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Tags: España · Políticamente incorrecta · Almudena Negro
El PP se prepara para ganar


Almudena Negro


Almudena Negro Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 24 de enero de 2011, 09:20
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Abril de 1990. Se celebraba en Sevilla, después de convulsos años entre la derecha y la hegemonía absoluta del socialismo, bajo el lema “Centrados con la Libertad”, el X Congreso del Partido Popular que llevaba al liderazgo del centro-derecha a José María Aznar.

Fue aquél Congreso en que Manuel Fraga, para quien se creó la presidencia de honor, rompía ante un enardecido auditorio una supuesta carta de dimisión sin fecha de su sucesor. En un restaurante a la orilla del Guadalquivir se decidió quiénes estarían en el equipo del madrileño inspector de Hacienda. Seis años después lograban su objetivo: Aznar era investido Presidente del Gobierno. El resto de la historia es sobradamente conocida. Precisamente aquél cónclave, considerado un hito por los populares, es lo que ha tratado de rememorar este pasado fin de semana la actual dirección que confía en volver a alcanzar en medio de una crisis política, moral y económica devastadora, la Moncloa. Indudablemente, desde 1990 muchas cosas han cambiado. En Sevilla había ausencias. El mismo día en que Mariano Rajoy y Aznar se abrazaban en lo que parece ser una reconciliación entorno al Poder, Francisco Álvarez Cascos, presentaba su nuevo partido en Asturias denunciando la omisión en la acción política de sus antiguos compañeros de formación. María San Gil prepara sus memorias. Rodrigo Rato, el gran portavoz parlamentario y luego Ministro de Economía de Aznar, excusaba su ausencia.

Más, es innegable, los vientos soplan a favor de los de Rajoy. De ahí el optimismo de los reunidos en Sevilla. Ilusión que ahora deben trasladar a la sociedad civil. Si las cosas suceden como las encuestas y estudios demoscópicos vaticinan, el PP goleará al PSOE en mayo de este año, haciéndose con prácticamente todo el poder territorial y poniendo casi imposible a Rodríguez Zapatero ganar unas elecciones generales.

La clave para parar el diabólico proceso de ingeniería social puesto en marcha en nuestro país, histórico campo de experimento de aberraciones varias, estaría en la diferencia de votos entre ambas formaciones. Si el PP arrasara al PSOE en los comicios generales, obteniendo incluso mejores resultados que Felipe González en su época de máximo apogeo, el partido que fundara Pablo Iglesias entraría en una espiral de confrontaciones internas –a ZP no le daría ni tiempo a caer al suelo porque se lo merendarían los suyos en el aire-. Espiral que podría llevar a desaparecer por el sumidero de la historia al partido de Largo Caballero. Lo cual, dicho sea de paso, no sería ninguna tragedia. Los nacionalismos quedarían fuera de juego al no ser necesarios para garantizar nada. Y el PP podría emprender las reformas económicas y políticas que la nación acuciantemente necesita. Reformas que los populares deberían anunciar antes de los comicios si quieren luego tener legitimidad moral para ponerlas en marcha. Al fin y al cabo, es cuestión de supervivencia.

Empero, no puedo evitar ser escéptica, ojalá yerre. El “parche” que en mi opinión supone el PP –lo que no quiere decir que no haya que intentarlo- hace tiempo que no es la solución, sino parte del problema. Creo que la solución a nuestros males sólo puede provenir de la sociedad civil. Y es más que discutible, después de siete décadas de estatismo, que ésta esté por la labor.

Por el contrario, si la victoria del PP se convirtiera, como sucediera en 1996, en una dulce derrota del PSOE la autoproclamada izquierda sin duda se radicalizaría para recuperar el poder, el BOE y lo que quede del presupuesto en 2016. De las reformas necesarias, nada de nada. Los nacionalismos se crecerían. Y de esa no nos iba a salvar ni Merkel.

Claro que luego está la posibilidad que nadie en Génova o Ferraz contempla, que pasa por una nueva victoria del PSOE. Según el analista de Público Ernesto Ekáizer, ésta podría producirse si el señor de “no nos merecemos un gobierno que nos mienta” el 13 de marzo con las sedes del PP rodeadas fuera el candidato socialista o si se produjera un “accidente de suficiente impacto nacional como para borrar el desencanto de esta segunda legislatura socialista”. Alucinante. Y terrorífico. Creo también que imposible.

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