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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Animal: ¿Objeto de usar y tirar?

Yolanda Plaza (Madrid)
Redacción
jueves, 30 de diciembre de 2010, 16:15 h (CET)
El diccionario define el término animal como “Ser orgánico que vive, siente y se mueve por propio impulso”, y usado como adjetivo se aplica a la persona “de comportamiento instintivo, ignorante y grosera”. A lo largo de la historia se ha explotado, torturado y aniquilado al resto de los animales no-humanos como algo natural, aprobado y fomentado por la sociedad sin ningún sentimiento de empatía hacia estas crituras. Algunos filósofos, como Descartes, enseñaron que los animales son meros mecanismos sin sentimientos ni intereses propios, y, por lo tanto, el ser humano tiene derecho a usarlos sin restricciones y sin compasión, tal y como se usa un reloj, una caja de música o cualquier herramienta.

Estamos en el siglo XXI y millones de personas mantienen esta opinión sobre el resto de los animales, por eso no nos puede extrañar que durante este año, tan sólo en la Comunidad de Madrid, la Consejería de Medio Ambiente lleva contabilizados casi 6000 perros (o “seres orgánicos que viven, sienten y se mueven por impulso”) abandonados por sus antiguos “dueños” en los diferentes albergues caninos de la región. Estas cifras corresponden al mes de septiembre, con lo que habría que añadir a los que se han abandonado durante los meses siguientes hasta diciembre. Pero en este cómputo no están incluidos los canes que no han sido recogidos en los albergues, y sus “dueños” han optado por abandonarlos en la calle o en el campo, encontrando muchos de ellos una muerte segura y cruel. Tampoco están incluidos los gatos y demás animales que se consideran “mascotas”, por lo que la cifra de abandono, tanto en Madrid como en el resto del país, es realmente trágica.

Las principales causas por las que los “poseedores” de estos animales se liberan de su “propiedad” son: “el cambio de domicilio, el fin de la temporada de caza y la pérdida del interés por el animal”. Al igual que cualquiera de nosotros al cambiar de vivienda decidimos prescindir de algunos muebles o electrodomésticos, otros prescinden del perro o el gato, ya no es de su interés o ya no les sirve para cazar. Su “utensilio” animal, tal y como pensaba Descartes, ya no lo necesitan, es un estorbo, por lo tanto, o se tira al contenedor de residuos orgánicos (la perrera, en la que el animal puede tener la suerte de ser de utilidad para otro “propietario” si es adoptado, o de lo contrario, será sacrificado) o se tira directamente a la calle, tal y como muchos hacen con la basura. Por supuesto, en esta manera de pensar no incluyo a los que adoptan animales con el propósito de darles una vida digna, donde son tratados como individuos con intereses propios, con capacidad de sentir alegría y tristeza, donde cuenten como uno más de la familia, y como tal, estará unido al resto de sus miembros mientras el animal viva.

En ocasiones, el convivir con un perro nos puede salvar la vida, a nosotros y a nuestros vecinos. Esto es lo que le ha ocurrido a una familia residente en Palma de Mallorca. Hace unos días se produjo un incendio de madrugada en el edificio donde vivían. El perro, un pastor alemán, “al detectar el fuego se puso a ladrar y levantó a todos los moradores de las viviendas quienes consiguieron abandonar el inmueble. Al final, el perro falleció”. Según fuentes consultadas, el perro murió a consecuencia de la inhalación de humo. Imaginemos por un momento que esta familia, en lugar de querer y cuidar a su perro, hubiese optado por abandonarlo el día anterior a la tragedia. La información publicada nos dice que nadie se había dado cuenta del incendio excepto el perro. ¿Qué habría pasado? Nunca lo podremos saber, pero lo que sí sabemos es que el perro murió salvando muchas vidas, tanto de su familia como vecinos. Recordando la definición de animal que da el diccionario citada al principio del texto, podemos preguntarnos: ¿este ser orgánico, el perro, sintió el peligro y se movió por impulso para salvar a sus seres queridos? ¿Actuó como lo habría hecho cualquier alarma contra incendios con dispositivos detectores de humo, tal y como opinaba Descartes?.

Los que hemos cambiado nuestra percepción del resto de los animales sabemos la respuesta. Los que persisten en su arrogancia viendo al resto de las especies como meras máquinas o utensilios para su beneficio, están carentes de los sentimientos más básicos de compasión y empatía, les falta el amor que muchos animales tienen por sus compañeros humanos, un amor que en algunos casos, como el del pastor alemán mencionado, ha salvado muchas vidas a cambio de la suya.

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