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Y Aznar se inventó a José Antonio
Mario López
Ay, ay, ay, ay, cómo le va el girigay a nuestro amigo Aznar. El héroe de Perejil no abandona su causa ni en la ducha. Estado marginal e inviable, patria intervenida; el estribillo de su última canción. Esto es lo que debe propagar un ex presidente de Gobierno cuando quiere acreditar a su país. Sí señor, esto es lo que entendemos por lealtad institucional y lo demás, la misa del gallo, pamplinas. Ocho años ostentando la máxima responsabilidad política de nuestro país le han convertido al legendario prócer en un nuevo rico. A los nuevos ricos les da por las más diversas extravagancias. Unos tunean el Rolex y otros levantan una réplica de la fuente de Trevi junto al inodoro.
Al presidente de la FAES le ha dado por denostar a su país para, emulando a su admirado José Antonio Primo de Rivera, advertirnos de que es la hora de alcanzar un nuevo futuro cara al sol con la camisa nueva, como dejó dicho el gran poeta Agustín de Foxá (y no lo digo con saña, que el marqués de Armendáriz estaba casado con las musas).
Ay, ay, ay, ay, que el héroe de Perejil va a acabar inventando a José Antonio, como si no supiéramos que aquel galán ya fue inventado hace un porrón de años. Si en este país donde todo es el mundo al revés, al doctor Montes se le condena a la ignominia mientras se eleva a los altares al profesor Neira, a los jueces dilectos se les persigue y los ladrones gozan del mayor predicamento, no es de extrañar que los ex presidentes se hinchen a ganar dinero y tengan licencia para poner al actual jefe del ejecutivo como chupa de dómine. Y no pasa nada. Y se le sigue pagando su vitalicio a costa del erario público. Pues nada, envainémosnosla y esperemos pacientes a asistir al resurgimiento del falangismo aznariano. Habrá que verle al mozo de camisa azul. Qué show.
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