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Reflexiones acerca de nuestra democracia
Mario López
Nuestra democracia, la de este país llamado España, es como un mal estudiante; tiene demasiados deberes pendientes y todavía no ha aprobado un solo examen de cierto nivel. No merece el nombre y, mucho menos, la consideración que a él va unida, así que levantarse contra ella (aunque solo sea un gesto retórico) es la postura más honesta y honorable que debe adoptar un verdadero demócrata.
Venimos de dónde venimos: de un cortijo dedicado a la celebración de un interminable sainete al gusto del más hortera de los caciques, y todo tiene la pinta de que vamos a seguir en ello durante décadas. Cuanto más sacrificio se le impone al pueblo, más licencias se toman los poderosos. Es escalofriante observar la quietud, la acinesia, la absoluta entrega de un pueblo espoliado e inerme. Sería urgente que la ciudadanía hiciera honor a su nombre y se levantara contra la tiranía de estos farsantes que se han tomado la democracia por negocio y se lucran de ella sin la menor mesura.
Todo les parece poco, y, si pudieran, se apuntarían a todos los consejos de administración que existen en el mundo, incluido el negociado de Mefistófeles. Los políticos nos han robado la cartera, nos han usurpado la soberanía y, encima, se parten el pecho de risa. Es inconcebible que una población que ha sido capaz de sublevarse contra el gabacho a golpe de cachiporra y machete, se quede impávido, observando con cara de lelo las tropelías que de continuo llevan a cabo sus administradores.
Dentro de poco, claro está, los ciudadanos dejarán de serlo para volver a su antigua condición de esclavos; al parecer, es lo que les gusta. Y, por lo que se ve, esto a nadie le importa. ¿Cómo se puede soportar el infame espectáculo que nos están brindando Felipe González y José María Aznar con ese su arrebato de incontrolable codicia? ¿Cómo se puede tolerar que más de un millón de familias carezca del mínimo de subsistencia?
Sinceramente, nos hace falta una dictadura comunista de dos pares de testículos o, en su defecto, volvamos a nuestra época hippy; pero que no nos calienten más la cabeza, coño. Yo, de momento, voy a ver dónde instalo mi vivac.
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