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Etiquetas:   Artículo taurino   -   Sección:   Toros

Olivenza, el oráculo de los dioses

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
miércoles, 6 de abril de 2005, 08:10 h (CET)
Cesar Rincón, Ortega Cano, José María Manzanares, Jesulín de Ubrique y ahora Morante de la Puebla deciden responder a todas nuestras preguntas en el coso pacense de Olivenza. ¿Qué tendrá Olivenza que no tenga ninguna otra plaza de España para seducir a tantos dioses del toreo? José Cutiño, es el empresario, alentador y máximo culpable de tanta torería en sus carteles por su feria marzeña. Acaso él tiene esa varita mágica que a todos embelesa hasta llevarlos de nuevo junto al toro, frente a la batalla. Viejos guerreros que todo han conseguido ya en su historia taurina, siguen a esta llamada de Cutiño como si de un ángel resurrector se tratara.

Él ángel parece decirle que nunca se debe aceptar una retirada, que no tiene precio volverse a vestirse de luces, que bien merece uno morir con gloria en el ruedo que sufrir el calvario de la soledad en vida. ¿De qué servirán las cabezas tapizadas en los cortijos, los ecos pasados en las plazas, los viejos artículos y fotografías que sobresalen de los álbunes de fotos, los premios en las vitrinas, si todo el mundo dan a uno por muerto y acabado?. Todos los dioses tienen su orgullo y su dignidad torera, Cutiño conoce bien esto y puedo imaginarme algunas de sus premoniarias frases: todos dicen que fuiste un grande entre los más grandes, lástima que no te vi en aquella tarde con ese toro de tu vida. Me cuentan que llegaste no sólo a tocar el cetro del toreo en tu época sino que te perteneció hasta tu retirada. Dicen que estas loco pero yo sigo diciendo que eres el más grande que jamás pisó albero alguno. Una cornada no te puede arrebatar tantos años de lucha y sacrificio en pro de lo único que dedicaste todos tus años de juventud. Se que no soy nadie para hacerte volver pero sé que algún día cuando lo hagas en mi plaza, volverás a ser tu mismo y tu sonrisa paseará en loor de multitudes de nuevo, yo para entonces seguiré en silencio en mi callejón acariciando mi medalla de la virgen de Guadalupe soñando que estoy junto a ella. Es posible que no vuelvas a salir por la puerta grande de Madrid y Sevilla pero habrás conseguido vencer tus miedos y tus dificultades y nos habrás dado una lección magistral a todos. Tu reino por una espada, en una tarde en Olivenza. Aquí nadie te medirá con soberbia, sino con ansias de triunfo y sólo vendrán tus incondicionales, esto será como torear en el campo abierto con unos amigos como lo hicieras de joven.

En definitiva los dioses escuchan y acceden siempre a la petición de Cutiño. Algo mágico parece suceder en todo lo que se propone Cutiño, la plaza se llena hasta la bandera, vuelve a brillar el sol en Olivenza, el rey olvidado o destronado resurge de sus cenizas y se obra nuevamente el milagro, como todos los años en este coso ¡Larga vida a Olivenza, el oráculo de los Dioses!

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