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El Atleti, ¿más que un club?
Daniel Sanabria
Cuando un edificio está mal construido desde los cimientos, lo lógico es que al final se venga abajo, por mucho motivo floral que decore su fachada. Esto es lo que ocurre en el Atlético de Madrid, un club de fútbol que la familia Gil ha convertido en una agencia de compra-venta de jugadores y donde el año pasado Quique Flores obró uno de los milagros más meritorios de la historia del fútbol. Porque además de vencer al Fulham y al Inter en las finales europeos, venció la incompetencia de quienes dirigen este club desde hace décadas.
Para el Atlético la presente temporada ha terminado, y viendo la planificación de la siguiente, podríamos decir que también. Adrián López, un futbolista cuyo máximo mérito ha sido marcar cingo goles en las últimas tres semanas, ha sido el elegido para sustituir a Diego Forlán, dos veces bota de oro y una mundialista. El delantero del Deportivo ya está fichado y es posible que acompañe al Kun en la punta de ataque, eso si Agüero no se marcha en verano a un equipo donde pueda colmar sus aspiraciones como futbolista.
Mientras eso ocurre, el Atlético se juntará con cinco extracomunitarios en plantilla, Godín, Diego Costa, Elías, Miranda y Salvio, pudiendo inscribir sólo a tres, por lo que Miranda directamente se irá cedido, o Salvio –que costó 12 millones hace menos de un año– será traspasado o el propio Elías –7 millones– se marchará tras haber jugado media docena de partidos con el Atleti. Pero García Pitarch sigue en Brasil estudiando el mercado y mirando futbolistas.
Quizá por eso Cerezo, que es la marioneta de Gil Marin ante los medios, promulga la máxima de que el Atleti es un club comprador y no vendedor. Cierto, compra a cualquier futbolista que deje comisiones en el bolsillo en lugar de tirar de la cantera, que suelen ser más buenos, bonitos y baratos; pero no dejan propina.
Para terminar de engañar al personal, venden la buena nueva de la renovación del Kun Agüero a la vez que le cuelgan el cartel de Se vende. Se supone que la cláusula sirve para blindar a un futbolista, pero en el Atlético de Madrid se utiliza para lo contrario. Sus nuevos 45 millones, una cifra alcanzable por equipos como el City o el Chelsea, dejan a las claras la intención de vender al argentino por ese precio. Es la estrategia que utilizaron con Fernando Torres.
Con estos dirigentes, el Atlético de Madrid está condenado a ser eternamente pequeño. Miguel Ángel Gil Marín se esconde bajo las alcantarillas y se dedica a su inmobiliaria; Enrique Cerezo habla cada dia para recordar al mundo que tiene una productora cinematográfica; y Jesús García Pitarch vive entre Brasil y Argentina buscando un sexto futbolista extracomunitario. Esto es el Atleti, más que un club; es decir, una casa de putas, por ser suave.
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