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El Babel español
Mario López
Dice Mariano Rajoy que en un país normal esto no ocurriría. Se refiere el prócer al Babel que se montó recientemente en el Senado cuando sus señorías optaron por hablar cada uno en su lengua materna, obligando a no pocos compañeros a recurrir al pinganillo. ¿Qué hay de malo en que uno se exprese en su lengua materna? ¿Es lícito obligar a nadie a que renuncie a tan obvio derecho en beneficio de otra lengua menos familiar para él so pretexto de que es la oficial del Estado? La convivencia se basa en el deseo de compartir; de conocerse y respetarse. Las Cortes Generales deben ser ejemplares en este sentido. Si en el Parlamento y el Senado se coteja la realidad nacional de este país que habla en cinco idiomas, la ciudadanía tendrá menos reparos en aproximarse a esta realidad y se deshará de seculares prejuicios que no nos han hecho ningún bien. No digo yo que sea fácil aprender los cinco idiomas del Estado, aunque la dificultad sería bastante menor si estos idiomas se enseñaran en el colegio. Lo que es bastante más fácil es entenderlos. Si no se quiere, no es preciso hablar catalán (pongo por caso), pero se puede entender bastante bien con poco que uno ponga de su parte.
Dice Mariano Rajoy que en un país normal esto no ocurriría. Claro que no. Ni en Holanda, ni en Bélgica, ni en Noruega, extraña a nadie que en sus parlamentos se expresen en varios idiomas; por no hablar del Consejo de Europa o la Asamblea de las Naciones Unidas. Lo que tiene de anormal este país es que se niega a sí mismo, que no quiere asumir que hablamos en cinco idiomas diferentes y que eso debería de ser un plus cultural y no una farragosa carga. Aclara don Mariano que los idiomas son para entenderse. Pues, venga, aprendámoslos. Es bastante probable que el día en el que todos los españoles hablemos nuestros cinco idiomas el país se sienta más unido; y , aunque no fuera así, en cualquier caso, seremos más cultos (que tampoco está de más).
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