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Violencia política
Ángel Ruiz Cediel
Cuando se ha perdido toda la confianza en alguien porque ha mentido sistemáticamente, da igual ya lo que diga o lo que haga: jamás se creerá en su honestidad. Y esto es lo que ha hecho el PSOE en la práctica totalidad de los escenarios y asuntos imaginables, y con especial hincapié en los asuntos de la libertad, tan dado él a coartar las libertades y derechos civiles con idiocias, estupideces y tonterías propias de quien ha perdido la razón o de quien piensa y defeca con el mismo órgano.
Dicen ahora que han detenido a uno de los agresores de ese político murciano que fue salvajemente agredido en plan 1936, pero sólo podemos pensar que, o han detenido a un cabeza de turco que aplaque los ánimos soliviantados del personal (para eso controlan a la poli), o que es un sicario que ni siquiera sabe quién le ha dado unos eurillos por perpetrar su barbarie. ¡Faltaría más! Dicen, dicen, dicen ahora que la izquierda sociata no es violenta, pero desde hace ya muchos años son precisamente los afines a este partido, y sus mantenidos sindicalistas, los únicos que han promovido actos de violencia contra las personas (sólo allá donde el PSOE no gobierna), ya sea en calles, emplazamientos o domicilios de la oposición e incluso en universidades o instituciones comandadas y dirigidas por sociatas puestos a dedo por el partido. Las agresiones, en fin, pueden considerarse vinculadas y vinculantes a ese partido que las consiente y disculpa, o que las condena con la boca pequeña pero sin evitarla, ya sea como promotor o ya como actor pasivo.
Pero no es sólo la violencia física lo que promueve con su acción-inacción, sino también la política, la legal y la psicológica, conculcando el orden institucional para implantar este sucedáneo de dictadura sociópata y censora que más pronto que tarde nos va a condenar a un nuevo enfrentamiento civil, si es que no interviene Europa con decisión y corta por lo sano. Y digo Europa, porque entre nosotros parece que esto ya está del color ése que quería Zapatero cuando decía que le interesaba la tensión, como le interesaba a Largo-Caballero cuando se levantó contra la República en la Revolución de Asturias del 34. Los hechos de hoy se suceden con la misma precisión de un presente que se mira en el espejo del pasado, y, si entonces fueron reformas y legislaciones propias de dementes las que condujeron al baño de sangre que nos dimos, hoy son otras de delirante jaez que no le van a la zaga, coartando y cercenando personajes de inmensa perversidad derechos civiles y reinstaurando la censura en todos y cada uno de los actos soberanos de los ciudadanos, a la vez que legislando a favor de lo atroz, lo manifiestamente perverso y lo esencialmente diabólico. Ya hay un Código Civil y un Código Penal, y con ello basta y sobra para regular la convencía, si es que es la convivencia lo que interesa; pero es que no es la convivencia lo que les interesa a los sociatas, claro, y como no hay respuesta civil que produzca el estallido social que anhelan con tal fervor para implantar la Dictadura con la que deliran, por más que provocan con leyes estúpidas y Estados de Alarma ilegales e inconstitucionales, siguen dando vueltas a la tuerca social cada vez con mayor presión y celeridad, porque ya les queda muy poco para las elecciones y, de no lograrlo, no tendrán nada que hacer nunca más en este país. Lo saben, y, por ello, están dispuestos a lo que sea, incluso a enfrentar a los españoles entre sí para justificar una permanencia imposible, ilógica, insana, aberrante, antinatural y peligrosísima para la paz.
Partidarios tienen, que también los tiene hasta el diablo, y entre todos esos devotos los hay que están dispuestos a abrir de par en par las puertas del Infierno. Quedan algunos meses todavía para que vayan siendo desubicados de todos los rincones de este país y expulsados al olvido, y la sociedad va a tener que templar el ánimo y disciplinadamente resistir las agresiones que arreciarán a medida que se acerquen las fechas electorales, si es que quieren que esto no derive en el conflicto abierto que algunos desean. Si la sociedad, ante estas provocaciones que se sucederán continuamente de aquí en más responde con autodefensa o con medios distintos de la denuncia y la palabra, el conflicto está asegurado, salvo, como digo, intervención de Europa; pero si la sociedad muestra generosas dosis de templanza de aquí a las elecciones, todavía queda alguna posibilidad de que puedan ser expulsados del poder de forma pacífica. De otro modo, o tendremos lo de Túnez, o tendremos lo del 36. Cuestión de esperar y ver. ¡Santa Bárbara!
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