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Tags: Opinión · Disyuntivas · Rafael Pérez Ortolá
Un vistazo a las conspiraciones


Rafael Pérez Ortolá


Rafael Pérez Ortolá Rafael Pérez Ortolá
domingo, 2 de enero de 2011, 10:38
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A la fuerza o por naturaleza, conspiramos con asiduidad. Cuando nos asociamos con una actitud positiva para la obtención de mejoras, el matiz de la palabra se ciñe a la colaboración entre los participantes. El desliz de la CONSPIRACIÓN se ejerce con malicia, se sirve de malas artes y enfrentadas a otras personas; la gravedad de sus consecuencias y el número de los perjudicados reflejarán su perversa realidad, el nivel alcanzado por sus maquinaciones.

El conglomerado de las conspiraciones diseña y establece ramificaciones a través de las personas e instituciones, geografías y civilizaciones. La costumbre nos paraliza en la indolencia, no reaccionamos ante dichas maquinaciones. Por eso viene bien alguna espoleta que nos despeje la mente y nos posicionemos ante el afán conspirador; el arte es un mediador óptimo para ESPABILARNOS. Esa misión la ejerce con acierto el lienzo “Acerca de las teorías conspirativas”, del pintor argentino Eduardo Iglesias Brickles, quien plasma como nadie las diferentes figuras sociales, actitudes y ambientes; con su buen hacer nos estimula a percibirlas, a no permanecer al margen.

En la pintura citada nos pone de manifiesto los núcleos conspirativos fundamentales. Ocupan la escena los grandes edificios impersonales, inclementes para la vida sencilla; las CONEXIONES múltiples de todo género están dispuestas para su uso; ahora bien, en la imagen no hay ciudadanos; dominan en el ambiente los tonos oscuros que culminan con unos humos muy negros al fondo. La mano negra está conectada a los hilos referidos y planea sobre las diversas estructuras; con una sensación de fondo, la envergadura del fenómeno, muy por encima de las facultades personales aisladas. Los tonos oscuros empleados son un disimulo para el funcionamiento subyacente.

El cuadro de EIB nos introduce en un magma que no es posible delimitar con precisión, demasiadas tramoyas intrincadas, ocultamientos, sombras, filtraciones o falsas informaciones. ¿Quién está detrás del provecho extraido de las estructuras? Precisamente, por que pone énfasis en los desconocimientos, nos provoca un manantial de interrogantes, lo que convierte a la obra en un canto a la TRANSPARENCIA, a la contestación de las preguntas suscitadas. Lo que está a la vista no informa ni educa ni nada, destaca una ausencia tétrica; donde el aroma de una vida decente brilla por su ausencia. Los cerrojos y las tapaderas ahogaron las percepciones de la gente. ¿Sólo es una cuestión de poderes ocultos? ¿Desinterés de los ciudadanos? Lo tenebroso suscita la añoranza impetuosa de una claridad transparente.

El “humo negrísimo” no presagia nada bueno para los perdedores, ocurrió así en las sucesivas fases históricas; con la barbarie primitiva, con la Inquisición, consecuencias de las crueldades políticas, pero continua en los sibilinos comportamientos de candente acutalidad. Los confabulados se acuerdan muy poco de quienes sufrirán las consecuencias, en ocasiones incluso los eligen. Si las cenizas fueron la culminación trágica en tantas geografías, tampoco conviene dejar de lado otras vías perjudiciales de enorme gravedad, que van desde la miseria feroz a los opresivos marcos sociales. Continuan las VÍCTIMAS, de las guerras, olvidados de la sociedad (Ciudad Juárez, Haití, Cuba), de las connivencias con el terrorismo, de encopetadas colaboraciones políticas; con muchos damnificados de oscuro porvenir y frecuente aniquilación física. Las secuelas de las conspiraciones son alargadas.

Al conspirador le molesta la cercanía de los ciudadanos, es un hecho contrastado, basta con una mirada por los alrededores, porque se trata de un fenómeno habitual. Los ejecutores de trapisondas no pueden arriesgarse a la difusión incontrolada de sus quehaceres. Se organizan trabas ingeniosas. Oficinas de información, pero sólo de la que se considere oportuna desde dentro. Se recogen reclamaciones con fines estadísticos, con elaboración de números y gráficos, pero sin conclusiones solventes. Se lanzan costosas campañas enfocadas a la distracción del personal y desviarlos así del objetivo oculto. Cualquier sugerencia es válida con tal de que impida el acceso de las personas corrientes a los núcleos de la gestión, a lo sumo un día de puertas abiertas para observar los locales. En ese centro se origina una DESPOBLACIÓN progresiva, bien reflejada en el lienzo comentado. Esas ausencias nunca serán totales, los pérfidos continuarán agarrados a los hilos de la manipulación. El alboroto y la aglomeración contrasta con el escaso número de cocineros en el interior, allá donde se cuece la olla; esos pocos, eligen, cuecen y disfrutan de lo más sabroso. Se trata de un aislamiento mafioso. Al grueso de la población sólo le dan sentido como víctimas.

Si no fuera por algún destello ocasional filtrado de vez en cuando, uno pensaría que los manejos ocultos emergen por generación espontánea, sin que requieran impulsos interesados. Sin embargo, la energía conspirativa, esa iluminación para los abusos, circula por los interiores. ¡Vaya si circula! Consejos de Administración, trastienda de los partidos políticos, promoción de iniciativas encubridoras o medias verdades dejadas caer en los medios de comunicación; pueden servir para el muestrario. Las luces organizadas bajo mano se ven poco, pero abundan, son LUCES SUBYACENTES. Necesitaremos finos detectores para percibirlas, sería importante, localizarían el foco de energía imprescindible para los desmanes. Nos vendría bien un mayor esfuerzo y dedicación para captarlos a tiempo de poder provocarles interferencias. Por el contrario, la dejadez del conjunto les facilita las maniobras.

La instigación de estos procedimientos para aprovecharse de los demás, siguiendo su lógica inmoral, no se gestiona por las vías sencillas y accesibles; sus nidos se recogen detrás de las GRANDES ESTRUCTURAS, con gran lujo de detalles, su elegancia intenta distraer la atención del observador, para que no entorpezca el verdadero nivel de la trama. Tomemos un ejemplo, esas empresas apegadas a los despachos políticos de las diferentes administraciones, cuyos beneficios se reparten en las alturas; los requisitos y complicidades se asumen sin ninguna consideración con el ciudadano; naturalmente, sucede todo lo contrario, se le despluma como un servicio público. La consolidación de un ente grandioso, casi equivale al alejamiento de los individuos particulares. El mangoneo de unos pocos a costa del conjunto. Aunque no suceda siempre así, es una de las tendencias establecidas.

Hay que ver las cosas que se pierden entre las diversas organizaciones, la primera es la vergüenza, pero le sigue una serie abultada de pérdidas. Nombramientos de relleno bien remunerados, inversiones públicas en museos con grandes aportaciones y poco arte, subvenciones amañadas para fines apestosos, se prescinde del sentido común y se pierde el sentido de responsabilidad. Adquieren relevancia los VASOS COMUNICANTES que amplian el área conspirativa por las variadas ramificaciones. La complicidad se ejerce desde posiciones insospechadas. Se establecen tolerancias sectoriales, por un rasgo político, clanes familiares, seguidores de una ideología o la simple estupidez colaboracionista; tolerancias cómplices e irresponsables claro está. El ente corrupto se diversificó, creció y logró una potente autonomía.

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