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El arte de denigrar está de moda
Mario López
Soy un hombre de izquierdas. He luchado toda mi vida por conseguir para mi querido país una república socialista democrática, en donde vivamos todos con holgura y en armonía. No ha habido manera, entre otras cosas, porque mis paisanos cada uno mira por lo suyo y para lo único que le importa su vecino es para presumir delante de él de coche, chica, perro y vacaciones en la playa.
Aprecio de Carlos Marx su análisis crítico del capital y de los originarios liberales su afán por separar lo privado de lo público. Aprecio, igualmente, del anarquismo su gusto por lo colectivo y su alergia a todo lo que se aproxime levemente al autoritarismo. Y, la verdad, de la democracia mercantil que padecemos no aprecio nada. Mi amigo nonagenario Fernando, que para sí quisiera su cabeza el 100 % de nuestros políticos y directivos en general, lleva yendo al Oscar decadas a tomar el aperitivo con su mujer, Rosario, que está más al día que la mismísima lady Gaga. Bueno, pues ayer les echaron a la calle para que se fumaran su cigarrito. Mi mente se puso de luto, recordando a los nazis degradando a los judíos desnudos en el campo de concentración. Un pueblo que degrada a sus mayores merece ser exterminado como las cucarachas, sin ninguna compasión.
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