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Emigra o revienta

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 31 de diciembre de 2010, 23:00 h (CET)
Cuando lo razonable es imposible sólo lo irracional tiene visos de poder verificarse. Tal que esto es lo que está sucediendo taz a taz con España, mal que nos pese. Mientras las autoridades se pavonean con floridos y vacuos discursos sobre la importancia de la formación y aún sobre la grandeza de la hospitalidad para con el inmigrante, cientos de profesionales españoles cada día se afincan en países lejanos, buscando un horizonte de esperanza a su frustración. España, así, mientras se descuartiza entre ambiciones políticas se está convirtiendo a la vez en un importador de inmigrantes sin cualificar y en un exportador de emigrantes de alta calidad: lo imposible, en fin, se está verificando.

Tal vez sea esto lo que pretendían las autoridades que tenemos, convertir el país en una turba de subempleados baratos y sin formación, por más que sus fatuas encíclicas dibujen otros promisorios arabescos. Un profesional en España, y mucho menos un titulado universitario, no tiene la menor posibilidad de porvenir, ni de un salario digno, ni, aún menos, de continuidad en un empleo digno. Si quiere tener una opción laboral un titulado superior está obligado a mentir en el currículo, ocultando su formación y rebajando hasta o humillante sus pretensiones, si es que quiere hacerse con el puesto de vendedor o de cajero de supermercado al que como máximo puede aspirar. Así está la cosa.

El salario mínimo español está entre un tercio y la mitad de lo que es normal en Europa (únicas excepciones hechas de Chipre -620 €- y Portugal -420 €-), si bien las condiciones laborales normales para titulados superiores incluso en esos dos países son incomparablemente superiores a las españolas. Vamos, que un médico, un ingeniero o un arquitecto en España cobra muchísimo menos que sus pares de cualquier otra parte de Europa, y aun de América, y todo ello considerando que las carreras universitarias en España –especialmente en la Politécnica- son infinitamente más duras y completas que en cualesquiera otros países del mundo Occidental. ¿Y todo para qué?...: para trabajar como dependiente o como vendedor de supermercado por unos seiscientos euros al mes. Todo un logro por el que hay que dar la enhorabuena al PSOE, al PP y a la santa madre del Misterio. ¡Viva el lujo y quien lo trujo!

En Argentina, hoy, son más de setecientas las personas españolas que se radican cada día; en México, EEUU y Canadá, un poco menos, pero no demasiado lejos de esa cantidad; y en Gran Bretaña, Alemania o Francia, pasan de mil. A este paso, al igual que Franco -¡qué insistente paralelismo con nuestro actual Presidente!-, Zapatero termina con el desempleo en un pispás al tiempo que llena las arcas con las divisas que envíen de regreso nuestros emigrantes. Que vuelva, que vuelva a los hit-parades la bellísima canción de Juanito Valderrama “El emigrante”; que vuelva, sí, porque de aquí y ahora, o se huye, o se revienta. Y no es algo que pueda cambiar en breve, ni mucho menos, sino que los horizontes se están cargando de densas y negras nubes de enfrentamiento civil, así por la muy inminente proclamación unilateral del Estado Catalán como por una colisión entre clases que derivará en una repetición de pasados episodios que llenaron nuestras veredas, vaguadas y campos de fosas comunes y nuestros aires de hedor a pólvora y miseria. Se sembraron vientos, y estamos a punto de cosechar tempestades.

La cosa no pinta nada bien; pero nada en absoluto. Hoy no se trata de invertir en ladrillos o en bolsa, ni siquiera de dibujar horizontes de esperanza para nuestros chicuelos, porque han regresado los de siempre, los sembradores del odio y la incapacidad, los comerciantes de la arenga y la revancha, los voceadores de la tétrica ideología y los mercachifles del poder por el poder y el dinero. De haber algún futuro, desde luego no está aquí. En nuestros páramos sólo hay nubes de tormenta, cuervos sobre los ejidos y buitres posados en las señales de los caminos esperando un próximo presente de muertos tendidos sobre los campos y muertos tendidos sobre los muertos. Demasiadas ambiciones hay por parte de una incompetente clase política que sólo piensa en establecerse como dueños del rebaño, y demasiada incompetencia y perversión en todos los ámbitos de la Administración para que el paisaje pueda cambiar. Sólo cuenta para los políticos el trinca y disimula con falsas ideologías, aun enfrentando a sus masas devotas en una nueva carnicería. De hecho, ya hay por todas partes rumor de algaradas venideras y hedentina a matadero y por las calles trashuman los comerciantes de la muerte.

Termina un 2010 fatídico, pero que apenas si es la primera negrura del túnel en el que nos sumergiremos. Se coartaron los derechos civiles como nunca antes se había hecho, se ha legislado a favor de las multinacionales y otras potencias, y se ha instituido el derecho de pernada de los poderosos al tiempo que se ha usado al Ejército como herramienta; subió el IVA, los impuestos, la luz, el gas, los combustibles, el desempleo; y bajaron los salarios, las ayudas sociales, la seguridad en el empleo, el poder adquisitivo y la esperanza… Sin embargo, el 2011 llega peor, mucho peor, con más subidas, menos trabajo y más, mucha más desesperación, miedo e incertidumbre. Quien tenga algo, lo que sea -un poco de dinero, un algo de formación o un bien que vender-, que lo use adecuadamente y que emigre a otro país u otro orden, o no tendrá más remedio que reventar en casa. Los cuervos graznan hambrientos y ya no tan lejos se ve refusilar a la tormenta que se cierne sobre nuestras cabezas. Estamos en los principios del dolor del parto de la bestia. Mejor, mucho mejor, ponerse alpargatas, meter en la faja lo poco que tengamos y, desde la amura, cantar mientras se difumina en el azul de la distancia el horizonte de nuestra tierra: “Adiós mi España quería /dentro de mi alma te llevo metía / y aunque soy un emigrante / jamás en la vida yo podré olvidarte.”

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