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De Tucson a Murcia
Almudena Negro
Semana de enero en que la doble moral de la progresía mediática ha quedado meridianamente clara. Hace unos días arremetía dicha progresía contra el Tea Party y Sarah Palin, a quien poco menos que acusaban de haber apretado el gatillo en Arizona y ser responsable del desequilibrio mental de Jared Loughner, el tarado de 22 años que asesinó a varias personas, entre ellas una niña de 9 años y un juez federal simpatizante del partido republicano, e hirió de gravedad a la congresista demócrata Gifford. Un crimen execrable. “Pese a ello, y paradójicamente, no cabe restar gravedad al caso, en la medida en que el debate político norteamericano ha adquirido tal dureza que la violencia puede llegar a percibirse como un desenlace inevitable”, editorializaba el diario El País el día 10 de enero en relación con la masacre que pretendía imputarle a la derecha norteamericana.
Como la cruel realidad siempre acaba imponiéndose en España, de forma premeditada un grupo de animales de extrema izquierda, se cree que tres, esperaron a un político del PP a la puerta de su casa y le propinaron una brutal paliza. Un político al cual el PSOE de Murcia, que no es culpable de la agresión porque los únicos culpables son los agresores, quede claro, había señalado, falsamente, como “sobrinísimo” del presidente de la Comunidad Autónoma. Precisamente al grito de “sobrinísimo hijo de puta” golpearon los fanáticos al indefenso político. Para el delegado del gobierno, el mismo que lleva mirando, al igual que la Fiscalía, hacia otro lado desde que comenzó la espiral de violencia, la tremenda paliza es un “incidente”. Para Blanco, conocido por su “fair play” –recuerden al enfermo de poliomielitis al cual utilizó para insultar a las víctimas del terrorismo-, el PP usa políticamente el intento de linchamiento de su Consejero. Jáuregui llegó a comparar las declaraciones del PP con el atentado. La hija del presidente de Murcia, que no de ZP porque otro gallo cantaría, había sido ya agredida hasta en dos ocasiones por un grupo de salvajes. También lo habían sido un alto cargo del PP, un senador del mismo partido y un compañero gráfico durante una concentración ilegal de sindicalistas a la cual acudió la líder del PSOE en la región. A las puertas de la vivienda del presidente de Murcia.
“Durante meses, la congresista ha sido por ello objeto de una campaña de ataques en la que ha llegado a participar la propia Sarah Palin”, denunciaba el diario de PRISA ignorando que días después su editorial sería aplicable a la candidata socialista murciana, Begoña García Retegui.
Evidentemente “el debate político ha adquirido tal dureza que la violencia puede percibirse como un desenlace inevitable”. Tan inevitable que el Consejero agredido se sentía observado. El portero automático de su vivienda había sido destrozado días atrás. Las violentas amenazas siguieron llegando a su correo electrónico incluso después de conocerse el atentado.
“El ataque contra Giffords ha supuesto, con todo, una llamada de atención sobre la crispación que vive Estados Unidos y de la que el Tea Party ha hecho su principal y casi única estrategia”, sigue el editorial en relación del diario de Cebrián. “Nos interesa que haya crispación”, confesaba Rodríguez Zapatero a Iñaki Gabilondo en Cuatro.
¿Queda clara la hipocresía?
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