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Tags: Opinión · Artículo de opinión · Ángel Ruiz Cediel
Sectas, marcianos y otros delirios


Ángel Ruiz Cediel


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
sábado, 8 de enero de 2011, 10:30
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Cada tantito, ¡zas!, el Fin del Mundo. Nostradamus, sectas escatológicas, web bots, contactados por alienígenas o seres de otras dimensiones, iluminados y un sin fin de posibilidades más, alientan cada tanto que algún vivo funde un grupo, secta o movimiento que pretende arrugarnos el ombligo con un pronto y terrible Juicio Final que acabará con la humanidad en un amén y que devolverá a cuatro o cinco supervivientes a una esplendente Edad de Piedra o un aftertime del Diluvio. Somos así, qué le vamos a hacer, y somos tantos y tan diversos que nunca faltan quienes sigan a ese preclaro líder a donde sea necesario, aunque sea a un suicidio colectivo en plan Templo Solar, guayanero reverendo Jim Jones o lo que se tercie.Para lograr este fin de darle credibilidad al desvarío vale todo, ya sean alineaciones galácticas, profecías norcoreanas, alemanas de Westfalia, zulúes o calendarios mayas, lo mismo que profetas medievales, libros remotos descifrados por iletrados de celeste talento o farragosas cuartetas que por igual pueden interpretarse como tralarí que como tralará, para que den gusto a todos y quien más quien menos se considere a sí mismo un exegeta de la divinidad que ha atisbado por el ojo de la cerradura de su exclusivo don el porvenir que nos espera a todos. Una maldición, en fin, que desde la noche de los tiempos nos está forzando a vivir un Fin del Mundo cada dos o tres años, produciendo a menudo que un grupo más o menos nutrido de ciudadanos atemorizados por sus propios pánicos pongan punto final a sus vidas y a las de los suyos, lo mismo para no experimentar utópicos sonares de trompetas de ángeles vengadores que mundos que se derrumban entre horrorosos estertores, o que para saltar a lejanos cometas siderales o a planetas n-dimensionales donde el Paraíso está instalado.

Un aparente desvarío muy peliculero pero que, curiosamente, nos azota periódicamente gracias a la anuencia y devoción de miles de cándidos de todo el mundo. Espanta la cantidad de inocentones que apoyan a los delirantes iluminados con todos sus haberes y recursos, cayendo en un sectarismo que desde luego les procurará un Fin del Mundo garantizado, pues que efectivamente lo será al menos para ellos y a los suyos. Y de nuevo suenan las trompetas de ese cíclico Apocalipsis, ahora con el nombre de Zetatalk, unos hermanos cósmicos de la cuarta dimensión que habita en Zeta-Reticulí (no es cachondeo) que nos advierten de que el paso de Nibiru, ya visible en nuestros cielos, mandará a hacer gárgaras a nuestra civilización, a nuestra geografía y nos devolverá como pulpos a la tercera dimensión en un planeta prisión o nos elevará a la cuarta merced a su poderoso soplo. Son así de simpáticos estos marcianos, que no son sino una especie de las mal de mil que, por lo visto, pasean entre nosotros.¡Feliz 2011!, en fin. Ya ven que según sus advertencias tienen razón, y que, tal y como predijeron, por lo pronto Australia se levanta del lecho marino (razón por la cual no pueden desaguar los ríos que vierten al mar en la región de Queensland y por eso está inundada) y se hunde Malasia, Indonesia y Filipinas. La placa indo-asiática, en fin, se sumerge en las profundidades abisales como un barco que naufragara, liberando con ello a las demás placas continentales planetarias y dando comienzo así a una regata de placas que bogan sobre el magma terráqueo: Sudamérica se irá de excursión hacia Japón mientras Japón se hundirá, África se ira hacia Sudamérica un par de cientos de kilómetros (loado sea Alá: Marruecos más lejos), Norteamérica se desgajará desde los Grandes lagos al Caribe, se abrirá la fosa del Atlántico generando un tsunami que anegará Europa y, en un pispás, tendremos unos mil y pico de millones de almas menos de las que preocuparnos, no siendo, con todo, sino el inicio de unos dolores que terminarán unos meses más tarde con la extinción masiva del ser humano y todas sus culturas: bienvenidos al Neolítico, olviden sus vacaciones y la salida de la crisis. Sus ventajas tiene la cosa, claro: no habrá desempleo ni Seguridad Social.

Sólo se salvarán, claro está, las elites que se han construido refugios a miles de metros de profundidad con todas las comodidades y un regular número de trabajadores que reinicien su nuevo imperio, y unos cuantos clanes de hombres asilvestrados que, para lograrlo, tendrán que bregar con otros grupos dispuestos a hacer con ellos arte culinario.

El mar, por supuesto, subirá unos cientos de metros, el paso de Nibiru hará que los océanos barran las tierras y se lleven de acá para allá continentes como plaquitas de plástico en una bañera y los vientos y terremotos escatológicos harán de los hombres hamburguesas fósiles para entretenimiento de los futuros arqueólogos. Con este panorama, ya se tiene una idea del porqué de tantos refugios subterráneos como se construyen en todo el mundo (también en España), la de los almacenes de semilla del tipo de la Cúpula del Fin del Mundo o del lanzamiento de los satélites Stereo, que son los que darán la alarma a las elites para que se retiren a sus asilos o Arcas de Noé. Hace año unos dos años escribí la novela Tetragrammaton exactamente con este mismo argumento (incluso colgué a modo informativo una síntesis de la misma en un video en YouTube), pero jamás pensé que habría alguien que diera crédito al argumento más allá de la simple ficción o Ciencia-ficción. Sin embargo, parece que alguien se la ha leído y ha visto en la trama de la novela un buen artificio para montarse un lío que para qué cuento, sorpresivamente con una comunidad de “alarmados” tal que pone los pelos de punta. Entrar en sus foros y leer lo que dicen, arruga literalmente el ombligo, y asusta cómo se organizan y disparatan acerca de preparativos para enfrentar una supervivencia extrema pasado mañana, en algo parecido a aquella Guerra de los Mundos del programa radiofónico de Orson Wells. Y no son ni uno ni dos, sino que son miles de muy diversos países quienes siguen con una religiosidad sectaria las instrucciones o consejos de estos zetas que se expresan por boca de una visionaria norteamericana, en una especie de secta que tiene mucho en común con aquel Templo Solar de tan infausto recuerdo o de aquel reverendo que se fumigó a sus devotos en la Guayana.

Deben ser cosas de los tiempos, sin duda, y de la condición humana y sus pánicos. Por mi parte, confieso que esta novela para mí no fue sino un ejercicio literario y una parábola para proponer una discusión sobre las conductas extremas, así en cuanto al propio individuo como en la deshumanizada ligazón que vincula a las clases sociales, qué de interés tiene el llamado pueblo para los poderosos y cómo éstos hacen que funcionen en realidad el mundo. No sé si acerté con los hechos por casualidad –la del burro flautista, ya saben-, o si es que algunos desesperados ven que la deriva de la sociedad humana es tan desquiciada que sólo son capaces de ver un remedio global a nuestro proceder en la muerte colectiva de la especie. Sin embargo, y por si acaso, no pierdan de vista a los seguidores de Zetatalk ni a los acontecimientos que he mencionado, porque los unos o los otros, o ambos, nos pueden dar un verdadero susto uno de estos días. Y no tardando.

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