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Etiquetas:   La delgada línea roja   -   Sección:   Opinión

Militarizar a los futbolistas en huelga

Antonio Pérez Omister
Antonio Pérez Omister
@esapo1
jueves, 30 de diciembre de 2010, 23:00 h (CET)
Por primera vez en la historia, las negociaciones entre el sindicato de futbolistas (AFE) y la patronal (LFP) por los horarios de los partidos no han llegado a ningún acuerdo. No obstante, no ha faltado algún desangelado vocero de la LFP que ha querido establecer paralelismos entre los futbolistas y los controladores aéreos, por aquello de que ambas profesiones están muy bien remuneradas. Lo que nada tiene que ver para que, unos y otros, puedan defender sus derechos, de acuerdo a lo que establece la ley. Entre otras cosas: el derecho a hacer huelga.

En un estado de derecho, los ciudadanos hemos de aprender a respetar los derechos de los demás, aun cuando a veces nos resulte incómodo el hacerlo. De tal guisa, si ahora les toca a los controladores aéreos fastidiarse y quedarse sin fútbol, porque los futbolistas van a la huelga, pues tendrán que apechugar. Del mismo modo que, por la misma regla de tres, muchos futbolistas se fastidiaron y no pudieron volar durante la huelga de los controladores aéreos.

En cualquier caso, el auténtico motivo que subyace en la base del conflicto del fútbol es el dinero que deben algunos clubes a sus jugadores y, más allá del incumplimiento del convenio AFE-LFP, que sólo permite a los jugadores entrenar el día 2 de enero, fecha en la que la patronal ha fijado cinco partidos, el trasfondo es económico, ya que el sindicato se ha puesto duro utilizando esta argucia legal del convenio que fija el segundo día de enero sólo para entrenar, y exigir que varios clubes –sobre todo el Betis, que debe 9 millones- que aún mantienen deudas con sus futbolistas o ex futbolistas las paguen o las avalen.
Entretanto, más de 50 futbolistas de la supuesta “mejor liga del mundo” participaron en el partido “Champions for Africa”. Uno de los partidos benéficos que se ha convertido en referente durante el periodo navideño cumple su tercera edición y visita en esta ocasión el Vicente Calderón después de pasar por el Sánchez Pizjuán y el Santiago Bernabéu.

Bien está que se organicen partidos benéficos por África, pero no debemos olvidar que muchos futbolistas de segunda división, y otras categorías inferiores, llevan meses sin cobrar. No son “galácticos” de sueldos millonarios, son auténticos “currantes” del balón. Esforzados deportistas que deben sacrificarse mucho y aprovechar al máximo una cortísima vida profesional, que a menudo se ve truncada antes de tiempo por una inoportuna lesión.
Por otra parte, el fútbol, como antes el sector de la construcción, empieza a dar preocupantes signos de cansancio. ¿Acabaremos matando también a esta gallina de los huevos de oro?

Desde hace bastante tiempo, algunos nos preguntábamos si esta boyante actividad deportiva, no se estaba sobrecalentando peligrosamente. Es decir, intuíamos que el importe de los fichajes millonarios empezaba a alejarse de la realidad del mercado.

Los clubes más modestos, siguiendo la estela de los grandes, también empezaron a fichar a rutilantes estrellas extranjeras pagando, a menudo, unos precios por los fichajes y traspasos que estaban por encima de sus posibilidades.

Por otra parte, algunas de las “estrellas” que llegaron a nuestro fútbol no cumplieron con las expectativas deseadas, lo que supuso en muchos casos, al tener que traspasarlos a otros clubes, el hacerlo por importes inferiores a los que se habían pagado al ficharlos.
Por otro lado, están las televisiones; terceros en discordia que, con 650 millones anuales sobre la mesa, son las que mantienen el tinglado, y que ya han fijado los horarios que les interesan por comprensibles cuestiones de audiencia y no aceptan cambios.

¿Cuál sería la solución entonces? Según unos, correr de fecha todas las jornadas, con lo que la competición no terminaría el 22 de mayo, según está previsto en el calendario, sino a mediados de junio, por la coincidencia a últimos de mayo con la final de la Champions.
De modo que, los jugadores corren el riesgo de perjudicarse a sí mismos por no retrasar un día, o unas horas, la jornada del próximo domingo, y estarían con ello obligados a trabajar al menos dos semanas más.

Pero el problema real no son los horarios. Si fuese ése, a buen seguro que la solución habría llegado, como siempre hasta ahora, a través del consenso entre AFE y LFP. El trasfondo del asunto es económico y tiene que ver con el dinero que adeudan los clubes más modestos a sus jugadores. Unos abnegados futbolistas anónimos que no suelen aparecer en las portadas de la prensa deportiva especializada.

También existe otra posibilidad, aplicar una solución de emergencia y “militarizar” a los futbolistas. Podemos dejarnos llevar por la demagogia y acusarles de ser unos “privilegiados” que cobran sueldos millonarios. Poco importa que eso sea mentira.
Si demonizamos a un colectivo de trabajadores, como el de los controladores aéreos, por exigir sus derechos, ¿por qué no hacer lo mismo con el de los futbolistas?

Así, mañana si conviene, podemos “militarizar” también a los empleados de las empresas de recogida de basuras subcontratadas, y a las que los ayuntamientos adeudan sus salarios. ¿También son esos empleados encargados de la recogida de basuras unos sinvergüenzas privilegiados por exigir que se les pague por su trabajo?

La recogida de basuras es tan esencial, si no más, que el control del tráfico aéreo. Y, desde luego, mucho más importante que el fútbol. No obstante, los derechos laborales de todos estos colectivos de trabajadores, son igualmente respetables. Sin excepción.

El mismo derecho tiene un controlador aéreo a exigir que se respete su tiempo de descanso, que un futbolista. Y ambos, además del gremio de recolectores de basura, tienen el irrenunciable y sacrosanto derecho a exigir que se les pague por su trabajo.

Ahora resulta que la patronal madrileña quiere que se embarguen los salarios a los controladores aéreos para garantizar unas indemnizaciones que, según ellos, les deben ser satisfechas por este colectivo por las pérdidas que han sufrido a causa de la huelga encubierta de principios de mes.

Y ¿quién indemniza a los trabajadores cuando los empresarios cierran una empresa para llevársela al extranjero para ganar más dinero? ¿O cuando cierran fraudulentamente una empresa adeudando las nóminas de varios meses a sus empleados?

¿Quién indemniza a los pasajeros cuando las empresas de aviación civil practican el overbooking, es decir, vender más billetes que plazas hay disponibles en los aviones para asegurarse de que éstos se llenen? ¿O cuando se suspenden vuelos por “causas técnicas” para reagrupar a pasajeros, con distintos horarios de vuelo, en un mismo avión para rentabilizar los costes?

Los empresarios de la patronal madrileña han perdido una magnífica oportunidad para quedarse calladitos y no meterse en camisas de once varas. Porque, si aplicásemos tan rigurosamente la ley como ellos pretenden cuando les conviene, a lo peor tenían que cerrar muchos de ellos sus chiringuitos, y otros verían como les eran embargados sus patrimonios. Así que ¿por qué no se callan?

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