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Tags: Opinión · Disyuntivas · Rafael Pérez Ortolá
Ofrecimientos personales


Rafael Pérez Ortolá


Rafael Pérez Ortolá Rafael Pérez Ortolá
jueves, 6 de enero de 2011, 00:00
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Quizá entendamos mal la ignorancia, el desconocimiento de las tramas y el fundamento de las realidades. La separamos en exceso de lo que creemos saber, pero van unidos. A un descubrimiento sulen acompañarle una gran cantidad de nuevas incógnitas. El conocimiento resolutivo y completo no existe, no pasa de un simple deseo; viajamos en una barca que no se caracteriza por sus controles. Nos engulle el CAOS, ese denominador común de lo que no controlamos y donde se escabullen las explicaciones. Su presencia se pone de manifiesto en 3 de las áreas circundantes del factor humano. En la cósmica, las tres dimensiones clásicas quedaron muy superadas, los quantos con sus ondas y las zonas oscuras, no se someten a los reglamentos conocidos. Si tratamos del fenómeno social, se asocia toda la complejidad de cada persona, con un conjunto de difícil ensamblaje existencial. Al acercarnos a la mente, entre subconsciente y limitaciones, no se acaban los interrogantes en esta área, las reglas de semejante caos permanecen ocultas.

Pues bien, chisporroteamos en esa inquietud latente, no permanecemos inertes; formamos parte del misterioso suceso de la vida. Eso sí, asombrados por el flujo de tantos acontecimientos, perplejos ante la suma de realidades. Aunque no sepamos bien de su origen ni de la finura de sus mecanismos, disponemos de una gran capacidad de OBSERVACIÓN, y desde ella, de una gran ILUSIÓN. Partimos de esos impulsos y nos servimos de otras cualidades para el intento de atracar en algún puerto con una estabilidad acogedora. Esa actitud nos induce a la construcción de unos medios de navegación con cierta consistencia, armamos un barco con la quilla más fuerte a nuestro alcance, para resistir los embates de las contrariedades. ¿Construimos en falso? ¿Insuficiente creación? Será distinta la apreciación para cada una de las personas.

Pronto percibimos la posibilidad de efectuar aportaciones personales, se adoptan una serie de determinaciones, se deciden unas actuaciones u otras, por que notamos su influencia directa en la calidad de la vida y en el grado de satisfacción obtenido. Vista esa repercusión nos vemos frente a la MISIÓN INSUSTITUIBLE de cada uno, decisiva, porque constituye el sello personal y diferenciado de otros. De mayores o menores logros, pero peculiar, individual, sin sustituto. También desarrollamos una labor con repercusiones sobre las demás personas. Lo tengamos en cuenta o no, vamos a encontrarnos con ilusiones y misiones ajenas, que no pocas veces serán de signo contrario a las propias. ¿Cuál será el empeño ejercido en nuestra misión? ¿Con qué fuerza y grado de reflexión las adoptaremos?

Decididos y metidos en harina, accedemos a unos ambientes plácidos o tropezamos con tempestades furiosas, calor y frío, que de todo hay. Cuando pareciera que la colaboración es el único camino acertado, con la investigación y el esfuerzo orientados a ese fin; nos damos de bruces con fuertes escollos. De improviso surgen los ARDORES MALIGNOS en los que no pensábamos, es un sino de todos los tiempos. ¿Se acuerdan de los relatos sobre Herodes? ¿Qué pasaría si gritaran a la vez todos los embriones masacrados o los inocentes bombardeados? Los hados malignos se adueñan de patrias y conciencias, arrasan conceptos y personas, sin respeto ni consideraciones amortiguadoras, destapados o encubiertos. Se nos presenta la imperiosa necesidad de esquivarlos, aunque deducimos que será un conflicto tan duradero como la vida misma. ¿Necesario para mantenernos despiertos?

Las acciones maléficas son evidentes, aunque sus maquinaciones se vean como increíbles por los perjuicios ocasionados. Asumida esa desgraciada realidad, nos queda la resignación o la búsqueda de unas contraprestaciones superadoras. No podemos resignarnos a la horripilante reiteración de conductas nefastas. Aquella capaciad de observación y la ilusión con que contábamos, se convierten en los primeros SURTIDORES BENÉFICOS para recuperarnos, representan el primer eslabón en esta tarea emprendida. La siguen otros, la imaginación de proyectos encomiables y los razonamientos para llevarlos a cabo. Pensamos y utilizamos el lenguaje, con el apoyo científico y técnico que incremente las posibilidades de éxito. Recurrimos a las creencias y a los sentimientos, con la divinidad si es el caso, para la consolidación de las bondades. Ahora bien, no se pierde del todo la ambigüedad, se precisa la atención y el cultivo permanente.

La presencia de cada hombre en este mundo es evanescente, su adaptación y sus proyectos se diluyen en el tiempo, se hunden en el abismo cósmico. Refulgen con una mayor duración las obras trascendentes, sean intelectuales o materiales, aunque también se desdibujan poco a poco. Como un recuerdo de los hitos cruciales en ese desarrollo, permanecen las imágenes de los SÍMBOLOS, imprecisas, como esquema de lo que nos precedió. Entre ellas, la primera percepción de sentirse seres humanos, la esperanza puesta en una salvación foránea, las maravillas científicas emergentes o las personas entregadas a fines espléndidos. No tratamos de una persona o del hecho en sí, sino de su significado implícito. Representan las versiones descollantes del sentimiento humano. ¿Para bien? ¿Para empeorar las cosas?

Ortega y Gasset insistía en las dos versiones de la realidad. Una de ellas se nos ofrece sin requerimiento de esfuerzo, es palpable; mientras la segunda nos exige un esfuerzo superior, no basta con los sentidos para percibirla. A se vez, distingue a las personas menos exigentes, muy dependientes de los sentidos y sólo de ellos; frente a los más esforzados, que no se limitan a las realidades superficiales. Sensuales y meditadores, según sus palabras. Aceptado el flujo de las personas, conviene que valoremos y respetemos la convicción de quienes no renuncian a la persecución de su ESTRELLA, la buscan con ansia, meditan, se exigen una respuesta, y de esa manera resplandecen ellos mismos. Es la manera de encontrarse con su sentido propio. Se les ha revelado parte del misterio y se ofrecen en una labor benefactora. Sería incongruente una labor con directrices maléficas.

Por eso tiene interés un recuerdo en torno a los Reyes Magos, 1 ó 3, cientos, o varios en cada casa. En su figura se pone en práctica el mencionado ofrecimiento de sus esfuerzos. Se intuye la valía de su regalo si pudiéramos centrarlo en un primer “Tarro del PENSAMIENTO”, por encima de una indolencia y una frivolidad renqueantes. Seguido de otra presencia crucial, las “Esencias de un IDEAL”, una meta; es un planteamiento indispensable para justificar empresas coherentes. El tercer regalo lo recogeríamos en un “Álbum de RESPUESTAS”, por que el olvido radical de los buenos empeños ejercitados antes, nos deja vacíos de contenido. Dejemos el símbolo con los archiconocidos oro, incienso y mirra, como indicadores; aplicando el pensamiento, el ideal razonado y la experiencia previa, para una convivencia en consonancia con unas supuestas cualidades humanas.

Hemos de transformar las figuras emblemáticas en una fertilidad superadora de los agobios y malandanzas que nos acechan. Sería la mejor celebración, la de unos auténticos magos.

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