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La sanidad y el nuevo civismo
E. J. Dionne
WASHINGTON - El llamamiento del Presidente Obama a tener "un discurso público más cívico y honesto" va a tener su primera prueba de fuego mucho antes de lo esperado.
Tras haber aplazado oportunamente todo trámite legislativo la pasada semana por respeto a la Congresista Gabrielle Giffords y las demás víctimas del tiroteo de Tucson, la dirección Republicana de la Cámara decidía no poder aplazar más la votación de su "Derogación de la Ley de Reforma Sanitaria Destructora de Empleo". Y de esa forma, como explicaba el portavoz del secretario de la mayoría en la Cámara Eric Cantor, "la consideración atenta de la reforma sanitaria" queda fijada para esta semana.
Es decepcionante que la Cámara no esperara un poco más antes de plantear una cuestión que ha suscitado tanta división, crispación y desinformación. Después de todo, su proyecto de derogación no tiene ninguna posibilidad de llegar a ley. El presidente sin duda la vetará, y el Senado encabezado por los Demócratas es improbable que la vaya a tramitar.
Además, fue el tono virulento del debate original de la reforma sanitaria lo que condujo a Giffords en su entrevista ampliamente debatida del pasado marzo a sugerir que "tomemos perspectiva cuando las cosas se caldeen demasiado y digamos, 'Oye, vamos a dar un paso atrás en esto'".
Aplazar esta votación sobre todo simbólica unas cuantas semanas más sería un gesto apreciado.
Pero es totalmente cierto que los Republicanos tienen la mayoría en la Cámara y por eso tienen todo el derecho a proponer el programa que ellos piensen que les sacó elegidos. Y asumamos que quieren demostrar de verdad que podemos debatir una cuestión neurálgica actual de una forma en consonancia con el llamamiento generalizado de Obama a "asegurarnos de que hablamos entre nosotros de una forma que sane, no de una forma que hiera".
¿Cómo podrían aplicarse esas palabras al debate de esta semana?
¿Puedo sugerir de la forma más encarecida posible que sería un excelente punto de partida a una nueva era que los detractores de la ley reconocieran que en ningún momento alguna versión de la reforma propuesta incluyó "tribunales de eutanasia"?
La sensata idea en la que se apoyó falsamente esta fórmula incendiaria en tiempos hizo que los Republicanos en la misma medida que los Demócratas apoyaran y aspiraran solamente a hacer posible que aquellos con enfermedades mortales reciban información de sus médicos -- si el paciente lo solicita -- relativa a las diversas vías de tratamiento abiertas. En serio, nada del debate de la reforma sanitaria fue más destructivo para la discusión honesta que la acusación de "tribunales de eutanasia". ¿Podemos dejar eso atrás al menos?
Como informaba el Washington Post, los Republicanos planean afirmar "que las promesas sanitarias de Obama -- incluyendo que la legislación rebaja el coste del seguro y ayuda a desatar la creación de empleo -- no se han materializado". ¿Pueden reconocer por lo menos que la ley no ha entrado en vigor íntegramente aún?
Y quizá deberían explicar el motivo de que sea justo someter a este rasero una reforma sanitaria de 10 meses al tiempo que insisten en prolongar las bajadas tributarias Bush, que tras una década siguen sin haber creado los puestos de trabajo que se suponía iban a crear. Observe por favor que podría haber descrito de manera menos caritativa las bajadas tributarias Bush.
También sería sumamente provechoso que los Republicanos empezaran a dar detalles de lo que ellos pondrían en lugar de la ley existente, y cómo amplían la cobertura, contienen el coste y limitan el déficit a largo plazo sus ideas. Las alternativas constructivas son esenciales para un debate productivo.
El presidente afirmaba que todos podemos hacer uso de "una buena dosis de humildad". Totalmente de acuerdo. En esa línea, la dirección Republicana podría cambiar de opinión graciosamente a propósito de las normas que gobiernan la consideración de esta ley y permitir la votación de ciertas enmiendas.
Por su parte, aquellos seguros de que la nueva ley es un gran paso en la dirección acertada y que derogarla sería un terrible error deben reconocer con libertad que por supuesto no es perfecta y podría mejorarse. Deberían celebrar los esfuerzos bipartidistas para pulirla.
Muchos partidarios de la ley ya creen que debería asegurar a más gente, incluir provechosamente la opción pública, y hacer más para controlar el coste sanitario futuro. La verdad es que nadie tenemos el monopolio de la cordura sanitaria y por eso, como decía el profeta Isaías, "Ven, razonemos juntos".
Reconozcamos a la dirección Republicana esto: Ha propiciado la que podría ser la prueba de fuego más difícil a nuestra determinación "a ampliar nuestra imaginación moral, escucharnos con más atención, agudizar nuestro impulso de empatía". Ojalá el debate sanitario de esta semana haga todas esas cosas.
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