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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Dilma y Fidel

Isaac Bigio
Isaac Bigio
viernes, 31 de diciembre de 2010, 23:00 h (CET)
El primero de enero, cuando la mayor isla del Caribe (Cuba) conmemora el 52 aniversario de la revolución que dio paso a la única economía no capitalista de Occidente, en el mayor país latinoamericano (Brasil) se posesiona su primer gobernante que haya pertenecido a una guerrilla castrista.

Dilma Rousseff, quien estuvo presa en 1970-72 acusada de ser una de las líderes de de la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, se convierte en la primera presidenta mujer en la historia brasilera tras haber arribado a palacio mediante las urnas y no las armas.

Ella, al igual que el presidente uruguayo Pepe Mujica, el vicepresidente boliviano Alvaro García y los partidos gobernantes de Nicaragua (FSLN) y El Salvador (FMLN), llega al poder operando una evolución inversa a la que tuvo su inspirador castrismo.

Cuando a fines de 1958 una serie de huelgas y una fuerte crisis conducen a la caída de la corrupta dictadura cubana de Batista, la relativamente pequeña insurgencia de Fidel saca provecho del vacío generado. Entonces él se proclamaba opuesto al comunismo y partidario de hacer que su isla tenga un sistema constitucional más afín al de EEUU. Sin embargo, los Castro aplican una serie de reformas y nacionalizaciones que les conllevan a un choque con Washington, a buscar convertirse en admiradores de Moscú y luego a transformar a su original movimiento democratizantes en un partido comunista único que acabe imponiendo una economía estatizada y planificada.

Para hacer frente al cerco estadounidense La Habana empieza a promover focos armados a los dos lados del Atlántico. El Ché Guevara primero parte a combatir en Congo y luego acaba siendo derrotado y muerto en Bolivia.

El golpe de 1973 en Chile mostraba la tendencia de esos años de guerra fría en los cuales la Casa Blanca no estaba dispuesta a permitir que ningún país latinoamericano se acercase mucho al gran aliado del Kremlin en el hemisferio.

Cuando en 1979 la guerrilla sandinista triunfa en Nicaragua, los Castro le piden a Ortega que no emule su sistema y que, más bien, acepten el mercado y el multi-partidismo.
Cuando en 1989-91 el bloque soviético se desintegra y los sandinistas pierden electoralmente, el gobierno de La Habana queda muy aislado. Para hacer frente a ello, los Castro se acercan a la Unión Europea, hacen más concesiones al mercado y presionan para que la izquierda latinoamericana se oriente hacia querer ser gobierno mediante vías constitucionales.

En todas partes los Castro piden a la antigua guerrilla que se reinserte en el sistema, aunque en Colombia no logran que ello se dé. El modelo a seguir fue el de Venezuela, Bolivia y Ecuador en el cual caudillos nacionalistas buscaban reformas frente a lo que denominaban el neo-liberalismo pero manteniendo e incentivando el mercado.
Ex guerrilleros castristas, como Dilma o Pepe, incluso se ‘moderan’ más que los mandatarios del ALBA, buscando un camino más de corte socialdemócrata.

Dilma, a medida que más se le hace recordar su pasado ateo o subversivo, ella más dice que es católica, que es pro-vida y que solo quiere matrimonios heterosexuales.

Dilma no hará nacionalizaciones tipo ALBA. En vez de querer que Brasil sea una nueva Cuba, querrá que Cuba y el ALBA sigan la senda del Brasil. Su estrategia será continuar a la de Lula: hacer que su país sea un puente entre quienes promueven la libre empresa y el populismo de izquierda.

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