|
No es el tabaco, ¡estólido!
Ángel Ruiz Cediel
“En lo que no es justa la ley / no ha de obedecer al rey”, decía Calderón de la Barca en La Vida es Sueño. Pues lo mismo, vaya: no es la ley contra el tabaco lo que irrita y rebela, sino la ley injusta, la injusticia coercitiva de los dictadorzuelos de turno y el flagrante atentado que perpetra el PSOE contra los derechos civiles. Y lo mismo para eso de los cuentos prohibidos en los colegios, y lo mismo para eso de la discriminación positiva, y lo mismo para eso de rascarse los nueve o consultar el GPS, y lo mismo, por supuesto, para cualquier ley que, so pretexto de saludes saludables y encomiables parapetos más falsos que el beso de Judas, usan la doblez de lo bueno para perpetrar lo abyecto. Para todo ello, para cada cosa, ya está el Código Penal, y con él basta y sobra. Y punto.
Se podría asegurar a carta cabal, por ejemplo, que el Ministerio de Sanidad ha perpetrado un dolo enorme y que se ha convertido en cómplice de todas las muertes que a bombo y platillo dice que produce el tabaco, porque siendo un producto alimentario no ha pasado siquiera los controles de salubridad a que están sometidos todos estos productos por ley (incumplida, of course). Dice que es contrario a la salud, sin embargo, y con ello admite las pruebas de cargo de socio necesario para que se perpetre masivamente y forma continuada el envenenamiento ciudadano, pero al mismo tiempo, en un acto de titiriterismo político de necedad extrema, recoge los beneficios de la venta que generan esos productos que crean la intoxicación alimentaria –como aquellos del Síndrome de la Colza o de los del Aceite de Redondela- de los ciudadanos y se aplica la eximente completa al anunciar lo malito que es el veneno expendido e implanta leyes que limitan el uso del producto en según qué lugares y convierten en reos de persecución a los consumidores libres que compran productos libres (aunque no garantizados como sanos por las autoridades sanitarias), a la vez que fomentan la delación, el comisariato político de unos contra otros en la mejor y más renovada técnica bolchevique-stalinista.
Abogados tiene el reino, y ya me dirán si esto no es un reconocimiento tácito del delito por parte del Estado, y, por ello mismo, reo de condena por atentado contra la salud pública (en forma masiva) y corresponsable de indemnizar a todos cuantos, por consumir un producto que debiera estar controlado y ser sano pero que no lo está ni lo es, muestren el menor síntoma de intoxicación o de perjuicio en su salud, tanto más si han sido víctimas fatales de tales productos. Ésa sí sería justicia aplicada. Abogados hay, sí, y fiscales y jueces, y ellos deberían evitar esta intoxicación legal encausando a las tabaqueras, por supuesto, pero a las autoridades sanitarias también, y sobre ambas, aparentemente conchabadas para perpetrar el acto delictivo, debería caer todo el peso de la ley. Demasiados crímenes y demasiado horrorosos son como para que queden impunes, digo yo.Pero la protesta, la indignación y la rebeldía de los ciudadanos honorables no es sólo por esa ley manifiestamente injusta, compatriotas estólidos, hijos de la inquisición y el chivataje, sino contra la restricción arbitraria y mentirosa de los derechos civiles de todos –repito: todos- los ciudadanos a consumir productos legales donde les dé la gana. A todos estos iletrados o faltos de talento que se esconden en la salud para conculcar los derechos de los ciudadanos con ese arbitrio falso, les diría que se equivocan de destinatario a la hora de señalar a los responsables de los daños que en sí o en los suyos reciben: no son culpables los ciudadanos que consumen productos alimenticios legales, sino las autoridades que, a sabiendas de su toxicidad mortal, permiten la comercialización, venta y consumo de productos que atentan contra la salud de los ciudadanos, y a la vez se embolsan indignas cantidades en forma de impuestos. Ahí, justito, justito, es donde deben dirigir sus quejas, dolores y lamentaciones, y no estaría de más también que alguna que otra demanda.
La argucia de la salud es una caja de sastre donde cabe cualquier tipo de barbarie para los que ya son bárbaros liberticidas. ¡Imaginen que, por esa regla de tres, podrían prohibir la vida porque la vida mata!... Mentiras, mentiras, mentiras. Imposturas de un sistema que esconde la verdad tras de un lenguaje políticamente correcto, pero que no por eso las mentiras dejan de serlo. Presentar los casos al revés, invertir los cargos presentando al consumidor como delincuente y al delincuente como salvador, es algo que sólo puede consolar a los muy estólidos y menos pensantes. Si el tabaco es malo, hay que prohibir el tabaco (y condenar a galeras por negligencia dolosa y cómplices de muertes a los que permiten su consumo), no que condenar a los fumadores. Y así con todo.
Estos necios que con tan inusitado fervor se arrojan en masa para linchar a quien la inquisición sociópata señala con el dedo, creo yo que no tienen mucha idea de por dónde se andan. Deliran, sin duda porque usan poco sus cerebros. Y sí, tiene mucho que ver con la Inquisición y con los nazis, y con todos los que con medias verdades (que son las peores mentiras) utilizaron en cada tiempo la fe de los tontos para perpetrar los mayores daños. El PSOE se ha convertido en el partido liberticida natural de España, y tal vez lo sea así porque esa S de su marca no se corresponde con socialista, sino con Sociópata. A tenor de su demencial deriva (histórica-histérica), podemos ya garantizar con hechos flagrantes que es el partido de las restricciones de la libertad, el de la coerción y el adoctrinamiento. Y no, no se lo vamos a permitir: Feminismo es tan nefasto como machismo, lo presenten como lo presenten; discriminación es discriminación, sea positiva o negativa o neutra, y, por ello mismo, ilegal e injusta; prohibir es propio de dictadorzuelos bananeros como ellos; usar GPS es un derecho; fumar es un derecho; comer paja, si lo quiere el consumidor, es un derecho; y ante cada derecho conculcado, los ciudadanos de bien somos fumadores activos, usamos GPSs, leemos cuentos prohibidos, damos un cachete a los nenes cuando se lo merecen, educamos a nuestros hijos como creemos mejor para ellos, creemos en el Dios que nos da la gana, ponemos en nuestros ámbitos los símbolos religiosos que nos sale de los nueve, nos ciscamos en sus prohibiciones injustas y levantamos barricadas ante sus agresiones nazionales y sus leyes coercitivas.No es el tabaco, ¡estólidos!, no es el tabaco: es la dictadura sociópata de estos dementes coercitivos.
|