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A vueltas con las reformas
Mario López
El filósofo británico Thomas Hobbes dijo que el ocio es la madre de la filosofía. A pesar de que en el siglo XVII no existía la televisión y hoy sí, yo creo que el aserto sigue teniendo vigencia. El caso es que cada vez hay más ociosos (a su pesar) y cabe esperar que vamos a asistir a una eclosión de nuevas filosofías. Y no creo que entre ellas vaya a destacar alguna favorable al actual sistema que nos gobierna, pues sus madres son algo así como mujeres repudiadas. Los ocios sobrevenidos a la exclusión social están preñados de resentimiento. La iracunda campaña que desde todos los numerosos medios de la derecha política está atizando a los sindicatos y, en general, a todo lo que pueda suponer un punto de apoyo para los trabajadores, va a acabar produciendo una reacción cuya fuerza es imposible de predecir; pero es algo que llegará más pronto que tarde. La socialdemocracia no es capaz de dar respuesta a las más elementales demandas de la clase trabajadora y eso va a llevarnos a una situación probablemente inédita en la historia. Es probable que mucha de la irritación social hoy esté callada por encontrarse en el gobierno el único partido que, al menos nominalmente, representa a la clase trabajadora, pero en cuanto llegue el PP al gobierno, si la situación no mejora sustancialmente, es más que probable que veamos abrirse la caja de los truenos. Y de lo que no hay duda es de que el PP va a seguir profundizando en las nefastas reformas que ha emprendido el PSOE. Sí, se dirá que son reformas inevitables, pero es que quizá lo deseable no sea reformar el sistema sino cambiarlo por otro.
Hay expertos que auguran que el capitalismo va a acabar sucumbiendo a sus propias contradicciones en pocas décadas y que, en su agonía, se va a llevar muchos jornales, muchos derechos y muchas ilusiones por delante. Igual nos va a acabar pasando como con la Ley Antitabaco, que se quiso hacer una ley blanda para terminar implantando la norma más dura, a resultas de lo cual muchos hosteleros perdieron tiempo y dinero en adaptar inútilmente sus negocios a la primera ley.
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