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España ha muerto para los jóvenes: ¡vivan los videojuegos!
Ángel Ruiz Cediel
Tal vez tenga razón Zapatero cuando dice que da lo mismo lo que haga o lo que digan las encuestas, porque en realidad las elecciones se dirimen en los escasos días de campaña electoral: aquél que más prometa –lo cumpla o no- será quien se lleve el gato al agua. La ideología ha muerto definitivamente, como Dios, como España y como todo lo que no se toca o no llena bolsillos o estómagos, al menos para los jóvenes, que son la inmensa mayoría de los votantes. Nada de creer en ningún más allá, sino sólo en las cosas de la carne, que es decir de la supervivencia, de la manduca o del mejor vivir posible: la fe de los desheredados. ¡Sálvese el que pueda!
No sé si quienes hoy tenemos hijos de alrededor de los treinta lo hemos hecho demasiado bien o demasiado mal, pero desde luego no lo hemos hecho como hubiéramos deseado.
Nos ha salido el tiro por la culata. Cuando contemplo la realidad política de mi país, dudo profundamente que los poderosos y los políticos que dicen querer a España o lo mejor para ello, sean sinceros; pero cuando hablo con la generación que nos sucede, estoy seguro de que sí que lo son. Me interesa lo que piensan de su país, de su futuro, del futuro, y lo que escucho me rebela, es contrario a todo aquello cuanto creo. Ellos, los jóvenes, tal vez con razón no creen en España, ni en el Estado, ni en nuestra Historia. Su visión de la vida y de la realidad es pragmática, sin acaloramientos ni fes, acaso sin porvenir. Quién sabe si les hemos regalado una vida sin preocupaciones o luchas, si todo se lo hemos ofrecido sin esfuerzo alguno y de regalo, y por eso dilapidan inconscientemente cuanto les hemos dado, intentando darse gusto a sí mismos. Nada fuera de sí y de sus preocupaciones les importa: no creen en el PSOE ni el PP ni en ningún otro partido, y lo mismo votarían a uno que a otro, según lo que les ofrezcan. La política, para ellos, es corrupción pura y dura, y sólo esperan de ella sacar alguna ventaja. Nada más. No hay nada detrás ni delante: nada.
Hablando con ellos acerca de Marruecos, por ejemplo, me argüían casi a coro que allá ellos, y que si querían Ceuta y Melilla, que se la queden porque ellos no están dispuestos a sangrar por nada ni por nadie; si que separarse Cataluña o el País Vasco, pues que santas y buenas; y si que si se prohíbe esto o aquello, pues que tal cosa si es que no les afecta. Sólo y únicamente les importa lo que les concierne directamente, y de ninguna manera están dispuestos a hacer nada por otros a quienes les afecten otras cosas. Cada cual a lo suyo. Tanto les da que esto sea España o EEUU o China, si es que pueden conservar su nivel de vida, si es que pueden tener un trabajo más o menos bien pagado y es que si pueden seguir viendo el fútbol o jugando a su deporte favorito. Nada hay que valga un esfuerzo o una sangre, y su patria se circunscribe a su pareja y, acaso, a su niño. Toda una pragmática existencialista.
Ayer, está demasiado lejos. Poco importan los iberos o los cartagineses, si fuimos conquistados o no por los árabes o si nuestra base de creencias es cristiana o laica. Dios es antiguo, y murió; las sangres derramadas para ser lo que somos, fueron tan baldías como absurdas; quien gobierne o no, da lo mismo, porque seguirán pagando un robo legal, siendo esclavos de algunos a los que no conocen y sosteniendo a quienes tienen el garrote. Les importa su sofá, su tele, su consola de videojuegos, su peña y poder ir al cine cada tanto. Nada más. Como digo, para ellos Dios murió, España murió, el Estado es un saqueador comandado por chorizos, y la única patria uno mismo.
A pesar de su gran inteligencia y de su excelente preparación, es difícil razonar con ellos porque los valores de quienes tenemos en ideales no tienen nada que ver con los valores de esta generación nihilista. No tienen edad para comprender o para comparar distintas realidades, y se creen a pies juntillas las consignas lanzadas por los espurios poderes elegidos mediante estos votos irracionales o egoístas. No sé dónde está el mal, palabra, pero estoy seguro de que en que han vivido una vida de regalo y sin otros esfuerzos que no sean los de granjearse entretenimiento. No hemos sido capaces de enseñarles que son parte de una cultura, que debemos sangrar e incluso morir por nuestros otros, que ellos son iberos y cartagineses, que han peleado en las Navas de Tolosa y la batalla de Lepanto, que han colonizado América y que han luchado en la Guerra Civil, que han corrido ante los grises y que muchos, tal vez antepasados suyos no tan lejanos, han dado su vida porque ellos tengan estos derechos que desprecian o que creen merecer sin esfuerzo, toda esta vida de holganza o de indiferencia en la que dilapidan en unos años todo un acervo conquistado con sangre, dolor y hierro.
No; no hemos sido capaces de enseñárselo, o ciertos poderes abyectos han tenido más fuerza que nosotros en su adoctrinamiento interesado, creando una generación de esclavos de los poderes sin capacidad de rebeldía. No han entendido la vida, no hemos sido capaces de enseñarles que la vida es lucha permanente, revolución continua, que la libertad y los derechos no se piden ni se suplican, que se exigen gritando y que se debe sangrar e incluso morir por ellos. Les hemos querido regalar la vida, y se la hemos quitado. El poder, los malos, los sociópatas de puños y rosas les han seducido, les han engañado, les han convertido en la nada de un voto comprado con mentiras. Creen, equivocadamente que son ajenos a la política, que el mundo funcionará igual sin su lucha y sin su esfuerzo, y se equivocan. Pero no tienen la edad suficiente para ver cómo el PSOE les –nos- desnudó primero de derechos laborales con el férreo dogal de los contratos basura, cómo les pusieron otro dogal hipotecario para que permanezcan mansos y educados, cómo les trajeron miríadas de inmigrantes para sisarles sus derechos y rebajarles sus sueldos y derechos, y cómo en base a mentiras y leyes coercitivas que otros evitamos con rebeldías y sangres, les van arrinconando en una esquina del pesebre en el que los están arrinconando. No importa: para ellos España no existe, ni existe el Estado, sino que los derechos caen de regalo del cielo. Se lo merecen porque sí, sin más ni más, y creen que les durarán para siempre.
Zapatero tiene razón, mucha razón: no importa lo que digan las encuestas porque ganarán en uno o dos días de campaña electoral todo lo que han perdido en ocho años de gobierno. Bastará con que les prometan a los jóvenes unos videojuegos, unos euros de regalo, un poco de herrén o algo que les mole. Será suficiente con eso, porque los jóvenes sin ideología ni perspectiva son mayoría absoluta.
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