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Del sentido de la vida en los tiempos que corren
Mario López
A decir de los expertos, los ciudadanos de hoy en día tenemos la percepción de la realidad distorsionada, causada por el sobredimensionamiento de hechos aislados, pero muy impactantes. Así, este fulgor de dramas menores -no por su naturaleza, sino por su escasa cuantía- nos deslumbra a cada momento, nublándonos, a la larga, el cristalino del entendimiento; provocándonos una especie de catarata mental.
Los grandes problemas del ser humano son de carácter intelectual, sentimental y práctico. Grandes problemas que, a su vez, son la sal de la vida. Dar una solución satisfactoria a estos problemas es lo que viene a significar el sentido de la vida; y vivir en este empeño, el camino de la sabiduría, de la autorrealización y de la felicidad.
Pero estamos alienados y alineados. Alienados por una actividad rutinaria que nos disgusta y nos distrae de nuestro verdadero afán, y alineados a una fuente de información tendenciosa y adoctrinadora. La alienación es la desposesión de nuestra personalidad que nos deja inermes, ensimismados, dependientes del dictado de otras personas o instituciones; puede ser inducida o, lo que es peor, autoinducida.
La falta de empleos cualificados está induciendo a nuestra población universitaria la alienación; el universitario, no sólo es subempleado, sino que ha de renunciar a su personalidad profesional para ejercer de algo que no es, amoldándese al ruin criterio de algún empresario indigente. La falta de introspección sumada a la sobredosis de inmersión mediática lleva a la mayoría de la población a un estado de preconsciencia, similar, pero mucho más letal, que la natural de la primera infancia. En este estado de cosas, los hombres fuertes del planeta, los dirigentes de las grandes corporaciones, nos preparan el futuro y dirigen a nuestros dirigentes políticos para terminar de consolidar el mundo a su medida.
Si queremos enfrentarnos a la política canalla que nos gobierna, debemos empezar por enfrentarnos a nosotros mismos, mirarnos al espejo y preguntarnos: ¿de verdad es esta la vida que quiero llevar?
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