corre con los disparatados dispendios que los momios a sí mismos se regalan. Sueldos de locura, extras para viajes, coches oficiales, tarjetas oro, bonos para taxis, teléfonos de barra libre, billetitos de viaje para queridas y boucher de lujosos hoteles, suntuosas vestiduras, dietas por pegarse la vida padre, sueldos extras, beneficios de vivienda, créditos de obsequio y, para colmo, después de unos pocos añitos de una vida de comodidad extrema sin esfuerzos ni quebrantos, la jubilación multiplicada para el resto de su momia vida, frecuentemente con secretaria y despacho y escolta y coche oficial y vivienda, y cuanto se quiera imaginar, incluido algún puestito de mucho estipendio en alguna de las empresas a las que beneficiaron cuando su momia vida estaba entregada a la política. Lo mismito, en fin, que los demás ciudadanos, con sus contratos basura, y sus cuarenta y tantos años de cotización para acceder a una jubilación de miseria, y su carencia de derechos, y sus pagos a Hacienda para mantener a los momios de la política, y su prorrateo de toda la vida laboral para jubilarse a los 67, y sus sindicatos de traición, y su no llegar a fin de mes, y su vida sin expectativas, y su pérdida de derechos porque hay que ser solidarios con los de fuera…, etcétera. Lo mismito, ya digo.

Los momios de la política, los profesionales de la verborrea electoral que jamás han dado un palo al agua, son un lujo, carne inútil buena sólo para enfrentar entre sí a los ciudadanos. Difícil, si no imposible, le será siempre a un momio comprender los quebrantos de quienes sus vidas discurren por otras miserias, que si los momios la tienen moral e intelectual, los ciudadanos la penan en todos sus extremos, incluidos los vitales. ¿Cómo entender el frío quien nunca lo ha sufrido?..., ¿o el calor?..., ¿o la penuria?..., ¿o la inseguridad?..., ¿o la tristeza de no tener un horizonte claro?... Los momios sólo saben de sí mismos, de sus intereses, de conchabar acuerdos, de medrar para el partido o para sí mismos, de mejorar el verbo que les asegure la reelección prometiendo lo que jamás cumplirán ni por pienso, o de arrastrar las masas hacia sí por pavor de lo que dicen de los otros…, y los otros, al revés. Nada hay de extraño, pues, en que los momios se consideren momias sagradas y en que les den ataques de ira o de soberbia si alguien les afea sus inmerecidos derechos, especialmente si proviene la queja de un ciudadano que piensa por sí mismo y comprende. Montan en cólera, el incandescente rubor de la ira prende sus semblantes, y vociferan enardecidos, insultan (“fascista de mierda”, “franquista”, “crispador”..., etcétera), ofenden (“antipatriota”, “rata de sacristía”, “pedazo de católico”..., etcétera), se rasgan las vestiduras y arguyen que son los sostenes del Estado (porque el Estado, bien se ve, tiene ubres y tiene tetas para tanto mamífero), que ellos trajeron la libertad (del desempleo y de trinque), lucharon contra Franco (yo no los vi ante los grises), que son la democracia en carne mortal (probablemente la que hiede, apesta) y que ellos son Dios (o Satán, según) encarnado. Y si quieren, pagan, y si no, no. Porque pueden. Porque el Estado es suyo, y porque sólo ellos tienen derechos.

Los momios de la política son la parte inútil de la sociedad y del Estado, el escollo del progreso, el obstáculo del entendimiento social y la única razón por la que el país no funciona. Como en Argentina, lo único que se necesita para progresar es que no estén o que se estén quietos, aunque cobren. Son las tenias de cuerpo nacional, pero son los que controlan el Estado… para alimentarse a sí mismos y a los suyos, una infecta legión de parientes, troncos y coleguis que tienen a la nación parasitada. Y si se necesitan más plazas para alojarlos a todos con cargo a los dineros públicos, se crean; y si necesitan los nenes subvenciones, regalos o créditos, se les dan, y punto. Sin más explicaciones, porque el Estado es suyo y muy suyo, y, como dijo por ahí alguna miembra del Gabinete de Gobierno, nombran a quienes les sale de los cojones. Son los mismos momios, porque no importa el color, contra los que algunos nos levantamos cuando entonces…, allá por los sesenta y setenta, y a los que, equivocadamente, creímos desalojar del poder, aunque sólo se travistieron. No; ninguno de estos momios estaba en la calle cuando entonces, porque son muy valientes, e incluso sádicamente crueles, cuando están en el bando vencedor , y gloriosamente cobardes cuando la cosa se pone fea y hay algún peligro. No de balde son momios, carne sin gracia, carne muerta, alma muerta.

Poco valen, casi nada. Por eso han hecho este despelote de país en el que no hay Dios que se aclare, y en el que nadie sabe hacia dónde vamos que no sea la catástrofe. Sólo han sabido rodearse de prebendas de maharajás y derrochar lo que no es suyo, granjeándose fortunones inmorales a costa de la información privilegiada o de favores concedidos a trasmano, incluso a potencias extranjeras. Pero viven bien, y laten con la cabeza sumergida en las carnes del Estado y con los tentáculos succionadores mamando el jugo dinerario de sus venas, no sacándola sino para prohibir derechos civiles, promulgar injusticias y sentar las bases de una sociedad putrefactamente injusta que les faculte para doctorarse en momiedad, entretanto la ciudadanía languidece en la miseria de ser nada más que una cabaña de ganado.

Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Autoscout24 to go. Aplicación gratis
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
 

Quiénes somos  |   Qué somos  |   Contacto  |   Publicidad  |   Aviso Legal  |   Creative Commons  |   Suscríbete a nuestro boletín Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  

Cursos · Máster

  |  

Comprar naranjas online
© Diario SIGLO XXI - Diario digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris