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Las burdas artimañas de ETA
Luis del Palacio
Si no fuera porque quienes se plantaron ante la cámara eran, o bien asesinos consumados o criminales en potencia, cabría calificarlos de ridículos, horteras, lamentables personajes de una farsa que dura ya medio siglo.
Su balbuceo –más bien un rebuzno, y que me perdonen los burros, que son seres tan entrañables- es ya en sí una prueba de lo que la LOE, la LOGSE y otros inventos educativos de las últimas décadas, aliados con una política de acoso y derribo del español, han producido: unos seres obtusos que no saben expresarse con fluidez en ninguna lengua: ni en castellano ni en ese producto de laboratorio lingüístico llamado euskera batua. Unamuno –su ejemplar paisano, que escribió toda su obra en español- dijo: “El que no conoce otra lengua, ni su lengua sabe” Pero es que en el caso de esta gentuza, no es que “no hablen otra lengua”: no hablan ninguna (porque las armas sólo expresan una sola palabra: muerte).
Detrás de ese lamentable comunicado, difundido ayer por la banda terrorista y mafiosa ETA, no hay sino el empeño de colárnosla otra vez. Ya lo hicieron a comienzos de 2006 y el Gobierno se mostró “muy esperanzado” con la iniciativa del “alto el fuego permanente”. A los pocos meses, tras unos ufanos comentarios del “gafe mayor del reino”, volaron la T4 del aeropuerto de Barajas. Desde aquella fecha la banda terrorista ha asesinado “sólo” a trece personas, aunque su intención haya sido provocar verdaderas masacres –como la bomba contra la casa-cuartel en Burgos- que, afortunadamente, no produjo víctimas. La estrategia de los descerebrados que dirigen las acciones “abertzales” es tan burda, tan primitiva y poco elaborada, que únicamente podría hacer dudar a mentes proclives a caer en el timo del “tocomocho” (Un timo que, por cierto, aúna en su catadura moral al timador y al timado; siendo este último, además, el imbécil).
No creo que nadie crea que Rubalcaba es un simplón que se deja tomar el pelo; ni que el melifluo Marcelino Iglesias espere “señales” que le hagan comprobar la buena voluntad de los asesinos; tampoco que Jesús Eguiguren tenga aptitudes adivinatorias que le permitieran predecir, allá por octubre, que ETA anunciaría una tregua en torno a las Navidades. Por decirlo en tono un poco rancio: todo huele aquí a chamusquina. Huele a negociación encubierta; a trapicheo de intereses. ¿Nos hemos olvidado ya del llamado “caso Faisán” y de la poco clara explicación del Ministro del Interior, que, haciéndose el ofendido, trató de levantar una cortina de humo que aún no se ha disipado? ¿Se trata de una casualidad que sólo dos días antes de hacerse público el comunicado, se produjera en Bilbao una manifestación autorizada en la que, según todo parece indicar, se hizo apología del terrorismo?
Da la impresión de que estamos en las mismas. De que ETA trata de colarse de nuevo en las instituciones por la puerta falsa de una negociación encubierta con el Gobierno.
Faltan casi seis meses para que se celebren las próximas elecciones municipales y autonómicas. Y hay que temer que de aquí a entonces, algunos hombres (y mujeres) “de paz”, como Arnaldo Otegui & Co., vuelvan a hurgarnos los bolsillos y a brindar con txakolí por la idiocia culpable de nuestros gobernantes.
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